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El talento infantil en el deporte no se descubre: se entrena (también en el cerebro)

El talento infantil en el deporte no se descubre: se entrena (también en el cerebro)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Aurrekoetxea Casaus, Profesora Doctora en Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Deusto

Gorodenkoff/Shutterstock

Ronaldinho no empezó siendo Ronaldinho. Antes de convertirse en uno de los futbolistas más admirados de la historia fue un niño que jugaba en campos pequeños, improvisaba, repetía gestos, probaba regates que veía en partidos de la NBA ¿NBA?. Parecía ver el juego antes que los demás. Con apenas nueve años, en partidos infantiles, podía marcar seis goles y hacer que la grada se volviera loca. Desde fuera parecía talento puro. Pero la pregunta más interesante no es si nació con talento, sino qué condiciones hicieron posible que ese talento creciera.

Cuando un menor destaca se mira el resultado: los goles, la velocidad, la facilidad aparente. Sin embargo, detrás de todo esto suele haber muchas horas de juego, aprendizaje, contexto, confianza, repetición y libertad para crear. Ahí aparece la idea clave: el talento deportivo no solo se detecta, también se construye.

El talento también se hace

Durante la infancia y la adolescencia el cerebro mantiene una enorme capacidad de transformación. Es lo que la neurociencia llama neuroplasticidad: la posibilidad de reorganizar conexiones neuronales en respuesta a lo que vivimos y practicamos.

Eso significa que cuando un niño o una niña entrena no solo fortalece músculos o mejora la resistencia. También modifica circuitos cerebrales relacionados con la coordinación, la atención, la memoria y la toma de decisiones.

Con el entrenamiento físico se asocian cambios estructurales y funcionales en el cerebro, especialmente en áreas vinculadas al control cognitivo y motor.

Dicho de forma sencilla: la práctica deja huella en el cerebro.

¿Por qué el talento parece natural?

A menudo confundimos talento con facilidad inicial. Vemos a un menor que destaca y pensamos que nació con algo especial. En parte puede haber predisposiciones biológicas, pero también influyen otros factores. La lista es larga e incluye experiencias previas, juego libre acumulado, confianza, calidad del entrenamiento, maduración física o simplemente haber tenido más oportunidades.

Desde el estudio del desarrollo del talento se lleva años advirtiendo de que el rendimiento temprano no siempre predice el éxito posterior. Muchos sistemas de selección detectan mejor quién sobresale hoy que quién tiene mayor margen de crecimiento mañana..

Se necesita considerar el desarrollo longitudinal, desde la maduración hasta las múltiples dimensiones del rendimiento. Por eso, lo que parece talento espontáneo muchas veces es talento ya trabajado, aunque no lo hayamos visto.

El deporte también entrena la mente

Moverse bien no depende solo del cuerpo. También requiere recordar patrones, anticipar jugadas, controlar impulsos, cambiar de estrategia y mantener la atención bajo presión.

La práctica deportiva en menores y adolescentes mejora funciones ejecutivas como la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y el control inhibitorio. Es decir, entrenar también enseña al cerebro a pensar mejor en movimiento.

La actividad física regular se asocia con mejoras cognitivas y académicas en población escolar. Esto refuerza la idea de que moverse también beneficia al aprendizaje.

El error de las pruebas rápidas

Muchos sistemas deportivos siguen funcionando como si el talento pudiera detectarse en una mañana de pruebas. Se mide quién corre más rápido, quién salta más o quién rinde mejor ese día. El problema es que esas pruebas suelen captar el presente, no la evolución futura del deportista.

Un menor que madura antes puede parecer extraordinario a los diez años y normalizarse después. Otro que hoy pasa desapercibido puede explotar más tarde si encuentra el entorno adecuado.

Este fenómeno está relacionado con el llamado “efecto de la edad relativa”: en los sistemas deportivos organizados por año de nacimiento, quienes nacen cerca del inicio del periodo de selección suelen estar sobrerrepresentados en categorías competitivas, porque el talento infantil rara vez llega etiquetado.

¿Cómo se construye el talento?

Si el cerebro cambia con la práctica, entonces la pregunta importante no es quién destaca primero, sino qué entornos ayudan a crecer mejor. Serán aquellos donde haya variedad de experiencias motrices, entrenamiento progresivo, retroalimentación de calidad, descanso suficiente y apoyo emocional.

En fútbol, por ejemplo, se ha propuesto un modelo de “muestreo especializado”: practicar el deporte principal sin renunciar a otras experiencias motrices que enriquecen el aprendizaje y reducen la rigidez temprana de la trayectoria.

También importa algo menos visible: que el menor disfrute. Sin disfrute, la motivación cae. Y sin motivación, el aprendizaje se frena.

Entender el talento para familias y profesionales

Entender el talento como algo que podemos construir cambia muchas cosas. Reduce la ansiedad de pensar que todo se decide a los ocho años. Invita a mirar procesos en lugar de resultados inmediatos. Y recuerda que acompañar bien puede ser más decisivo que seleccionar pronto.

A veces llamamos talento a lo que en realidad es oportunidad bien acompañada. Aunque la pregunta quizá, no sea: “¿Tiene talento?”. Quizá sea otra: “¿Estamos creando el entorno adecuado para que pueda desarrollarlo?”

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El talento infantil en el deporte no se descubre: se entrena (también en el cerebro) – https://theconversation.com/el-talento-infantil-en-el-deporte-no-se-descubre-se-entrena-tambien-en-el-cerebro-282304

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