Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish
.china.org.cn | 23. 04. 2026
Álvaro Paños: El 23 de abril se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Libro y en esta ocasión nosotros lo hacemos desde Beijing, una ciudad milenaria donde las palabras siempre han encontrado un hogar.
El libro que he escogido para presentaros hoy es este ensayo de Wang Meng que se titula “The Chinese Way of Thinking”, “La manera china de pensar” o “El pensamiento chino”. En este libro, el autor explora los principios filosóficos de autores como Laozi, Zhuangzi o Confucio y cómo la sabiduría del confucianismo, el taoísmo y el budismo, entre otras corrientes filosóficas, sigue estando muy presente en la manera en que los chinos en la actualidad viven, actúan, toman decisiones y enfrentan los desafíos de la vida cotidiana. El autor también plantea que precisamente es esa sabiduría ancestral la que aporta soluciones para los problemas contemporáneos de China, tanto a nivel nacional como global.
Pero este libro no es un caso aislado. Es interesante también examinar las pautas de lectura tanto en China como en otras partes del mundo. En China, según la última encuesta nacional, la tasa de lectura integral, entendida como el porcentaje de personas que leyó un libro en un tiempo determinado, en este caso un año, alcanzó el 82 % en 2024. Además, leemos más que nunca: un promedio de 4,8 libros impresos y 3,5 libros digitales por persona al año. Y un dato interesante: el 38,5 % de los adultos recurre a los audiolibros, una forma de lectura o en este caso, de escucha, que sigue creciendo. f
Si observamos los hábitos de lectura a ambos lados del mundo encontramos dos paisajes distintos pero con sorprendentes similitudes. En China la lectura avanza hoy al ritmo de las pantallas y las voces grabadas. El auge de la lectura digital y los audiolibros ha transformado la manera en que millones de personas acceden a las historias, convirtiendo cualquier momento -un viaje en metro, una pausa en el trabajo-, en una oportunidad para leer. En España, en cambio, el libro impreso sigue siendo el gran protagonista. Los lectores españoles, con una media de nueve libros al año, mantienen viva la tradición del papel, el subrayado a lápiz y las páginas que se doblan con el uso.
Pero hay algo que cruza el océano y une a ambos países: la falta de tiempo. Y sin embargo, a pesar de las prisas, millones de personas siguen eligiendo cada día perderse entre páginas o dejarse llevar por una voz que les cuenta una historia. Porque leer, sea en papel o en pantalla, sea con los ojos o con los oídos, sigue siendo un acto de resistencia ante la prisa.
Pero más allá de los números y las estadísticas, me parece interesante ahondar en las distintas formas de narrar y de concebir la literatura. Aquí sí que encontramos diferencias entre la literatura china y la española, por poner un ejemplo. En China, la poesía fue el género más importante durante siglos. De hecho, era cultivada por los letrados como expresión de refinamiento y sabiduría.
En el caso de España, podríamos decir que la literatura se desplegó con igual fuerza tanto en la poesía como en el teatro y la novela. Un punto de encuentro sorprendente es que la literatura española lleva siglos mirando hacia China. Ya Cervantes soñaba con que el emperador chino le invitase a Beijing a abrir una academia. Y en el siglo XX nos encontramos a poetas como Alberti o Colinas, que encontraron en la tradición china una fuente de inspiración. En mi opinión, estas diferencias, lejos de crear barreras, hacen que el encuentro entre distintas tradiciones sea especialmente fértil. Como decía un proverbio chino, “el jade sin tallar no sirve, las personas sin leer no conocen la rectitud”. Y algo similar debió pensar Cervantes cuando nos dejó escrito: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”.
Como decía al principio, los libros son puentes y en estos puentes nos encontramos con lectores de Beijing, de Madrid y de tantas otras partes del mundo. En China creemos que la lectura no sólo es un acto individual, sino también un acto de encuentro: un encuentro con otras épocas, con otras culturas y con otras formas de pensar. Y en ese encuentro, todos ganamos. En un día como hoy, las librerías nos abren sus puertas, y no solo para vender libros, sino también para construir comunidad, y es que con cada lectura compartida se fomenta el entendimiento mutuo. Muchas gracias por acompañarnos en este viaje entre páginas. Con cada página que se pasa se da un paso hacia un mundo más abierto, más armónico y más humano.
¡Feliz Día Internacional del Libro!
