Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish
.china.org.cn | 06. 05. 2026
Foto: Xinhua
Por Jorge Fernández
La reubicación para el alivio de la pobreza en China ha permitido mejorar de forma tangible las condiciones de vida de poblaciones enteras.
La crítica a las acciones emprendidas por China para combatir la pobreza ha estado presente desde hace décadas. Viene a la memoria, entre los incontables textos seudoperiodísticos, un reportaje publicado por el New York Times. En “Resettling China’s Ecological Migrants”, Edward Wong criticó, con deliberada subjetividad, la aldea Miaomiao, un asentamiento ubicado en la Región autónoma hui de Ningxia, destinado a ayudar a miles de familias a salir de la extrema pobreza. El autor no solo desestimó el nuevo hogar, sino que, además, calificó a la región de Xihaigu —una zona yerma e inhóspita de donde fueron reubicadas familias de la etnia hui—, como … ¡tierra de palacetes!. ¿A qué se debe esta animosidad deliberada hacia las acciones de China para mejorar la vida de su población?
Lastima que, en un afán por vender noticias o aumentar la tirada, algunos periodistas extranjeros acreditados en China demeriten los esfuerzos de China por sacar adelante a su gente. La región de Xihaigu, por su erosión del suelo y sequías recurrentes, fue clasificada en estudios de la ONU hechos en 1972 como una zona no apta para la supervivencia humana. Por ello, a lo largo de varias décadas, el Gobierno chino reubicó a personas asentadas en esa región. Hasta 2025, nada más en la provincia de Ningxia, más de un millón de personas había sido reubicada. Paralelamente, programas verdes y campañas contra la desertificación han hecho hoy de Xihaigu, más de 50 años después del estudio de la ONU, uno de los más célebres productores de patatas.
La lógica de algunos periodistas extranjeros descansa en casos aislados que terminan por generalizarse y ello, para lectores profanos en el día a día de China, termina construyéndose como una verdad. Es por ello que reviste gran importancia hacer notar al mundo, en especial a audiencias de América Latina y países hispanohablantes, que la reubicación en China apunta simple y llanamente a salvar vidas. No busca de ninguna manera controlar, imponer u obligar a personas a asentarse en lo que equivocadamente la prensa sensacionalista llama “campos de refugiados”. Tómese como ejemplo el caso de la región autónoma de Xizang, a 4 500 metros sobre el nivel del mar. En comparación con las llanuras, el oxígeno es apenas el 40 por ciento. No es fortuito que la esperanza de vida rondara hace algunos años en poco más de los 60 años. ¿No es acaso la reubicación una vía para salvar vidas?
La reubicación, por consiguiente, tiene aristas que deben abordarse, más allá del mero asentamiento. Esas familias que hace unos años vivían al borde de acantilados ahora son ciudadanos con infraestructura propia de una vida digna. Hasta 2025, se han reubicado 87 500 personas en Ceheng y 66 000 personas en Weining, de la provincia de Guizhou. En estas localidades, las familias cuentan con acceso a escuelas para sus hijos. En Weining se han construido una secundaria, 4 primarias y 6 jardines de infancia, con más de 14 000 plazas escolares. En Ceheng se han construido o ampliado 30 escuelas, logrando cobertura total de acceso cercano y de calidad para los hijos de las familias reubicadas. Esas familias que antes debían trepar por zonas inhóspitas cerca de dos horas para llevar a sus hijos a escuelas hoy cuentan con instituciones educativas a la vuelta de su casa.
Junto con la educación, elemento crucial para romper con la continuidad intergeneracional de la pobreza, viene también el tema de la sanidad. En las comunidades destinadas para los reasentimientos hay hospitales para la atención médica. Aquellos niños enfermos no deben ser trasladados horas a cuestas de sus padres. Ya ni qué decir de aquellas mujeres que debían arriesgar sus vidas durante horas solo para llegar a una clínica en donde poder dar a luz. Solo en la región autónoma de Xizang, las campañas de reubicación y de alivio a la pobreza han contribuido a elevar el promedio de vida notablemente. ¿Con qué argumentos pueden los detractores criticar las acciones de China? La protección de los derechos humanos en China apunta a salvarle la vida a tantas personas como sea posible.
Dice el proverbio chino: “Dale un pez a un hombre y comerá un día; enséñale a pescar y comerá toda la vida”. En Weining se organizaron 28 cursos de formación en 2025, capacitando a 1.606 personas, con una tasa de empleo del 96,21%. En Ceheng se creó un “círculo de empleo de 15 minutos”, y la tasa de empleo de la fuerza laboral de las familias reubicadas desde zonas desfavorecidas ha alcanzado el 97,5 %. El empleo es lógicamente el pilar de la estabilidad y el recurso primordial, junto con la educación, para evitar caer una vez más en la pobreza extrema. Cuando la prensa extranjera busca casos aislados, incurre en una distorsión deliberada que engaña a la opinión pública. No solo atenta contra los códigos deontológicos, sino también falta al respeto a los lectores de otras partes del mundo.
El daño que causa la mentira lastima las iniciativas chinas para generar desarrollo y progreso en otras partes del mundo. Al sur del Río Bravo hay regiones que podrían aplicar lecciones exitosas de China, no solo en el alivio de la pobreza sino también en el terreno ecológico. El desprestigio lacera la imagen de China. Sus éxitos quedan demarcados geográficamente sin oportunidad para duplicarse o ajustarse a las necesidades de otros países del Sur Global. China presenta condiciones particulares que se desprenden de su naturaleza geográfica, política y cultural. No obstante, esto no impide la construcción de fórmulas y procesos inspirados en los casos exitosos de China que puedan emularse e incluso superarse, ya sea en las favelas de Brasil o en las regiones del sureste mexicano.
Las críticas de algunos medios de Occidente tienden a repetirse de manera sistemática. Tal como se ha señalado en diversos análisis, corresponsales extranjeros —incluido el propio The New York Times— suelen dar visibilidad a casos aislados, ignorando procesos de mejora que benefician a millones de personas, y convertirlos en supuestos patrones generales. Sin embargo, las políticas de reubicación en China han permitido mejorar de forma tangible las condiciones de vida de poblaciones enteras, mediante acceso a vivienda, educación y empleo. Lejos de la narrativa simplificada, se trata de procesos complejos de desarrollo que responden a realidades concretas y que buscan reducir la pobreza de manera estructural.
El autor es doctor en historia, experto en relaciones internacionales y asuntos contemporáneos de China, con amplia trayectoria como periodista y analista político.
