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¿Qué le dicen un mero y una trucha a un pulpo?

¿Qué le dicen un mero y una trucha a un pulpo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iraide Ibarretxe-Antuñano, Catedrática de Lingüística General, Universidad de Zaragoza

Mero coralino. dorasunderwater/Shutterstock

La capacidad de comunicarnos intencionalmente es una de las características que define a los seres humanos. Desde el primer año de vida, antes incluso de que desarrollemos el habla, usamos gestos para expresar lo que queremos.

Al principio, mientras se desarrolla el balbuceo significativo, los bebés emplean gestos intencionales y referenciales para llamar la atención y contarle al mundo exterior qué desean. Seguro que se han fijado en los gestos “deícticos” que usan, por ejemplo, para dirigir la atención sobre algo que está en su entorno y así poder pedir, mostrar, dar o señalar. O los gestos “emblemas”, llamados también “signos de bebé” (baby signs), como el decir adiós con la mano, que reflejan una comprensión temprana de convenciones culturales.

Con el tiempo, no solo perfeccionamos nuestra expresión oral y gestual, sino también nuestra capacidad de interpretar intenciones y atribuir responsabilidades. En lenguas como el español, por ejemplo, nos volvemos expertos en expresar nuestras intenciones (“lo ha roto queriendo”), en eludirlas (“se me ha roto sin querer”) o en detectar y recordar quién tiene la culpa.

Pero ¿somos los únicos en el reino animal que nos comunicamos intencionalmente?

Gestos intencionales en el mundo animal

En las últimas décadas, diversos estudios han demostrado que la comunicación intencional no es exclusiva de los humanos. Especies como los primates, los delfines, los cánidos y ciertas aves córvidas utilizan gestos con el propósito de dirigir la atención de otros y coordinar acciones. Pero el “parecido” con los humanos a la hora de comunicar intencionalmente no se limita a mamíferos y aves. También se ha documentado en el reino acuático.

Uno de los estudios más llamativos sobre la gestualidad referencial, es decir, la producción de señales intencionales para llamar la atención de un destinatario sobre un objeto de interés común, sigue siendo el de Alexander L. Vail, Andrea Manica y Redouan Bshary de 2013.

Partiendo de los resultados de otras investigaciones sobre especies acuáticas en el mar Rojo y en la Gran Barrera de Coral australiana, Vail y sus colegas analizan la comunicación gestual en dos especies de peces de arrecifes de coral, el mero coralino (Plectropomus psesuliferus marsrubri) y la trucha coralina (Plectropomus leopardus). Estos peces cazan en colaboración con otras especies como la morena gigante (Gymnothorax javanicus), el pez napoleón (Chelinus undulatus) y el pulpo azul (Octopus cyanea).

Y aquí viene lo sorprendente: los meros y las truchas coralinas utilizan gestos con sus “compañeros de cacería” para coordinar la caza.

Parece ser que emplean dos tipos de movimientos: sacudidas del cuerpo para invitar a otros depredadores a unirse y posturas específicas, como colocarse con la cabeza hacia abajo para indicar la ubicación de la presa. Si quieren maravillarse con estos movimientos echen un vistazo a las imágenes de Bshary y sus colegas. Son hipnóticas.

Según la investigación, estos movimientos no son aleatorios o casuales. Son gestos específicos e independientes precisamente por cumplir una función intencional.

Es más, el gesto posicional de la cabeza hacia abajo se consideraría un gesto referencial porque cumple con los cinco criterios necesarios para ello: alude a un objeto externo, la presa; no es un movimiento mecánico para ahuyentarla; se produce en presencia de un destinatario potencial, es decir, se ejecuta ante otros cazadores dentro de su rango de visión; provoca una respuesta voluntaria –el compañero de caza se acerca al objetivo– y se repite hasta que el destinatario reacciona de la manera esperada y se incorpora a la caza.

En el estudio se comprobó que estos cinco criterios eran efectivos en todas estas especies. Por ejemplo, cuando una trucha coralina realizaba su gesto en presencia de un pulpo, este solía acercarse al punto indicado. Asimismo, los meros no solo usaban sacudidas para atraer morenas, sino que, si estas no respondían, las empujaban para guiarlas hacia la presa.

