Source: The Conversation – (in Spanish) – By José María Martínez Domingo, Literatura española e hispanoamericana, Universidad Rey Juan Carlos

Seguramente, el principal enigma de la literatura española sigue siendo el de la desconocida autoría del Lazarillo, obra que marca el comienzo de la novela moderna y también del género picaresco. Frente a una amplia lista de candidatos, quien esto escribe cree haber mostrado que el candidato más serio es Juan de Valdés, humanista español nacido en Cuenca hacia 1500, muerto en Nápoles en 1541 y hermano también de Alfonso de Valdés, otro de los posibles autores.
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Sin duda alguna, lo más interesante de su candidatura es el conjunto de datos que forman lo que es propio de las autorías confirmadas. Es decir, existe una amplia serie de concordancias entre el texto de una obra y las ideas y biografía de su autor. De hecho, las “coincidencias” entre Juan de Valdés y el Lazarillo afectan tanto a la geografía interna de la novela como a su ideología, y tanto a sus deudas con otras obras literarias como a su sintaxis o a su registro dialectal.
Dada la extensión del conjunto de todos estos datos, aquí me ciño sólo a la llamada biogeografía del Lazarillo, que coincide en gran medida con la de Valdés, y a un par de rasgos lingüísticos que me parecen de capital importancia. De esta manera, al igual que el resto de las autorías confirmadas, trato de mostrar también que la candidatura de Valdés se justifica con pruebas tanto lingüísticas como extralingüísticas.
Vida y obra
Por empezar con la biogeografía, sabemos que Valdés estudió en Salamanca, la ciudad de la infancia de Lázaro. También vivió una larga temporada en Escalona, el lugar donde transcurren varias de sus aventuras con el ciego al que comienza a servir.
Sabemos también que el duque de Escalona y protector de Juan de Valdés era propietario de varios viñedos en Almorox, el lugar del episodio de las uvas. Además, tenía bajo su jurisdicción la peonía de Hormigos, localidad muy cercana a Maqueda (la ciudad del clérigo, otro de los amos de Lázaro) y que puede ser la verdadera Torrijos de la novela.
Por otro lado, el viaje de Lázaro desde Escalona a Toledo coincide en gran parte con el que, a causa de la persecución inquisitorial, hicieron los alumbrados de Escalona, integrantes de un movimiento religioso del que Valdés era un fiel seguidor. Los biógrafos de Juan aseguran también su estancia en Toledo en torno a 1525, es decir, el año de la entrada triunfal de Carlos V en la ciudad y de la celebración de las Cortes del final del Lazarillo.

Wikimedia Commons
Esta hipótesis se refuerza si consideramos que Juan se encontraba buscando empleo en la Corte y que su hermano Alfonso trabajaba como secretario de Carlos V. La cercanía entre los dos hermanos sirve también para explicar la ubicación en La Sagra del episodio del buldero: el rey y su séquito pasaron una corta temporada en esta comarca toledana antes de salir hacia Sevilla para su boda con Isabel de Portugal.
Por otro lado –y las que siguen son sugerencias ciertamente aventuradas pero tampoco descartables– sabemos igualmente que Juan fue administrador en Cuenca del hospital y de la ermita bajo la advocación de san Lázaro. En esta ciudad, la familia Valdés vivía junto a la parroquia de san Salvador, del mismo nombre que la parroquia donde en Toledo viven Lázaro y su mujer.
Finalmente, hay que recordar que su familia era propietaria de un molino y de varios palomares en la aldea de Verdelpino, muy cercana a Cuenca. El molino y los palomares pueden evocar fácilmente el molino donde nace Lázaro y el palomar del escudero.
Este último grupo de coincidencias pueden resultar simples casualidades. Pero, además de unirse a una cifra ya casi excesiva de contingencias, también es cierto que hasta ahora ningún otro candidato a la autoría del Lazarillo ha producido un listado semejante.
Análisis lingüístico
En cuanto al componente lingüístico, quizá lo más interesante sea recordar las concordancias dialectales y sintácticas entre los escritos de Valdés y el Lazarillo.
En cuanto a las primeras, los dos coinciden por ejemplo en el uso de los diminutivos en -ico y en -ete. Estos son fácilmente explicables por la cercanía de Cuenca con Aragón y Levante. Ejemplos análogos pueden ser la adición de la vocal a- al inicio de muchos verbos de la primera conjugación (callar/acallar), el empleo de posesivos con vocablos familiares (mi ciego) o la omisión de la -d final de los imperativos (olé/oled).
Y, en cuanto a la sintaxis, tanto el Lazarillo como las obras de Juan de Valdés se caracterizan por la abundancia de oraciones subordinadas y por una sintaxis notablemente complicada. Además, el lenguaje de ambos presenta también una clara carga de oralidad. Esta abundancia se justifica por la afición de Juan por las lenguas vernáculas y el registro popular.
Los dos últimos criterios sirven además para cuestionar la candidatura de su hermano Alfonso, cuya sintaxis resulta mucho más lineal e inclinada al empleo de frases coordinadas. Estos rasgos se derivaban seguramente de su trabajo como secretario de cartas latinas de Carlos V.

Mateo & Francisco del Canto / Wikimedia Commons
Aunque aún podrían añadirse más pruebas a favor de Juan de Valdés, creo que ha quedado claro que ésta cumple los requisitos propios de las autorías más canónicas. Así, aglutina ingredientes tanto literarios como extraliterarios, o lingüísticos como extralingüísticos. Hasta ahora, ningún otro candidato ha igualado la extensión e intensidad de esta combinación.
Es cierto que aún pueden quedar algunos detalles por probar, como las gestiones para la publicación del original o la confirmación externa de esa autoría. En cuanto a esta última, la preveo realmente difícil dada la complicada historia editorial de una obra que fue publicada póstumamente y bajo el anonimato.
Sin embargo, también es cierto que los datos ya conocidos pueden entenderse como una garantía de buen camino. El hallazgo de alguna prueba aún más concluyente y definitiva que las aquí resumidas sólo parece ser cuestión de tiempo.
Sería un capricho de la Fortuna mencionada en la novela que tal descubrimiento se diera en fechas próximas. Esto nos permitiría celebrar los quinientos años de su redacción con los mismos “regocijos y fiestas” organizados con ocasión de la entrada triunfal de Carlos V en Toledo en 1525.
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José María Martínez Domingo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. ¿Podría ser Juan de Valdés el autor del ‘Lazarillo’? – https://theconversation.com/podria-ser-juan-de-valdes-el-autor-del-lazarillo-253308
