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‘Et tu, latín’: ¿podemos enseñar lenguas clásicas de manera moderna?

‘Et tu, latín’: ¿podemos enseñar lenguas clásicas de manera moderna?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Márquez Cruz, Profesor e investigador en el Departamento de Lingüística, Estudios Árabes, Hebreos, Vascos y de Asia Oriental, Universidad Complutense de Madrid

JCVStock/Shutterstock

Cuando llevaba tres años impartiendo la asignatura de Latín en 4º de ESO me di cuenta de que no llegaba a conectar con los alumnos, puesto que el proceso de aprendizaje resultaba monótono. No era falta de interés por su parte, ni falta de entusiasmo por la mía: era un choque de mundos.

En clase, el latín seguía sonando a listas de palabras, declinaciones y aprendizaje memorístico mientras que fuera, todo era interacción y pequeñas “píldoras” de conocimiento en vídeo y en audio. Una gran parte del profesorado de latín coincidía en que había que cambiar algo si el objetivo era despertar el interés por el estudio y la comprensión de esta lengua, teniendo en cuenta que son pocas las horas lectivas de esta asignatura y que el perfil del alumno es más digital.

¿Por qué replantear la enseñanza del latín hoy?

Tradicionalmente se ha enseñado latín a través de la memorización de declinaciones, reglas y vocabulario. No son metodologías que motiven especialmente al alumnado, sobre todo en niveles de aprendizaje inicial o cursos cero.

A estas metodologías hoy se añade el hecho de que el actual enfoque de la asignatura es compentencial, es decir: los aspectos culturales y el legado patrimonial han adquirido una especial relevancia en detrimento del conocimiento lingüístico. El profesor no solo debe enseñar la lengua, sino la historia, la geografía, la sociedad y la literatura latina, así como la pervivencia del latín y de la cultura romana en nuestros días, tanto desde una perspectiva material (arqueología, inscripciones) como inmaterial (religión, mitología…).

Mucho contenido en poco tiempo

Todo ese contenido tiene, en la ESO, tres horas semanales; en el Bachillerato, cuatro. En el caso del Bachillerato, aunque el latín se puede estudiar durante dos cursos, el ritmo de clase lo marca la prueba de acceso a la universidad, que se convierte en el objetivo primordial.

El resultado es que el tiempo dedicado a los contenidos de lengua es muy reducido y obliga a concentrar teoría y ejercicios prácticos.

La brecha generacional

No solo las horas son pocas. Los estudiantes están habituando a aprender (y socializar) en entornos digitales, lo que genera una brecha cada vez más pronunciada entre un aprendizaje tradicional y otro más acorde a los tiempos que vivimos y a las leyes educativas vigentes.

¿Podemos articular un enfoque metodológico que ayude a desarrollar en el alumnado las competencias exigidas en estudiantes y futuros profesionales de este siglo XXI: trabajo cooperativo, pensamiento crítico, autonomía y competencia digital?

Clase invertida: vídeos y audios en casa

Ya existen propuestas didácticas que buscan cambiar el modus operandi del aula, yendo de la tradicional explicación magistral al aprendizaje activo. Entre ellas, el modelo de “aula invertida” tiene mucho potencial para el latín.

Este enfoque, el aula invertida aplicada al latín, propone el estudio de los contenidos fuera del aula mediante breves vídeos, materiales escritos de refuerzo o audios, dedicando el tiempo de clase a resolver dudas, ampliar contenidos y realizar actividades que profundicen en las competencias adquiridas, de manera individual o en equipos.




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Esto supone un cambio en el papel del docente, que deja de ser un mero transmisor de contenidos para convertirse en el guía que selecciona, diseña y organiza recursos y que utiliza las clases presenciales para acompañar la reflexión y la práctica.

Paralelamente, el estudiantado asume un rol más activo puesto que gestiona su ritmo de estudio, prepara la clase con antelación y participa en tareas cooperativas que le obligan a explicar, comparar y aplicar lo aprendido.

Píldoras en línea

Esta metodología adquiere un especial potencial cuando se integra en un ecosistema digital, mediante el uso de plataformas de aprendizaje de electrónico como Moodle o Google Classroom.

Se puede así estructurar la iniciación al latín con lecciones autocontenidas: breves píldoras informativas en forma de vídeos y audios con transcripciones, actividades de autoevaluación con retroalimentación, ejercicios nivelados de refuerzo y formularios de evaluación formativa (la que proporciona información sobre cómo está yendo el proceso de aprendizaje y qué necesidades quedan por cubrir) y sumativa (la que ofrece evidencias sobre el grado de aprendizaje o conocimiento adquirido).

Este diseño facilita tanto una modalidad docente presencial como semipresencial o de autoformación a distancia.

Motivación: el corazón del cambio

En paralelo al rediseño metodológico y tecnológico, la motivación del alumnado es un indicador clave de éxito. Los estudios que han analizado el impacto de estos enfoques muestran mejoras significativas en la actitud hacia el estudio del latín y en la disposición a continuar estudiando esta lengua.

Un ejemplo de la puesta en marcha de esta metodología es el curso de iniciación al aprendizaje del latín, diseñado en el Laboratorio vivo de Lingüística Aplicada a la Enseñanza de Lenguas de la Universidad Complutense de Madrid, por el que han pasado más de 500 alumnos de las aulas de ESO de la Comunidad Autónoma de Madrid.




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Sus resultados han sido positivos en términos de motivación y adquisición de conocimientos, lo que se traduce en un aumento del interés sostenido y en una mejora de la percepción de la utilidad de la materia y del nivel de adquisición de conocimientos.

Este contexto educativo del latín conecta con la experiencia cotidiana del alumnado en el estudio de otras materias, al tiempo que moderniza la imagen de una lengua clásica que, no olvidemos, es origen y madre de nuestro idioma.

La tecnología como catalizador

En definitiva, el uso de recursos electrónicos para la puesta en marcha de metodologías activas en el aprendizaje del latín no solo consigue mejorar los resultados académicos, sino también transformar la relación afectiva del alumnado con esta materia.

El estudiante percibe el latín como un reto asumible, intelectualmente estimulante y conectado con su realidad digital, por lo que es más proclive a dedicar tiempo y esfuerzo a su estudio.

La tecnología, en este sentido, actúa como catalizador, puesto que hace viable un uso más flexible del tiempo, facilita la personalización del aprendizaje y permite que la clase se convierta en un taller de experimentación lingüística más que en un ejercicio rutinario de traducción.

The Conversation

Manuel Márquez Cruz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Et tu, latín’: ¿podemos enseñar lenguas clásicas de manera moderna? – https://theconversation.com/et-tu-latin-podemos-ensenar-lenguas-clasicas-de-manera-moderna-273170

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