Los cinco compañeros de caza. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, la trucha coralina, el pulpo azul (en el centro), el mero coralino, el pez napoleón y la morena gigante.
Los cinco compañeros de caza. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, la trucha coralina, el pulpo azul (en el centro), el mero coralino, el pez napoleón y la morena gigante.
Leonard Low, Ahmed Abdul Rahman, Diego Delso, Patryk Krzyzak, Nick Hobgood /Wikimedia Commons, CC BY-SA

El lenguaje universal de la cooperación

Aún queda por determinar hasta qué punto estos sistemas gestuales en peces pueden compararse con los de primates o humanos.

Sin embargo, estas investigaciones sugieren que la comunicación intencional no depende del tamaño del cerebro, sino de las necesidades ecológicas de cada especie. Al igual que los humanos, estas especies ictíneas han desarrollado formas de comunicarse y coordinarse para lograr objetivos comunes. Y no son las únicas: las serpientes marinas venenosas como la erabu (Laticauda semifactiata) también lo hacen.

Futuros estudios podrán arrojar más luz sobre qué otras especies utilizan gestos referenciales y hasta qué punto la comunicación intencional es un fenómeno extendido en la naturaleza.

De momento, este tipo de investigaciones nos plantean una pregunta clave: ¿es el lenguaje algo exclusivo del Homo sapiens?

Y si el lenguaje no fuera solo nuestro

Durante mucho tiempo hemos creído que el lenguaje es una capacidad única del ser humano. Esa intuición –o quizá ese sesgo que tenemos de sentirnos especiales– nos llevaría a responder con un rotundo “sí”. Pero las investigaciones más recientes recomiendan precaución: los límites entre nuestra especie y otras no son tan claros como pensábamos.

En lo que va de año, tres estudios sobre especies muy distintas aportan nuevas pistas sobre cómo otros animales también utilizan formas complejas de comunicación que, en algunos aspectos, se acercan al lenguaje humano.

La investigación de M. Berthet y sus colaboradores en la reserva congoleña de Kokolopori ha revelado que los bonobos combinan distintas vocalizaciones de forma que el mensaje que transmiten es más complejo que la suma de sus partes. Es decir, algunas de sus llamadas son composicionales, una característica fundamental del lenguaje humano. Por ejemplo, cuando quieren coordinarse para moverse en grupo, combinan un silbido, asociado a la cohesión social, con un ulular agudo, que suele usarse en situaciones tensas para captar la atención.

El segundo estudio, a cargo de Mason Youngblood, se ha centrado en los cantos de cetáceos. Sus resultados muestran que estas especies tienden a usar vocalizaciones más cortas y que, cuando el canto se alarga, las unidades que lo forman se comprimen. Este patrón sugiere que los cetáceos organizan sus mensajes siguiendo principios similares a los del lenguaje humano, como la eficacia y la economía comunicativa.

Por último, Zetian Yang y Michael A. Long han descubierto que los periquitos australianos (Melopsittacus undulatus) poseen un tipo de “mapa motor vocal” que funciona de manera parecida al nuestro. Cuando estas aves vocalizan, activan su órgano vocal –la siringe– mediante un conjunto de neuronas especializadas ubicadas en una zona del cerebro conocida como núcleo anterior del arcopalio. Además, cada tipo de vocalización va acompañado de un patrón distinto de actividad cerebral, lo que indica un grado notable de control y precisión en su comunicación.

Entonces, ¿qué le dicen un mero y una trucha a un pulpo?

De momento, no tenemos confirmación definitiva… ni sobre lo que se dicen los bonobos, las ballenas o los periquitos. De lo único que sí tenemos evidencia es que no son tan diferentes a nosotros y que su lenguaje, intencional y multimodal, es también una parte fundamental de su identidad.

The Conversation

Iraide Ibarretxe-Antuñano es Investigadora Principal en el proyecto “Motivación, iconicidad y arbitrariedad en el procesamiento del lenguaje multimodal (MOTIV)” (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, PID2021-123302NB-I00). Coordina el Grupo de Acción ICON del Campus Íberus y la iniciativa Lingüística para Todos. Dirige la plataforma de divulgación Zaragoza Lingüística a la Carta (Grupo Psylex, H-11-17R).

ref. ¿Qué le dicen un mero y una trucha a un pulpo? – https://theconversation.com/que-le-dicen-un-mero-y-una-trucha-a-un-pulpo-254231

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