Source: The Conversation – (in Spanish) – By Diego Paniagua Martín, Lingüista clínico | Experto en Competencia Lingüística y disCapacidad, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja
Marcos, un adolescente bilingüe que crece entre dos idiomas y dos formas distintas de enfrentarse a la lectura, sigue el ritmo con relativa normalidad en clase de Lengua y Literatura: lee despacio y comete algunos errores, pero comprende los textos y participa sin demasiadas dificultades. En Inglés, sin embargo, duda ante palabras frecuentes, pierde el hilo de la lectura y tarda mucho más que sus compañeros en escribir o descifrar frases aparentemente sencillas. Además, cuando le piden que lea en voz alta, baja la mirada incluso antes de que llegue su turno.
Este tipo de situaciones desconcierta a muchas familias y docentes. ¿Cómo puede alguien desenvolverse relativamente bien en un idioma y experimentar importantes dificultades en otro? ¿Puede la dislexia manifestarse de forma diferente según el idioma?
Lejos de ser anecdóticas, ambas preguntas aparecen cada vez con más frecuencia en contextos bilingües y multilingües. Plantean una cuestión central para la investigación actual: hasta qué punto las dificultades asociadas a la dislexia dependen no solo del cerebro que lee, sino también del sistema de escritura que ese cerebro intenta descifrar.
¿Idiomas que hacen más visible la dislexia?
La idea de que una persona pueda presentar dislexia en inglés, pero no en español, puede parecer contradictoria. Sin embargo, la evidencia científica actual apunta a que las dificultades asociadas a ese trastorno del aprendizaje pueden hacerse mucho más visibles en unos idiomas que en otros. Aunque la dislexia tiene una base neurobiológica –es decir, relacionada con la forma en que el cerebro procesa el lenguaje escrito–, sus manifestaciones también pueden variar según las características del sistema de escritura de cada lengua.
Esto es así porque no todos los idiomas presentan el mismo grado de regularidad en la relación entre letras y sonidos: justamente esta relación es la que el aprendizaje de la lectura automatiza. En inglés, por ejemplo, los mismos grupos de letras pueden sonar de formas muy diferentes (drought o brought no se pronuncian de la misma manera, al igual que mint, lint y hint se pronuncian de modo diferente a pint), lo que puede aumentar la complejidad del aprendizaje lector.
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Relación con la escritura
Estas diferencias no solo afectan a la lectura, sino también a la forma en que se aprende a escribir. La neurocientífica Taeko Wydell ha señalado que en sistemas de escritura como el japonés, en los que el aprendizaje combina repetición motora y pronunciación oral de los caracteres, algunas dificultades pueden manifestarse de manera diferente.
En este sentido, casos documentados de estudiantes bilingües que presentan dificultades en inglés, pero no en japonés, han contribuido precisamente a cuestionar la idea de una dislexia idéntica en todos los idiomas.
Idiomas transparentes y no tan transparentes
En la misma línea, un estudio reciente con adultos bilingües en galés e inglés con dislexia demostró que mostraban un perfil lector diferente al de los hablantes monolingües en inglés. Los participantes bilingües presentaban menores dificultades en tareas relacionadas con el procesamiento fonológico y la lectura de pseudopalabras (palabras inventadas utilizadas para evaluar el procesamiento de los sonidos del lenguaje), probablemente porque el galés posee una ortografía mucho más consistente, o transparente, que el inglés.
Como hallazgo principal, los autores concluyeron que aprender a leer simultáneamente en una lengua consistente, o transparente, y en otra inconsistente, o no tan transparente, puede modificar las estrategias lectoescritoras y alterar la forma en que se manifiestan las dificultades asociadas a la dislexia.
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De hecho, revisiones científicas actuales señalan que algunas dificultades, como la velocidad de acceso a los sonidos del lenguaje o ciertas alteraciones en la fluidez lectora, tienden a mantenerse relativamente estables entre idiomas. Sin embargo, otras dificultades dependen mucho más de las características ortográficas de cada uno, lo que explica que estas diferencias puedan resultar más visibles en unos sistemas de escritura que en otros.
Cuando la dislexia pasa desapercibida
En idiomas consistentes como el español (es decir, en los que los sonidos de las letras y sus combinaciones se mantienen casi siempre regulares), muchas personas consiguen leer con relativa exactitud desde edades tempranas. Sin embargo, esa aparente normalidad puede resultar engañosa.
Aunque la lectura les exige más tiempo, más concentración y un mayor desgaste cognitivo, desde fuera puede parecer funcional. Sin embargo, tal y como se lleva documentando desde hace años en numerosas investigaciones, esto no significa que el problema desaparezca sino que, a menudo, logran compensar parcialmente estas dificultades durante años, lo cual explica que algunos alumnos obtengan buenos resultados académicos y, aun así, experimenten una enorme fatiga lectora.
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No obstante, la situación cambia cuando estos estudiantes se enfrentan a ortografías más inconsistentes. Diversos estudios con personas bilingües indican que las dificultades tienden a hacerse más evidentes en idiomas ortográficamente más irregulares. Esto ocasiona que comiencen a aparecer errores que antes parecían inexistentes y que lleguen a desarrollar estrategias compensatorias diferentes dependiendo de las características ortográficas de cada uno.
Por ello, no es extraño que algunos casos de dislexia se detecten precisamente durante el aprendizaje de un segundo o tercer idioma dado que, en realidad, no “aparece” de repente sino que, simplemente, determinadas características lingüísticas hacen mucho más visibles dificultades previas.
Idiomas que esconden frente a idiomas que revelan
Llegados hasta aquí podemos reconocer que la pregunta inicial encerraba una idea engañosa: pensar que la dislexia pertenece a un idioma concreto.
La dislexia tiene una base neurobiológica relacionada con el procesamiento del lenguaje, pero sus manifestaciones dependen también de las características del sistema de escritura al que se enfrenta cada lector. Por eso, una persona puede parecer un lector competente en español y experimentar importantes dificultades en inglés. No porque sea disléxico solo en inglés, sino porque algunos idiomas actúan como una lupa sobre dificultades que hasta ese momento permanecían parcialmente ocultas, mientras que otros consiguen disimularlas durante años.
Y quizá esa sea una de las ideas más importantes que aporta la investigación actual: comprender la dislexia no implica únicamente entender cómo funciona el cerebro lector, sino también cómo este interactúa con los distintos idiomas que este aprende a descifrar.
En definitiva, entender cómo interactúan el cerebro y el lenguaje escrito en cada idioma no solo ayudará a desmontar futuros y pasados mitos, sino también a mejorar la respuesta educativa en aulas cada vez más diversas lingüísticamente.
Diego Paniagua Martín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. ¿Se puede tener dislexia en un idioma y en otro no? – https://theconversation.com/se-puede-tener-dislexia-en-un-idioma-y-en-otro-no-280828
