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El reto de The Conversation para 2025: contribuir a que los menores tengan una vida digital más sana

El reto de The Conversation para 2025: contribuir a que los menores tengan una vida digital más sana

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Sanz, Directora

Nigmatulina Aleksandra/Shutterstock

¿Es el acceso universal y ubicuo a las tecnologías una oportunidad para las actuales generaciones de niños y adolescentes? Indudablemente lo es, y por muchos motivos: porque proporciona información valiosa, porque ofrece oportunidades para la realización personal, porque elimina barreras, porque fomenta conexiones sociales y comunitarias constructivas para personas de todas las edades, porque da rienda suelta a la creatividad, y un largo etcétera.

El problema es que hay plataformas que se afanan por maximizar lo que se conoce como engagement –el vínculo emocional de los usuarios con el producto– recurriendo a trucos psicológicos para que los más jóvenes no paren de hacer clic. Y cuando ese contenido adictivo desplaza al juego físico y a la socialización en persona, cuando se interpone en nuestra vida cotidiana, cuando pervierte los circuitos cerebrales de recompensa y convierte los likes (los “me gusta”) en una necesidad imperiosa, empiezan los problemas.

Las enfermedades mentales en menores de 20 años se han disparado

En estos momentos existe una inquietud social por la salud mental de los menores más que justificada. Sin ir más lejos, en España el número de hospitalizaciones entre los 11 y 18 años por trastornos psiquiátricos ha crecido de manera constante desde el año 2000. Y actualmente registramos los niveles más altos de enfermedades mentales en menores de 20 años desde 1997, como advierte el informe elaborado por Cyberguardians, una iniciativa sin ánimo de lucro dedicada a apoyar a padres, educadores, investigadores y responsables políticos para ayudar a nuestra juventud a llevar vidas digitales más saludables en la era de las redes sociales y la inteligencia artificial.

¿Tiene algo que ver la tecnología con esta preocupante situación? Aunque no hay una relación causa-efecto clara, no cabe duda de que forma parte del problema. Al fin y al cabo, como plantea Jonathan Haidt en su libro La generación ansiosa, si no dejamos que los preadolescentes compren tabaco o alcohol o que entren en los casinos, ¿por qué campan a sus anchas por internet y usan sin cortapisas las redes sociales, exponiéndose a ser víctimas de ciberacoso y abusos en redes sociales, a consumir pornografía, o a sufrir ansiedad, entre otros riesgos?

Es más, ¿por qué no obligamos a las plataformas tecnológicas a garantizar que ningún menor accede a contenido potencialmente dañino? ¿Deberían estar obligadas al cuidado digital de sus usuarios, como defiende la organización Human Rights Law? ¿Deberíamos asegurarnos de que ningún menor está sobreexpuesto a las tecnologías y las redes sociales mucho antes de que su cerebro madure?

La evidencia científica en el centro del debate

Desde The Conversation consideramos que es el momento de analizar en profundidad qué relación tiene el uso de tecnologías e internet con la salud mental infantil y juvenil. El momento de escuchar lo que tienen que decir los investigadores y las investigadoras. El momento de poner la evidencia científica en el centro del debate, compartiendo las certezas, pero también las incertidumbres.

Por eso, a lo largo de 2025 publicaremos en nuestra plataforma una treintena de artículos en los que conoceremos de primera mano los estudios científicos que abordan el bienestar digital de los menores desde la salud mental, la psicología, la educación, la pedagogía, la psiquiatría, la ingeniería o el derecho. Pretendemos que ese conocimiento sea utilizado directamente por los tomadores de decisiones. Que la evidencia científica sea el punto de partida para tomar medidas, poner en marcha regulaciones y abordar la situación de los menores.

Paralelamente, celebraremos seis eventos presenciales (Madrid, Valencia, Zaragoza, Sevilla, Bilbao y Barcelona) en los que expertos y expertas conversarán sobre este asunto con los miembros de la sociedad directamente afectados (médicos de familia, pediatras, psicólogos, asistentes sociales, docentes, padres y madres, tomadores de decisiones…) y, por supuesto, con los propios jóvenes.

Confiamos en que de esas conversaciones, sostenidas desde la empatía, surjan estrategias y prácticas que permitan a las nuevas generaciones crecer con un uso responsable y saludable de las prometedoras herramientas digitales que tienen a su alcance.

Tomar el control

En este, como en tantos otros contextos, estamos convencidos de que solo el conocimiento puede hacernos realmente libres. Y hacer del mundo en que vivimos un lugar mejor.

Comprender a fondo cómo funcionan los algoritmos y las tecnologías –y, de paso, cómo se comporta el cerebro– permitirá a los chavales elegir cómo utilizarlas –en lugar de ser ellos los “utilizados”– y tomar el control sobre su consumo sin exponerse a riesgos innecesarios.

The Conversation

ref. El reto de The Conversation para 2025: contribuir a que los menores tengan una vida digital más sana – https://theconversation.com/el-reto-de-the-conversation-para-2025-contribuir-a-que-los-menores-tengan-una-vida-digital-mas-sana-250612

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