Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elba Astorga, Editora de Economía

Los sistemas eléctricos nacionales son extensos, complejos, sensibles e interconectados y en ellos participan distintas fuentes de energía (fósiles, renovables, nuclear). Diseñados para mantener el equilibrio entre la energía generada y la energía consumida, cuando este equilibrio se rompe surge el riesgo de colapso. Y eso fue lo que pasó con el sistema eléctrico de la península ibérica durante el apagón generalizado del lunes 28 de abril de 2025.
El mercado eléctrico
Para comprender mejor lo que sucedió ese día vale la pena intentar conocer cómo funciona el mercado eléctrico ibérico.
Lo primero: está integrado por empresas generadoras (que producen la energía eléctrica), empresas transportistas (que la llevan a través de redes de alta tensión), empresas distribuidoras (que la transmiten desde las subestaciones eléctricas hasta el punto de consumo) y, finalmente, las empresas comercializadoras, que venden y facturan al consumidor final la electricidad comprada en el mercado mayorista. Para aprovechar las economías de escala, los procesos de transporte y distribución están regulados: no tendría sentido duplicar el esfuerzo de desarrollo y explotación de las redes físicas de cables.
Para fijar el precio en el mercado mayorista, vendedores (las empresas generadoras) y compradores (los consumidores mayoristas) informan al operador de mercado de cuánta energía quieren vender o comprar y a cuánto. Mediante subasta, se ajusta –para cada hora del día siguiente– la demanda prevista con las ofertas más baratas hasta cubrir dicha demanda.
En este mercado confluye la electricidad generada a partir de distintas fuentes de energía: nuclear, renovables, combustibles fósiles, y, por tanto, con distintas tecnologías y costes de producción.
Las centrales nucleares no paran de producir, salvo por motivos técnicos, así que ofrecen energía barata y constante. Los precios y cantidades de las renovables dependen de las previsiones de sol y viento. Las centrales de carbón o gas son más eficientes en términos de operación (permiten un encendido y apagado rápido), pero son muy contaminantes y están sujetas a las fluctuaciones en los precios de las materias primas.
La demanda se va cubriendo mediante un sistema de precios ascendente, pero lo que finalmente cobrarán todos los vendedores energéticos lo marca la energía más cara: el mercado eléctrico español es un mercado marginalista.
Un equilibrio inestable
Un factor que influye poderosamente en la complejidad del sistema es que, para su buen funcionamiento, se debe mantener un equilibrio constante entre la electricidad generada y la consumida. Si se rompe, aunque sea un instante, se corre el riesgo de colapso. Además, mantener ese equilibrio es un más difícil todavía pues la energía proviene de distintas tecnologías (nuclear, renovables, fósiles, hidráulica) con diferentes capacidades de respuesta.
El lunes 28 de abril de 2025 sobre las 12.30 de la mañana, hora española, varios factores confluyeron para provocar el desequilibrio entre la oferta y la demanda: el sistema se estaba regulando mediante energía hidroeléctrica y esta llegó a un tope, a la vez que entró en el sistema más energía eléctrica de la prevista, proveniente de fuentes renovables. Las centrales nucleares recibieron entonces una señal de sobrecarga del sistema y, automáticamente, se desconectaron. Empezó así el apagón.
Con la incorporación de las energías renovables el sistema eléctrico ha ganado en sostenibilidad y ahorro de costes. Pero, a la vez, ha provocado un problema, pues la integración descontrolada de picos de electricidad generada a partir de energía eólica o fotovoltaica puede causar oscilaciones en el sistema de transporte. Además, estas tecnologías no tienen la capacidad de mantener la estabilidad del sistema que sí tienen, por ejemplo, las centrales de combustibles fósiles.
Como abril no suele tener temperaturas extremas, la demanda eléctrica es relativamente baja. Por tanto, es un mes ideal para que las renovables cubran gran parte del consumo, reduciendo los costes de producción. Pero también implica que el sistema eléctrico opere bajo peores condiciones de control de su equilibrio.
Todavía queda mucho por decir sobre el apagón ibérico y –en coincidencia con el proceso de transición energética de la UE– es probable que este suceso traiga cambios en el diseño y planificación del sistema eléctrico español, e incluso el europeo: ¿Un nuevo impulso a las interconexiones entre países? ¿Una revisión de la política de cierre de las centrales nucleares? ¿Incentivar la autogeneración y el surgimiento de prosumidores eléctricos? Queda mucho por ver y aquí estaremos atentos para contarlo.
![]()
– ref. La selección: la inesperada caída del sistema eléctrico español – https://theconversation.com/la-seleccion-la-inesperada-caida-del-sistema-electrico-espanol-255687
