Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Gutiérrez Barba, Profesor de Mercadotecnia, Comunicación y Educación, Universidad de Guadalajara
El mercado de bebidas alcohólicas atraviesa una transformación sin precedentes, impulsada por cambios significativos en los hábitos de consumo de los jóvenes durante la última década. Factores como el avance de la tecnología, una mayor conciencia sobre la salud, la influencia de las redes sociales y la diversificación de la oferta por parte de la industria han redefinido las preferencias y comportamientos de esta nueva generación de consumidores.
De acuerdo con diversos estudios, los jóvenes de hoy beben menos alcohol que los de generaciones anteriores. En países como Estados Unidos, Reino Unido y Japón, el consumo de licor entre adultos jóvenes ha disminuido. Tres razones se reconocen detrás de este cambio:
1. Conciencia sobre la salud: Es bien sabido que las nuevas generaciones están más preocupadas por su bienestar físico y mental. Movimientos como el mindful drinking promueven un consumo responsable o la eliminación total del alcohol en favor de alternativas saludables.
2. Impacto de la tecnología y redes sociales: Para entender este aspecto, hay que comprender el verbo “funar”, que significa señalar y desacreditar a alguien a través de las plataformas digitales por su comportamiento. Ese señalamiento va contra su imagen, su honor y privacidad. Por lo tanto, el temor al escrutinio público a través de plataformas digitales ha llevado a los jóvenes a moderar su consumo. La cultura de la cancelación también ha creado una conciencia sobre los efectos negativos del alcohol en la conducta.
3. Opciones sin alcohol o de bajo contenido alcohólico: Las cervezas sin alcohol y los cócteles con baja graduación están ganando popularidad, lo que reduce la demanda de bebidas tradicionales de alta graduación.
Esta tendencia a la moderación no representa una solución radical a los problemas. Ninguna forma de consumo de alcohol está exenta de riesgos. Incluso un nivel bajo conlleva peligros y puede causar daños.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el nivel de riesgo depende de varios factores, como la cantidad consumida, la frecuencia de consumo, el estado de salud del individuo, la edad, el género y otras características personales, así como el contexto en el que se produce el consumo de alcohol.
Si bien los excesos con el alcohol tiende a disminuir entre los integrantes de la generación milenial y Z, aún existen altas tasas de consumo y abuso. La diferencia radica en que los miembros de estas generaciones son conscientes de beber demasiado y conocen las consecuencias que el alcohol puede tener en la mente y el cuerpo.
El auge de las nuevas bebidas
El cambio de paradigma se aprecia en ciertos hábitos y preferencias. Los consumidores ya no se conforman con bebidas alcohólicas básicas y de producción masiva. Cada vez están más dispuestos a pagar más por ingredientes de alta calidad, combinaciones de sabores únicas y envases innovadores.
El segmento “listo para beber”, ready to drink (RTD) en inglés, ha revolucionado la industria de las bebidas alcohólicas. Estos productos, envasados para el consumo directo, han logrado capturar el interés de los jóvenes gracias a su funcionalidad. No necesitan preparación ni requieren la mezcla de ingredientes, como sucede en un cóctel tradicional, con el consecuente ahorro en tiempo y economía.
Su éxito tiene que ver también con las nuevas tendencias del paladar juvenil. Frente a los sabores clásicos, como ron con cola o vodka con jugo, encontramos una oferta muy amplia que incluye componentes innovadores y mezclas atrevidas: frutos rojos con ginebra, mango picante con tequila, maracuyá con vodka y soda, té verde con sake o gin, limonada con lavanda y vodka, entre otros.
Buena parte de ellos se presentan en combinaciones con un contenido alcohólico moderado (Hard Seltzers), que rondan entre el 4 % y el 6 %, equivalente al de una cerveza, aunque también hay cócteles con hasta un 20 %.
El auge de las bebidas RTD podría estar afectando negativamente a la comercialización de destilados tradicionales, como el tequila, el whisky o el ron, ya que los consumidores buscan opciones menos intensas y más refrescantes.
El marketing de las nuevas bebidas
El mercado global de cócteles listos para beber ha experimentado un crecimiento significativo, impulsado por la demanda de conveniencia y portabilidad, especialmente entre las generaciones milenial y Z.
Un informe de Grand View Research estima que el mercado global de RDT alcanzó un valor de 3 210 millones en 2024 y se espera que crezca a una tasa compuesta anual del 15,4 % entre 2025 y 2030.
Los fabricantes de cócteles RTD aprovechan cada vez más las redes sociales, el marketing de influencers y las campañas publicitarias dirigidas a conectar con su público objetivo y generar conciencia de marca. Entre las estrategias de diferenciación e innovación utilizadas, destacan la oferta de sabores únicos, la atención a ciertos detalles relacionados con la salud (menos calorías, menor contenido de alcohol, opciones sin gluten, etc.) o los guiños al sector local, al “bio” y al artesanal, tanto en ingredientes como en preparación.
Para construir una oferta premium, los productores también prestan mucha atención al diseño e imagen de marca. Esto incluye los colores, la tipografía y la elección de palabras, pero también en los envases y embalajes de las bebidas.
Las advertencias detrás de la oferta.
La atractiva y poderosa propuesta de bebidas RTD y el aparato mercadológico generado por la industria no puede enmascarar la realidad que representa el consumo de alcohol para la salud pública. El cambio de hábitos y la reducción del consumo de alcohol no implica un hecho positivo por sí mismo. Sobre todo si damos por supuesto, erróneamente, que dichos productos ostentan un halo de salud.
Aunque estas bebidas se promocionan como alternativas más saludables y moderadas, no todos comparten el entusiasmo con el que la industria celebra su auge. Expertos en salud pública advierten que el posicionamiento de los cócteles listos para beber (RTD) como “mejores” o “menos dañinos” puede ser engañoso. El hecho de que contengan menos alcohol o menos calorías no los convierte en productos inocuos. El consumo, por mínimo que sea, sigue implicando riesgos para la salud física y mental, especialmente entre jóvenes que, al ver un envoltorio atractivo y un sabor amigable, pueden subestimar su impacto.
De hecho, algunas organizaciones de salud señalan que esta diversificación de la oferta responde más a una estrategia de mercado que a una preocupación genuina por el bienestar de los consumidores. En este sentido, los cócteles RTD representan un claro intento de la industria por reinventarse frente a una generación menos afín al consumo tradicional de alcohol.
Para muchos especialistas, estas campañas pueden perpetuar el consumo, camuflándose bajo una apariencia de novedad, conveniencia y bienestar, cuando en realidad se trata de una forma más sofisticada de mantener el mercado activo.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. Combinados listos para beber, una tendencia que atrae a los jóvenes pero no implica más salud – https://theconversation.com/combinados-listos-para-beber-una-tendencia-que-atrae-a-los-jovenes-pero-no-implica-mas-salud-254159

