Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Castillo Abdul, Docente e Investigadora Senior, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología
Durante años, la alfabetización mediática ha sido considerada una competencia esencial para desenvolverse en entornos digitales. Consiste en aprender a identificar fuentes fiables, a contrastar información o detectar contenidos engañosos.
Sin embargo, en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial en los procesos de acceso, producción y circulación del conocimiento, el ecosistema informativo se ha transformado y las competencias citadas no son suficientes.
Tradicionalmente, los usuarios interactuaban con contenidos relativamente identificables, producidos por emisores reconocibles y bajo lógicas editoriales más o menos transparentes. Hoy, esa relación ha cambiado de forma sustancial. Cada vez con mayor frecuencia, los usuarios no acceden a información que deben interpretar, sino que interactúan con sistemas que la sintetizan, reorganizan y generan en tiempo real.
¿Por qué responde ChatGPT lo que responde?
Por ejemplo, hace algunos años una persona que quería informarse sobre vacunas, salud mental o alimentación saludable podía leer noticias en distintos medios digitales, consultar artículos científicos o comparar la opinión de expertos. El pensamiento crítico consistía en evaluar quién producía la información, desde qué medio se difundía y con qué intención.
Hoy, ese mismo usuario puede preguntarle directamente a ChatGPT o a otro sistema de inteligencia artificial: “¿Las vacunas son seguras?”, “¿Cómo sé si tengo ansiedad?” o “¿Qué dieta es mejor para mí?”. En pocos segundos recibe una respuesta clara, estructurada y aparentemente fiable. Sin embargo, muchas veces desconoce qué fuentes utilizó el sistema, qué información priorizó, qué datos omitió o qué sesgos pueden influir en la respuesta generada.
La diferencia es profunda: antes, el pensamiento crítico se dirigía principalmente al contenido; ahora también debe dirigirse al sistema que produce y organiza el conocimiento. De hecho, investigaciones recientes advierten que la creciente dependencia de sistemas de inteligencia artificial puede modificar la forma en que las personas evalúan información y toman decisiones, especialmente en ámbitos sensibles como la salud y el bienestar.
Un uso acrítico de la IA
Sabemos que el uso de la IA mejora la eficiencia en la producción de contenidos, pero también tiende a desplazar el juicio crítico hacia la confianza en el sistema, especialmente cuando los resultados se presentan de forma coherente y verosímil.
Este fenómeno se extiende más allá del ámbito educativo: la rápida adopción de estas tecnologías está transformando las dinámicas de acceso a la información, generando nuevos desafíos en términos de transparencia, equidad y gobernanza del conocimiento.
Entender la mediación algorítmica
La inteligencia artificial no solo facilita el acceso a la información, sino que interviene activamente en su construcción. Este cambio no es menor. Supone el paso de un modelo basado en la interpretación de contenidos a otro en el que la mediación algorítmica ocupa un lugar central. En este contexto, la fuente puede volverse más difusa, la autoría menos visible y la lógica de producción del conocimiento más opaca para los usuarios.
Por eso, la comprensión de los sistemas algorítmicos resulta tan relevante como la evaluación de los contenidos, y la alfabetización digital y mediática debe incluir la alfabetización en inteligencia artificial, un campo emergente que integra dimensiones técnicas, críticas y éticas.
¿Qué es la alfabetización en inteligencia artificial?
Dicha alfabetización va más allá de saber utilizar herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot. No se trata únicamente de aprender a escribir mejores instrucciones o de obtener respuestas más rápidas, sino de comprender cómo estos sistemas producen información, qué límites tienen y qué implicaciones sociales, éticas y cognitivas pueden generar.
En términos prácticos, una persona alfabetizada en IA debería ser capaz de comprender, al menos de forma básica, cómo funcionan los sistemas algorítmicos, qué papel desempeñan los datos en la generación de respuestas, por qué pueden aparecer sesgos o errores y cómo la automatización influye en la manera en que interpretamos la realidad y tomamos decisiones.
Nuevas competencias críticas
Esto implica desarrollar nuevas competencias críticas: cuestionar la aparente neutralidad de las respuestas generadas por IA, identificar cuándo una respuesta requiere verificación adicional, reconocer los riesgos de delegar excesivamente el pensamiento en sistemas automatizados y comprender que estas tecnologías no “piensan”, sino que producen resultados a partir de patrones y probabilidades.
Ahora mismo existe una brecha entre estas transformaciones y las prácticas educativas. Mientras se persigue que los estudiantes sean capaces de analizar contenidos y desarrollar competencias de alfabetización mediática e informacional, tal y como promueven organismos como la UNESCO y marcos educativos vinculados a la competencia digital, no siempre se les está proporcionando herramientas para comprender los procesos mediante los cuales esos contenidos son generados.
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Cómo se construye el conocimiento
Lo que está en juego ya no es únicamente una competencia digital, sino la capacidad de las sociedades para comprender quién organiza, prioriza y legitima el conocimiento en entornos cada vez más automatizados.
Los individuos pueden creer que toman decisiones plenamente informadas cuando, en realidad, dependen de sistemas cuya lógica interna no conocen. Esto no solo afecta la forma en que consumimos información, sino también la capacidad de las sociedades para participar críticamente en ámbitos como la salud, la política o la comunicación pública.
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Para que los ciudadanos alcancen esta alfabetización en IA, el aprendizaje debería comenzar progresivamente desde la escuela e integrarse de manera transversal en distintas etapas educativas y programas de formación ciudadana, no solo desde áreas tecnológicas, sino también desde materias vinculadas a la comunicación, la ética, las ciencias sociales y la ciudadanía digital.
La población adulta también necesita espacios de formación y divulgación que permitan comprender críticamente el funcionamiento de estas tecnologías, especialmente en ámbitos sensibles como la salud, la información política o la educación.
La responsabilidad no recae únicamente en los sistemas educativos. Gobiernos, universidades, medios de comunicación, plataformas tecnológicas y organismos internacionales también tienen un papel clave en el desarrollo de una ciudadanía capaz de interactuar críticamente con la inteligencia artificial. En un contexto donde los algoritmos participan cada vez más en la organización de aquello que vemos, pensamos y creemos saber, entender cómo funcionan deja de ser una competencia especializada para convertirse en una necesidad democrática.
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Bárbara Castillo Abdul no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Por qué entender la IA será tan importante como aprender a leer – https://theconversation.com/por-que-entender-la-ia-sera-tan-importante-como-aprender-a-leer-281933
