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Desafíos físicos y mentales de los músicos profesionales: una actividad de alto rendimiento

Desafíos físicos y mentales de los músicos profesionales: una actividad de alto rendimiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vidina Suárez-Rodríguez, Fisioterapeuta. Profesora Ayudante Doctor, Universidad de La Laguna

SeventyFour/Shutterstock

Deportistas y músicos profesionales tienen en común que suelen entrar en contacto con el deporte o el instrumento a edades bastante tempranas (entre 6 y 8 años) y que, desde esos momentos, comienza una exposición constante a sus respectivas actividades.

En los dos casos, nos encontramos con personas muy perfeccionistas que están continuamente practicando y que tienen presente la actividad que realizan hasta en sus sueños.

La diferencia es que los músicos seguirán en contacto con su instrumento de manera asidua hasta la edad de jubilación o más allá, mientras que los deportistas profesionales se suelen retirar como muy tarde a los 45 años. Esto implica que los primeros estén más tiempo expuestos a experimentar problemas físicos o lesiones crónicas.

Altas exigencias

La práctica instrumental, como la deportiva, precisa velocidad, coordinación, flexibilidad y movimientos fluidos, así como la facultad de ejercer fuerza o tener mayor resistencia, según el caso. Es, pues, una ocupación muy demandante a nivel fisiológico que también exige una elevada capacidad de concentración, memoria, disciplina y atención.

Si sumamos altos niveles de motivación y competencia con sus colegas, no difiere demasiado del deporte de alto rendimiento, con los riesgos de sufrir problemas físicos o mentales que se derivan de ello.

Los efectos psicológicos relacionados con la práctica instrumental se han evaluado desde los años 80 del pasado siglo. Por ejemplo, los investigadores observaron que los músicos de rock sufrían altos niveles de estrés, ansiedad y tendencia al abuso de sustancias.

Además, y al contrario que en algunas disciplinas deportivas, los instrumentistas se pueden sentir aislados socialmente, percibir que nadie entiende su relación con el instrumento, su necesidad de practicar y su perfeccionismo.

A todo lo anterior se une la presión que sufren para obtener trabajos dignos y regulares, que no siempre facilitan unos horarios de sueño adecuados. Pueden sufrir pánico escénico, miedo a que el solo no salga tan bien como esperan o a ser juzgados por la audiencia, etc. En estas circunstancias es difícil mantener unos hábitos saludables.

Los flautistas tienen mayor riesgo de sufrir el síndrome del túnel carpiano.

En cuanto a los problemas físicos, cualquier tipo de instrumento puede provocarlos. Tocar el violín o la viola, por ejemplo, puede pasar factura a la mandíbula, ya que exige un esfuerzo para sujetar el instrumento entre la cabeza y el hombro. Por su parte, los flautistas corren el riesgo de padecer problemas como el síndrome del túnel carpiano, debido a la posición de las manos en la flauta.

Y, en general, todos los músicos pueden padecer contracturas musculares o problemas en sus tendones por mantener posturas durante largos períodos de tiempo o hacer movimientos repetidos.

Un oficio desatendido

Como hemos visto, músicos y deportistas tienen varias cosas en común. Sin embargo, mientras que todo el mundo tiene claro que los últimos deben estar rodeados de equipos profesionales formados específicamente para velar por su salud (médicos, psicólogos, podólogos, entrenadores, nutricionistas, fisioterapeutas…), en el caso de los instrumentistas este enfoque resulta algo anecdótico.

Los músicos no reciben habitualmente información alguna sobre cómo prevenir y proteger su salud. Apenas hay orquestas que cuenten con fisioterapeutas en su plantilla y, aquellos instrumentistas que tienen seguros o mutualidad son atendidos por profesionales generalistas sin conocimientos sobre las características específicas de su práctica.

Ante estas circunstancias, lo recomendable es que las instituciones donde se forman o trabajan los músicos cuenten con programas y profesionales adecuados para facilitar que adquieran hábitos de vida saludable.

Mi consejo a los músicos es que intenten hacer actividades físicas que le ayuden a fortalecer la musculatura implicada en la práctica de su instrumento, asesorándose con un fisioterapeuta –si tiene alguna patología de base– o con profesionales de la actividad física y el deporte.

En conclusión, tocar un instrumento musical, especialmente de forma profesional, requiere unas exigencias físicas y mentales muy altas. Por tanto, es una actividad ocupacional de élite que debería ser atendida como tal.

The Conversation

Vidina Suárez-Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Desafíos físicos y mentales de los músicos profesionales: una actividad de alto rendimiento – https://theconversation.com/desafios-fisicos-y-mentales-de-los-musicos-profesionales-una-actividad-de-alto-rendimiento-239162

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