Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Concepción Cosmen Alonso, Profesora Titular de Historia del Arte, Universidad de León


The Conversation, CC BY-NC-SA
En la casa real de León y Castilla, en la Plena Edad Media, sobresalió la infanta doña Sancha (1095-1159), hija de la reina Urraca y del conde Raimundo de Borgoña. Su tía abuela y aya Elvira, con quien pasó su infancia, le dejó en herencia los monasterios de Tábara, Bamba y San Miguel de Escalada.
Tras ese primer periodo, estuvo algún tiempo en Galicia, cerca de su madre, aunque principalmente se la localiza en León a partir de 1113. Su educación se vinculó a dos clérigos de origen franco, Pedro de Agen –quien llegó a ser obispo de Segovia, y al que llamaba magistro meo, es decir, “mi maestro”– y Bernardo de Périgord, obispo de Zamora.
La princesa –denominada “reina” por concesión de su hermano Alfonso VII– nunca se casó, y su vida pública se desarrolló a partir 1118. Se convirtió entonces en una de las personas más representativas de la corona, especialmente tras la muerte de su madre en 1126. Así, su protagonismo junto al rey es constante y sus actuaciones como domina de Infantado (es decir, cabeza de la institución a cuyo cargo estaban las fundaciones religiosas que gobernaba siendo célibe) o como señora de propiedades particulares se reflejan en la documentación.
Una patrocinadora con saludable sentido
Si nos centramos en su labor como patrocinadora de las artes, la Chronica Adefonsi Imperatoris dice que tenía abundante y saludable sentido, y que, junto a la esposa del monarca, ejercía como consejera del emperador y promotora de la construcción de iglesias y de monasterios de monjes.
Desde sus actuaciones tempranas manifestó su aprecio por las piezas ricas. Tras hacerle una donación a dos particulares en 1120, Sancha recibió de vuelta un manto valorado en 300 sueldos. En 1135, durante la ceremonia de coronación como emperador, su hermano Alfonso portaba una excelente capa tejida con admirable artesanía, un atuendo que muy bien pudo haberle preparado doña Sancha. Posteriormente, en 1144, para la boda de su sobrina Urraca con el rey de Navarra, fue ella quien dispuso los aposentos nupciales y además le regaló vasos de oro y plata, así como un cargamento de riquezas regias.

Museo de la catedral asturicense, fotografía de la autora.
Asimismo, la infanta tenía una curia formada por nobles y prelados, tanto hispanos como francos, que desempeñaron un importante papel en la promoción artística. Su sobrina Urraca, a la que había criado, favoreció espléndidamente a la catedral de Oviedo en 1161. Otra de sus sobrinas, Constanza, casada con Luis VII de Francia, pudo ser la vía para la llegada de maestros renovadores desde Île de France al noroeste español (que dejaron huella en las portadas de la antigua catedral románica de Astorga, de la iglesia de Santa Marta de Tera y del monasterio de Carracedo, entre otras).
De ese círculo también formaban parte los obispos Martín II de Oviedo, Arnaldo y Pedro Cristiano, de Astorga, y Juan Albertino, de León. Todos ellos estuvieron involucrados en trabajos para sus iglesias mayores y otros focos de sus episcopados. Pero, además, no debemos olvidar a obispos como el ya citado Pedro de Segovia, a Pedro de Palencia, a Bernardo de Sigüenza y a Bernardo de Zamora, que también levantaban catedrales y que tuvieron el apoyo incondicional expreso de la infanta o de su hermano.
Casi todos los prelados citados acompañaron a doña Sancha en la consagración de la Real Colegiata de San Isidoro, en León, en 1149. Bajo la dirección de Pedro Arias y sus canónigos –a quienes Sancha cedió sus propios aposentos–, se remató su superestructura. Además, la infanta, de acuerdo con el rey, les había concedido la mitad de los réditos de Villafranca y la dotación de pan, proveniente de San Miguel de Escalada, hasta que finalizasen los trabajos.
En la mencionada colegiata se conserva también un altar portátil que la princesa donó en 1147. Es de pudinga roja –un tipo de roca sedimentaria–, enmarcada en plata dorada, con decoración simbólica y epigráfica. Las reliquias que contiene provienen de Tierra Santa, lo que puede hacer pensar en un posible viaje de Sancha a Jerusalén. Los estudiosos, sin embargo, prefieren vincularlas con la Orden de San Juan, que ella protegió.

Fundación Santa María la Real
Este tema se complementa con el gran lignum crucis –literalmente “madero de la cruz”, que hace referencia a una reliquia de la cruz de Cristo– que recibió de los templarios y que distribuyó luego entre sus fundaciones más preciadas. En San Isidoro también se mostraba un crucifijo, desaparecido, colgado sobre el altar mayor, con su cruz recubierta de planchas de plata con relieves y engastes de piedras preciosas, atribuido también a una donación suya.
Apoyo a la Orden del Císter
Otra faceta de doña Sancha fue la reorganización de monasterios del Infantado, entre otros San Salvador de Carracedo y San Miguel de las Dueñas –en la actual provincia de León– y la fundación del de La Espina (Valladolid).
Este último había estado vinculado desde su nacimiento al monje cisterciense francés Bernardo de Clairvaux, y fue precisamente a él a quien la infanta pidió monjes para ocuparlo. La cercanía a uno de los hombres icónicos del siglo XII hace pensar que influyó en que magnates de su entorno, tales como los condes Ponce de Cabrera y Ponce de Minerva, con sus esposas, comisionasen enclaves cistercienses.

Museo de la Real Colegiata de San Isidoro
Con todas estas actuaciones puede verse que Sancha velaba por el engrandecimiento del reino, pero siempre con miras internacionales. No se debe olvidar que su padre era borgoñón, su tío paterno, Calixto, llegó a ser Papa, su tía Elvira fue la esposa de Roger II de Sicilia y su sobrina Constanza ocupó el trono Capeto.
A su muerte, el 28 de febrero de 1159, fue sepultada en San Isidoro, y su epitafio –recompuesto– canta sus bondades para la posteridad. Ella, que había sido la encargada de cuidar del Panteón Real, pasó a formar parte de éste y su cuerpo continúa hoy estando allí.
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María Concepción Cosmen Alonso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Sancha Raimúndez, una infanta con miras internacionales – https://theconversation.com/sancha-raimundez-una-infanta-con-miras-internacionales-232520
