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¿Y qué gano yo pactando? Algunas dudas razonables sobre la formación de gobiernos de coalición en España

¿Y qué gano yo pactando? Algunas dudas razonables sobre la formación de gobiernos de coalición en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josep Maria Reniu Vilamala, Profesor Titular de Ciencia Política y de la Administración, Universitat de Barcelona

Jorge Azcón, líder del PP en Aragón, celebra el resultado de las últimas elecciones autonómicas, el pasado 8 de febrero. Al no alcanzar la mayoría absoluta, previsiblemente necesitará llegar a algún acuerdo con Vox, sin descartar un gobierno de coalición. RTVE

Una de las características de cómo funcionan los sistemas parlamentarios como el español es la necesidad de llegar a algún tipo de acuerdos entre los diferentes partidos políticos para garantizar, sobre todo, la formación de gobierno.

Esto es así porque la normalidad tras cada elección –ya sea estatal, autonómica o local– es que nadie obtenga la mayoría absoluta de los escaños o concejales y, por ello, deba enfrentarse al reto de pactar con otros partidos.

Unos pactos que habrán de alcanzarse tras una negociación, ya que las elecciones no forman gobiernos, quienes lo hacen son los partidos mediante negociaciones entre ellos. Y, nos guste más o nos guste menos, en nuestro sistema político ello se ha convertido en una obligación.

Puesto que obtener la mayoría absoluta por un solo partido político es casi una quimera hoy en día, unos y otros deberán enfrentarse al reto de la negociación, y a buen seguro aparecen entre ellos más dudas que certezas.

Unas dudas razonables que pueden resumirse en estas preguntas: ¿es necesario pactar?, ¿qué tipo de gobierno debemos pactar?, ¿qué elementos debemos priorizar?, ¿qué coste tiene llegar o no a un acuerdo?… En resumen: ¿qué gano yo pactando?

¿Interesa compartir el poder?

La primera decisión a tomar es si nos interesa compartir el poder. Ello en dos posibles escenarios: si somos el partido “grande”, pero nos faltan escaños para poder formar gobierno y gobernar con comodidad o si somos el partido pequeño en esa posible coalición.

En ambas situaciones hay un tema que no se puede ocultar: compartir el poder en un gobierno de coalición supone asumir de forma compartida la responsabilidad de toda la acción gubernamental. Así de claro: a partir del momento en que dos o más partidos forman un gobierno de coalición todos ellos son corresponsables de lo bueno y también de lo malo de su acción de gobierno.

¿Quiere esto decir que estamos obligados a formar, sí o sí, un gobierno de coalición? No, en ningún caso.

La obligación es responder a si realmente queremos, podemos o necesitamos compartir el poder para alcanzar “nuestros” objetivos políticos. Y para aclarar las dudas veamos dos conceptos íntimamente unidos: las dinámicas coalicionales por un lado y el diferencial de influencia política por el otro.

Hablar de dinámicas coalicionales significa tomar en cuenta que la “solución” a la formación de gobierno no está fijada de antemano en forma de coalición. Una solución perfectamente viable es la negociación de un acuerdo parlamentario que garantice la formación y la supervivencia de un gobierno unipartidista en minoría. Y no, estos ni son inestables -o no menos inestables que cualquier otro gobierno-, ni tampoco menos productivos.

¿Y qué gano no formando una coalición? Acudimos para ello al diferencial de influencia política: en aquellas situaciones en las que podemos obtener “nuestros” objetivos políticos sin tener que integrarnos en el gobierno y, por ello, corresponsabilizarnos de toda la acción gubernamental, nos mantendremos fuera del gobierno habiendo negociado nuestro apoyo a cambio de nuestras decisiones políticas: aprobación de leyes, diseño de nuevos programas o supresión de decisiones existentes.

Así, ¿no le parece a usted que ello describe la situación actual entre Partido Popular y Vox en Extremadura, Aragón y quién sabe si también en Castilla y León tras las elecciones de marzo?

Pero para más claridad vamos a desmontar una afirmación oída demasiado a menudo: todos los partidos buscan alcanzar el poder. Pues no precisamente, ya que cuando se afirma esto se está diciendo que lo que quieren es alcanzar el gobierno.

Y la verdad sea dicha, la gran mayoría tienen en el gobierno y los cargos su objetivo central, su gran anhelo. Pero, como todo en esta vida, el interés está en los detalles.

Cuando el objetivo es la agenda política

¿Cuáles? Además del gobierno y los cargos, los partidos persiguen al mismo tiempo el impulso y aprobación de políticas públicas vinculadas a su ideario, a su visión de cómo deba ser el Estado, la comunidad autónoma o el municipio en cuestión.

Y hay que añadir otros dos objetivos simultáneos: la búsqueda de consolidar y aumentar la base electoral (es decir, obtener votos) y mantener y fortalecer a la organización (lograr una buena cohesión interna).

Perseguir estas cuatro metas lleva a cada partido a tener que priorizar sus esfuerzos. Así lo que para uno puede ser absolutamente prioritario (obtener el gobierno a cualquier precio) para otro puede ser meramente instrumental, orientándolo a su objetivo principal mientras no sea capaz de gobernar en solitario: impulsar buena parte de su agenda política desde fuera del ejecutivo.

Veámoslo así: el objetivo central del Partido Popular en las actuales negociaciones en Extremadura y Aragón (y previsiblemente en Castilla y León) es garantizarse la titularidad del ejecutivo, sin descartar un posible gobierno de coalición como en la legislatura anterior.

En el caso su potencial socio, Vox, tanto su comportamiento coalicional anterior como su estrategia negociadora actual parecen indicar que su prioridad pasa por lograr imponer su agenda política, considerando su incorporación a dichos gobiernos como una opción instrumental y, por ello, prescindible a cambio de sus políticas públicas.

¿Coincidimos en este análisis? Confío que sí y les adelanto otro concepto para una próxima ocasión: dinámicas multinivel o la influencia que ejerce en las estrategias negociadoras los efectos de alcanzar uno u otro tipo de acuerdo en un nivel (autonómico, por ejemplo) sobre las futuras negociaciones en otro (por ejemplo, en el ámbito estatal, sin ir más lejos). ¿Interesante, verdad?

The Conversation

Josep Maria Reniu Vilamala no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Y qué gano yo pactando? Algunas dudas razonables sobre la formación de gobiernos de coalición en España – https://theconversation.com/y-que-gano-yo-pactando-algunas-dudas-razonables-sobre-la-formacion-de-gobiernos-de-coalicion-en-espana-276352

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