Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation
En las películas de Gladiator siempre se hizo mucho hincapié en el “sueño de Roma” de Marco Aurelio, una idea de imperio más cercana a una democracia actual que a la Roma de entonces.
Sin embargo, ya hace un año José A. Delgado escribió que su gobierno no estuvo influido por sus preocupaciones éticas personales, sino por las tradiciones que había heredado. Fue emperador implacable en lo público y filósofo estoico en lo privado. No obstante, Delgado apuntaba que “sus convicciones ciertamente no dirigieron sus decisiones políticas, pero quizá sí prepararon su actitud para afrontarlas”.
Así que, como si fuésemos Marco Aurelio, seguimos sus pasos.
En este momento viene bien recurrir a Hannah Arendt. La “banalidad del mal” que ella detectó entre los funcionarios que llevaron a cabo el Holocausto continúa presente hoy en conflictos como el de Gaza. Más allá de eso, además, sus reflexiones sobre la mentira en política y el efecto que esta tenía en los ciudadanos siguen siendo pertinentes. Según Arendt, el peligro de las falacias no es solo conseguir que la gente desconfíe de quien engaña, sino que lo haga de los hechos que nos definen como sociedad, un relato que, al verse amenazado, pierde su sentido.
Estos días hablamos mucho de la acogida, tanto por las noticias recientes en España (luminosas) como por las que llegan desde Estados Unidos (brutales). Precisamente hace un tiempo tratamos la hospitalidad desde el punto de vista filosófico y nos fijamos en cómo había sido un tema central en la narrativa estadounidense. Los tiempos han cambiado un poco. Hace unos meses, hablando de los inmigrantes, Elon Musk dijo que la empatía iba a ser la perdición de Occidente. A pesar de sus teorías, la empatía es una fortaleza que define a la condición humana.
Además, hay pensadores que defienden que la verdadera hospitalidad no es solo abrir los brazos al extranjero sino también crear oportunidades para que quienes emigran obligados por las circunstancias puedan volver a sus casas y encuentren allí hogares justos y prósperos.
Lo bueno de los filósofos es que definen conceptos tras reflexionar, hablar y discutir. La Escuela de Salamanca, de la que se celebra este año el V centenario, atendió muchos de los dilemas de su tiempo, y algunas de sus conclusiones se pueden intentar extrapolar hasta conflictos actuales. Por ejemplo, la definición de lo que es una “guerra justa”. Como ellos, tenemos que mantener viva la capacidad de dialogar con quienes piensan distinto. Por eso está bien aprender de los antiguos griegos cuándo debemos alzar la voz, cuándo disentir y cuándo escuchar en foros públicos.
Después de todo, la esperanza es que, en el fondo, todos tengamos lo mismo en mente: el bien común.
– ref. La selección: pensar sobre el mundo – https://theconversation.com/la-seleccion-pensar-sobre-el-mundo-274547
