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Cómo mejorar la enseñanza de idiomas para las personas refugiadas

Cómo mejorar la enseñanza de idiomas para las personas refugiadas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mercedes Enríquez-Aranda, Profesora de Traducción e Interpretación, Universidad de Málaga

shutterstock AnnaStills/Shutterstock

Aprender un idioma en edad adulta no siempre responde a las mismas motivaciones que nos impulsan cuando somos niños. Algunas veces esta tarea se convierte en una forma de sobrevivir a circunstancias personales imprevistas. Por ejemplo, cuando dejamos nuestro país porque nuestra vida corre peligro. En estos casos, puede ocurrir que nos tengamos que instalar en un lugar donde todos los mensajes y todas las señales a nuestro alrededor están escritas en un alfabeto diferente y necesitemos aprender a leer otra vez, letra por letra.

Esto es lo que les pasa a las personas adultas refugiadas. En su nuevo entorno de acogida, se enfrentan a un choque cultural marcado desde el principio por barreras de comunicación. Para ellas, aprender y hablar un idioma para que las comprendan es una cuestión de supervivencia.

Subir a un autobús, decirle al médico dónde les duele o hablar en una entrevista de trabajo son situaciones necesarias para su existencia y para su desarrollo personal que requieren de interacciones comunicativas verbales y no verbales.

Aprender con los sentidos

El Reino Unido se convirtió entre 2011 y 2020 en país receptor de un gran número de personas refugiadas de diversas procedencias. En el curso 2019-2020, la Education and Training Foundation y el Gobierno encargaron estudios para entender las necesidades de integración temprana del alumnado refugiado.




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Durante este proceso, personas adultas refugiadas de varios países que vivían en el Reino Unido fueron entrevistadas. El objetivo era averiguar en qué situaciones necesitaban aprender inglés y con qué tipo de actividades aprendían mejor.

Además de la elaboración de materiales didácticos (ESOL for Refugees: Resources for New Arrivals), la investigación permitió entender que, independientemente del estilo de aprendizaje personal del individuo, este alumnado procesa la información de manera más eficiente mediante actividades en las que sus cinco sentidos son protagonistas.

Aprendizaje significativo en el mundo real

Las personas adultas que aprenden un idioma en situación de choque cultural o trauma personal previo aprenden mejor mediante la experiencia directa y la participación activa.

Las visitas de campo (al mercado o al colegio) o las actividades basadas en juegos de rol (llamadas telefónicas a la oficina de empleo o al médico) contextualizan el aprendizaje en las realidades vitales del alumnado, al tiempo que respetan las posibles limitaciones de sus competencias digitales. Estas actividades les ayudan a conectar experiencias previas con experiencias actuales en un proceso global de aprendizaje significativo.

A diferencia del aprendiz infantil, que en ocasiones tiene que imaginar situaciones creadas para la práctica del idioma, el abanico de experiencias previas en el caso de las personas adultas es más amplio y, por tanto, la conexión con las experiencias presentes es inmediata.

El trauma como compañero de viaje

Además, la actitud en clase de este alumnado va a estar especialmente condicionada por su pasado reciente, tanto por el trauma que pueden haber sufrido en sus países de origen, al haber perdido su hogar y sus posesiones o al haberse separado de su familia y de sus redes de apoyo, como por la desorientación e incertidumbre del viaje o la ansiedad y el estrés por adaptarse a una nueva sociedad con los problemas de soledad y falta de recursos que esto implica.

Enseñar un idioma a personas en esta situación requiere modificar algunas estrategias habituales en el aula de idiomas como, por ejemplo, comprender los retrasos o ausencias, no exigir participación, dar espacio físico al alumnado, no ponerlo en situaciones comprometidas, corregir los errores de manera sensible o no compartir información delicada sobre su país de origen o su historia personal ni obligarles a hacerlo. Evitar temas que puedan desencadenar recuerdos traumáticos (la familia o los viajes, por ejemplo) y apoyarse más en la tercera persona, evitando la personalización, son también algunas de las estrategias más importantes.




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Las clases deben estar muy estructuradas y seguir una misma rutina, con reglas y límites claros desde el primer día. En cuanto al contenido, debe centrarse en el lenguaje para las necesidades diarias, con objetivos regulares y controles de progreso. También es recomendable usar estrategias de primeros auxilios para la salud mental, como empezar la clase con una actividad de meditación o relajación.

Para las personas refugiadas, aprender el idioma de su país receptor significa un paso necesario y obligado para poder desarrollarse como seres humanos de pleno derecho en la nueva sociedad que los acoge. Si bien queda aún camino por recorrer en torno a la práctica educativa inclusiva, existen algunos pasos dados en forma de materiales y orientaciones pedagógicas que comienzan la senda.


Este artículo se ha escrito en coautoría con Luisa Robinson, profesora de adultos de ESOL y Español en el Servicio de Educación de Adultos del Condado de Leicester (Reino Unido).

The Conversation

Mercedes Enríquez-Aranda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo mejorar la enseñanza de idiomas para las personas refugiadas – https://theconversation.com/como-mejorar-la-ensenanza-de-idiomas-para-las-personas-refugiadas-250457

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