Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Escalante Varona, Profesor Permanente Laboral. Departamento de Filologías Hispánica y Clásicas. Área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidad de La Rioja

Leer nos puede hacer felices. Es una actividad de ocio y disfrute, transmite historias o vivencias que nos hacen sentir y pensar. Pero, en el aula, la Literatura es también un contenido que debe enseñarse porque le damos valor educativo. No solo entretiene, sino que también enseña.
Por ejemplo, nos educa en el conocimiento de un patrimonio cultural común, en este caso literario. Es un testimonio de nuestra historia, nuestra cultura y nuestros valores. Y, por eso, las instituciones (políticas, culturales, educativas) se esfuerzan en conservarla.
De ahí que existan listas o cánones más o menos abiertos o actualizados de los títulos y autores, los “clásicos”, que consideramos que deben ser enseñados a las futuras generaciones como parte de este patrimonio: las lecturas “obligatorias” de la educación secundaria.
Muchas de estas obras se eligen precisamente por haber mantenido a lo largo de décadas y siglos una relevancia especial. Pero son textos con estilo arcaico que dificulta mucho la comprensión de su contenido.
¿Conviene ofrecer a los estudiantes versiones adaptadas, con un lenguaje o una edición más cercana y simplificada? ¿O son estos clásicos absolutamente intocables en su perfección formal?
¿Cómo conocemos el ‘Quijote’?
Pensemos en el gran clásico de la literatura española: el Quijote, una obra considerada clave de la historia de las letras, no solo en español.
Muchos recordarán cómo les obligaron a leer la versión original en el instituto, sin introducir ningún cambio al lenguaje y estilo originales. Otros memorizaron el contexto histórico de la obra, sus personajes principales, sus temas y su contenido, pero sin leerla. Y algunos harían algún trabajo más creativo sobre el texto, pero no necesariamente con el texto.
¿Pero cuántos leyeron alguna adaptación? ¿Y cómo la trabajaron en clase?
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Tipos de acercamientos desde la clase de Literatura
Cada una de esas actividades revela una estrategia distinta adoptada por el docente. Y esto implica formas diferentes de entender qué es la Literatura y cómo debe enseñarse.
Si, como profesores, evaluamos la memorización de información sobre estilo y contexto de la obra, entonces entendemos que la literatura es un saber que se recopila y acumula en forma de datos: pediremos a los estudiantes que se aprendan los datos relativos a la obra (autor, año, contexto histórico).
Si nos centramos en la lectura y comentario de fragmentos, para nosotros la obra no existe solo como un “todo”, sino que puede entenderse e interpretarse en “piezas”: en cada una de estas piezas se puede apreciar tanto el estilo del autor como el mensaje general de la obra. Por esto, propondremos a los estudiantes elegir algunos capítulos o pasajes y trabajaremos sobre ellos.
Si utilizamos adaptaciones, damos importancia al contenido de la obra y su argumento más que a su forma externa, textual.
En cualquier caso, elijamos lo que elijamos, siempre “perderemos” algo por el camino.
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Distintos acercamientos a la Celestina
La Celestina es una obra medieval que forma parte de ese canon literario que hemos mencionado antes. Ha planteado numerosos enigmas. Se debate hasta qué punto su autor fue Fernando de Rojas. No se sabe con total seguridad cuándo se compuso y se publicó. Sus contenidos derivan de los debates universitarios humanísticos del siglo XV. Y su estilo discursivo, mezcla de diálogo dramatizado y narrativa, plantea muchos retos de lectura.
Esa dificultad es mayor si llevamos el texto al aula. Sus contenidos (amor imposible y tóxico, final trágico, las actividades de una “celestina”, giros argumentales…) pueden llamar la atención del alumnado adolescente.
Pero la distancia temporal entre nosotros y La Celestina es reto muy complejo en dos sentidos: su lengua, de finales del siglo XV, y su formato discursivo, que no encaja en lo que hoy entendemos por novela y teatro.
Adaptación del texto
Hay soluciones didácticas a este reto. Existen ediciones en las que se adapta lingüísticamente el texto a la norma actual: las palabras se trasladan a la ortografía de hoy y la construcción de las frases se simplifica, pero el texto sigue siendo el mismo. Es una especie de “traducción”, de actualización. Por ejemplo, nada más empezar la obra Calisto le dice a Melibea que ve la grandeza de dios en lo siguiente:
En dar poder natura que de tan perfeta hermosura te dotasse, y fazer a mí inmérito tanta merced que verte alcançase, y en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiesse.
Si pedimos a un alumno o alumna de 14 años que lea la frase anterior y nos explique qué ha dicho Calisto, es probable que le lleve un esfuerzo mucho mayor que si le pedimos que lea la siguiente versión adaptada:
En que la naturaleza te ha dotado de una hermosura perfecta, y en que yo, sin merecerlo, te acabo de descubrir en este jardín, el lugar más adecuado para comunicarte mi alegría y mi secreto dolor. (La Celestina, adaptación de Francisco Solé y Fuencisla del Amo, Vicens Vives).
Eso sí, las dificultades de interpretación de temas y contenidos seguirán presentes.
Versiones aligeradas o resumidas
También hay ediciones que, desde la adaptación lingüística o discursiva, recortan fragmentos del argumento. Así se “aligera” la trama y la lectura es más rápida. Pero no estaremos leyendo La Celestina tal y como fue ideada, en su totalidad.
En las adaptaciones de La Celestina suele respetarse su formato discursivo, mezcla de narración y diálogo teatral. Pero podría reescribirse en forma de novela. Esto facilitaría al lector el acceso al argumento de la obra, pero la aleja de su formato histórico. Esta Celestina no nos serviría para apreciarla como ejemplo de las formas textuales literarias de su época.
Y, por último, queda la opción tradicional. Si nuestro respeto al texto es total e inamovible, porque es una muestra de nuestro pasado que debe preservarse, entonces la lectura se hará sobre la obra original.
O en adaptaciones con muchas anotaciones aclaratorias. Pero el esfuerzo didáctico, entonces, debe ser mayor para superar los retos de lectura que plantea un texto muy antiguo.
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Entonces, ¿qué hacemos?
¿Se “falta el respeto” al texto al adaptarlo? Seguramente hemos escuchado esa crítica en más de una ocasión. Afirmarlo revela que se considera a la literatura como un patrimonio cerrado, incluso “sagrado”, que no debe modificarse.
Es una cuestión que arroja muchas preguntas y ninguna respuesta clara. Pero esto no nos aleja de una cuestión principal. El clásico literario que llevamos al aula ya no es solo un documento histórico, sino también un material educativo. Y, por eso, cambia nuestro modo de leerlo.
Autor, lector y tiempos cambiantes
La comunicación literaria entre autor y lector se mantiene en el tiempo. Rojas, Cervantes y compañía nos siguen hablando hoy. Pero el contexto de lectura cambia. El contenido es el mismo, pero el destinatario no. Por eso, la adaptación puede ser una herramienta muy útil en ese proceso educativo, no solo literario.
La mejor adaptación será aquella que responda a los objetivos que nos proponemos para educar. ¿Qué potencial del texto nos interesa más? ¿Como documento histórico de la lengua que se hablaba en el pasado? ¿Como testimonio de la mentalidad de una época antigua? ¿Como ejemplo de estilo literario?
Una manera de conectar con el alumnado
La literatura está viva más allá del texto. Sus temas y contenidos tal vez conecten con las inquietudes del alumnado. Y podemos acceder a ellos de muchas maneras. Las adaptaciones son una de ellas.
En todo caso, si queremos que esta educación llegue a los alumnos, debemos “obligarlos” a leer. Si hay contenidos (estéticos, lingüísticos, históricos, temáticos o de valores) que le encontramos a la Literatura como material didáctico, entonces tenemos que “obligar” a estudiarla. Pero mediando para que ese acceso sea asequible y provechoso.
Como docentes, debemos tomar partido. Y responder a la gran cuestión: ¿para qué queremos que sirva la Literatura en el aula?
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Alberto Escalante Varona es miembro del equipo de trabajo del proyecto “Literatura&Cía: un proyecto de participación ciudadana para descifrar y conservar el paisaje (pos)literario”, financiado por la Fundación Española para Ciencia y la Tecnología (FCT-23-18998).
– ref. ¿Es lo mismo leer un clásico adaptado que en versión original? – https://theconversation.com/es-lo-mismo-leer-un-clasico-adaptado-que-en-version-original-247582
