Source: The Conversation – (in Spanish) – By Roger Fernandez-Urbano, Ramón y Cajal Research Fellow (Tenure-Track) Department of Sociology, Universitat de Barcelona
A medida que las redes sociales se convierten en una parte fundamental de la vida de los jóvenes, crece la preocupación por su impacto en su salud mental. Sin embargo, los debates públicos y las medidas adoptadas tienden a tratar a los adolescentes como un grupo homogéneo. A menudo ignoramos el hecho de que el uso de estas plataformas no afecta a todos de la misma manera, ni tiene los mismos efectos en su bienestar.
En un capítulo del Informe Mundial sobre la Felicidad 2026, publicado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas en colaboración con la Universidad de Oxford, hemos examinado cómo el uso problemático de las redes sociales se relaciona con el bienestar de los adolescentes de diferentes entornos socioeconómicos.
Analizamos 43 países repartidos por seis grandes regiones –anglo-celta, Cáucaso-mar Negro, Europa central y oriental, Mediterráneo, nórdica y Europa occidental– que abarcan principalmente países europeos y sus zonas vecinas inmediatas.
Utilizando datos de más de 330 000 jóvenes, hemos observado un patrón claro y consistente: los niveles más altos de uso problemático de las redes sociales –es decir, el uso compulsivo o descontrolado de las redes sociales– se asocian con un menor bienestar.
Los adolescentes que informan de este tipo de uso tienden a experimentar más problemas psicológicos, como sentirse deprimidos, nerviosos, irritables o tener dificultades para dormir. También presentan una menor satisfacción con la vida, una medida de lo positivamente que evalúan sus vidas en su conjunto.
Este patrón se observa en todos los países de nuestro estudio, pero su intensidad varía de un país a otro. Es especialmente pronunciado en países anglo-célticos como el Reino Unido e Irlanda, mientras que es comparativamente más débil en la región del Cáucaso y el mar Negro.
El contexto socioeconómico importa
La historia no termina con la geografía. A nivel mundial, los adolescentes de entornos menos favorecidos tienden a ser más vulnerables a las consecuencias negativas del uso problemático de las redes sociales que sus compañeros de entornos más privilegiados.
Esto significa que el estatus socioeconómico –los recursos materiales y sociales de que dispone un hogar, como los ingresos y las condiciones de vida– influye activamente en los riesgos y oportunidades que experimentan los jóvenes como resultado de su actividad en internet.
Curiosamente, estas desigualdades son especialmente visibles cuando nos fijamos en la satisfacción con la vida. Las diferencias entre los grupos socioeconómicos son menores en lo que respecta a los problemas psicológicos, pero mucho más claras y consistentes en cuanto a cómo los adolescentes evalúan sus vidas en general.
Una posible razón es que este parámetro es más sensible a las comparaciones sociales. Las redes sociales exponen a los jóvenes a constantes puntos de referencia –lo que otros tienen, hacen y logran– lo que puede amplificar las diferencias en las oportunidades y los recursos percibidos.
Al mismo tiempo, estos patrones no son idénticos en todas partes. Por ejemplo, las diferencias socioeconómicas en las molestias psicológicas tienden a ser modestas en la mayoría de las regiones, incluidos países de Europa continental como Francia, Austria o Bélgica, pero se observan con mayor claridad en países anglo-célticos como Escocia y Gales.
Por el contrario, las brechas socioeconómicas en la satisfacción con la vida aparecen en la mayoría de las regiones, aunque tienden a ser más débiles en países mediterráneos como Italia, Chipre y Grecia.
Leer más:
Ansiosos y sin controlar su tiempo: así se sienten muchos universitarios hiperconectados
Un problema creciente
También examinamos cómo han evolucionado estos patrones a lo largo del tiempo. Entre 2018 y 2022, la relación entre el uso problemático de las redes sociales y el bajo bienestar de los adolescentes se hizo más fuerte.
Esto sugiere que los riesgos de este comportamiento pueden haberse intensificado en los últimos años, lo que posiblemente refleje el papel cada vez mayor de las tecnologías digitales en la vida cotidiana de los jóvenes, especialmente durante y después de la pandemia de covid-19.
Es importante destacar que esta intensificación ha afectado a los adolescentes de todos los grupos socioeconómicos de manera muy similar en la mayoría de las regiones. En otras palabras, aunque las desigualdades persisten, no se han acentuado durante este periodo.
Leer más:
¿Cómo afectan la tecnología digital y las redes sociales al cerebro de niños y adolescentes?
No existe una solución única para todos
Aunque los debates públicos sobre las redes sociales y la salud mental suelen tratar a los adolescentes como un único grupo demográfico, nuestros resultados muestran una realidad más compleja. El uso problemático de estas plataformas está relacionado con un menor bienestar en todos los países, pero sus efectos vienen determinados por las realidades sociales. Varían en función del lugar donde viven los jóvenes y de los recursos de que disponen.
No todos ellos experimentan el mundo digital de la misma manera, y no todos están igualmente preparados para hacer frente a sus presiones. Reconocer esto es esencial para diseñar políticas que no solo sean eficaces, sino también equitativas, garantizando que las intervenciones lleguen a aquellos adolescentes que son más vulnerables a los riesgos digitales.
![]()
Roger Fernández-Urbano recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno español y de la Agencia Estatal de Investigación a través de una beca Ramón y Cajal (RYC). Roger es miembro de la Sociedad Internacional para los Estudios sobre la Calidad de Vida (ISQOLS).
La participación de María Rubio-Cabañez en esta investigación contó con el apoyo del proyecto DIGINEQ (Uso del tiempo en el ámbito digital, bienestar de los adolescentes y desigualdades sociales) (n.º de acuerdo de subvención: 101089233), financiado por la beca Consolidator Grant del Consejo Europeo de Investigación.
La participación de Pablo Gracia en esta investigación contó con el apoyo del proyecto DIGINEQ (Uso del tiempo en el ámbito digital, bienestar de los adolescentes y desigualdades sociales) (n.º de acuerdo de subvención: 101089233), financiado por la beca Consolidator Grant del Consejo Europeo de Investigación.
– ref. Un análisis en 43 países revela que los jóvenes de entornos desfavorecidos son más vulnerables a los riesgos de las redes sociales – https://theconversation.com/un-analisis-en-43-paises-revela-que-los-jovenes-de-entornos-desfavorecidos-son-mas-vulnerables-a-los-riesgos-de-las-redes-sociales-281951

