Post

Keir Starmer dimite: ¿puede alguien mantenerse en el cargo de primer ministro en la Gran Bretaña actual?

Keir Starmer dimite: ¿puede alguien mantenerse en el cargo de primer ministro en la Gran Bretaña actual?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nicholas Dickinson, Lecturer in Politics, University of Exeter

Keir Starmer ha dimitido como líder del Partido Laborista y, por lo tanto, con el tiempo, como primer ministro del Reino Unido. Al final, a pesar de sus numerosas garantías de que seguiría luchando, tras la contundente victoria de Andy Burnham en las elecciones parciales de Makerfield, la presión sobre Starmer se volvió insostenible. Esto le convierte en el sexto primer ministro británico que dimite en una década.

La causa inmediata de su decisión fue el colapso definitivo del apoyo con el que contaba en el partido y en el Consejo de Ministros, tal y como se puso de manifiesto en conversaciones privadas mantenidas durante el fin de semana. Al exponer sus planes, Starmer ha evitado la avalancha de dimisiones que derrocó a los primeros ministros conservadores Boris Johnson y Liz Truss.

El objetivo general parece ser una transición más ordenada –“con buen espíritu”– que las vividas bajo los recientes gobiernos conservadores. Sin embargo, su emotiva declaración, en la que reflexiona sobre su paso por el cargo más alto, deja ver a un líder que sabe que ha fracasado.




Leer más:
Starmer entra en acción: ¿cumplirá con los retos de la salud, la inmigración y el sistema penitenciario?


Starmer no gozaba de popularidad el día antes de entrar en el número 10 de Downing Street. En vísperas de las elecciones generales de 2024, su índice de satisfacción neta según Ipsos se situaba en numeros negatigarivos: -21. Se trataba de un mínimo histórico para un primer ministro entrante. Mientras que el 31 % de la población se mostraba satisfecha con su actuación, el 52 % decía estar insatisfecha, lo que supuso la primera vez que un líder conseguía una mayoría parlamentaria con un índice de aprobación significativamente negativo.

Sin embargo, en el contexto de la política británica desde el referéndum sobre el Brexit, estas cifras no parecían nada inusuales. El predecesor de Starmer, Rishi Sunak, inició la campaña de 2024 con una puntuación neta de satisfacción de -56, según YouGov.

En aquel momento, sostuve que Starmer probablemente experimentaría un repunte de popularidad tras haber logrado, de hecho, la victoria del Partido Laborista tras 14 largos años.

En 1997, Tony Blair disfrutó de una luna de miel sin precedentes con índices de satisfacción que se dispararon hasta el +60 en los meses posteriores a su victoria. Incluso David Cameron vio cómo su índice de aprobación se disparaba a +21 poco después de formar la coalición en 2010. El cargo de primer ministro suele conferir un halo de competencia a su nuevo titular.

La popularidad de Starmer mejoró, efectivamente. Pero solo hasta alcanzar una especie de tibia neutralidad. Inmediatamente después de las elecciones, su índice de favorabilidad neta subió a +3 en la primera encuesta postelectoral de Opinium, mientras que YouGov registró una recuperación igualmente rápida hasta alcanzar, más o menos, el punto de equilibrio. A diferencia de la euforia sostenida de los años de Blair, el “repunte” de Starmer fue, en términos absolutos, una recuperación superficial que apenas le permitió salir a flote antes de que la marea volviera a cambiar.

Al mismo tiempo, a juzgar por su mayoría, parecía encontrarse en una posición inexpugnable. Sin embargo, lo mismo podría haberse dicho (y, de hecho, se dijo) de Boris Johnson. Tras las elecciones de 2019, se hablaba de que los conservadores se aseguraban una “década de dominio”, argumentando que el reajuste estructural del “muro rojo” había creado una mayoría conservadora casi permanente que mantendría al Partido Laborista fuera del poder hasta la década de 2030. Al final, Johnson fue destituido poco más de tres años después y ahora se habla de la extinción de los conservadores.

Un patrón peligroso

¿En qué falló Starmer? Paradójicamente, la respuesta podría encontrarse en el destino de su predecesor al frente del Partido Laborista. El historial de Jeremy Corbyn se asemeja ahora al de Starmer. Entre 2017 y 2019, la popularidad personal de Corbyn se desplomó desde un competitivo -11 durante la campaña de 2017 a un desastroso -44 en el momento de su derrota de 2019. Para entonces, la ambigüedad estratégica que en su día mantuvo unida a su coalición se derrumbó bajo la presión del Brexit.

El ascenso y la caída de Starmer se prolongaron casi exactamente el mismo tiempo. Y se debieron a una serie de razones que resulta incómodo admitir tanto para un bando como para el otro de la división ideológica del Partido Laborista. Tanto en el periodo 2017-2019 como en el 2022-24, la frágil ventaja del Partido Laborista en las encuestas se debió menos al entusiasmo por la oposición y más al colapso de la competencia del Gobierno.

Tal y como ilustran los datos de la “victoria aplastante y sin entusiasmo” de 2024, el Partido Laborista obtuvo alrededor del 64 % de los escaños con solo el 34 % de los votos, la proporción más baja de cualquier gobierno mayoritario de la historia.

Al igual que Corbyn se vio acorralado en 2019 por el Partido del Brexit, de derecha populista, y por el Partido Liberal Demócrata, de centro y proeuropeo, debido a su postura moderada sobre la salida de la UE, Starmer se enfrentó a una maniobra de pinza similar a mediados de la década de 2020. Por un lado, Reform UK erosionó el voto laborista en los bastiones postindustriales; por otro, el Partido Verde y los independientes pro-Gaza se dirigieron con éxito a los progresistas urbanos. Los Verdes acabaron cuadruplicando su número de diputados en 2024 y los candidatos independientes lograron victorias históricas en los bastiones laboristas.

Los resultados electorales del Partido Laborista mientras estaba en el Gobierno reflejaron esta situación: derrotas en elecciones parciales tanto frente a Reform UK como frente a los Verdes. A esto hay que sumar los desastrosos resultados de las elecciones locales en Inglaterra, y sin conseguir desbancar a un Partido Nacional Escocés en apuros y plagado de escándalos al norte de la frontera.

Como no podía ser de otra manera, esta última dimisión se produjo casi exactamente diez años después del referéndum sobre el Brexit de 2016. No nos equivoquemos: las divisiones creadas y consolidadas a raíz de la salida de la UE siguen estando en el centro de la política británica, aunque mucha gente haya olvidado los detalles de aquella controversia.

Como ha argumentado recientemente el profesor de la Universidad Queen Mary de Londres Tim Bale, la política británica se entiende mejor como un ejemplo de polarización en dos bloques. Los votantes están encasillados en amplios bandos basados en la identidad, y la postura respecto al Brexit es la variable subyacente clave. Sin embargo, esta realidad queda oculta por el hecho de que estos bloques están fragmentados internamente y solo ocasionalmente abordan el tema de forma directa.

Aunque los votantes puedan unirse ocasionalmente contra un enemigo común, siguen profundamente divididos en otros aspectos de la política, lo que deja a líderes como Starmer (o Corbyn, para el caso) intentando mantener unida una coalición que es como un castillo de arena y que se desmorona en cuanto sube la marea.

The Conversation

Nicholas Dickinson no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Keir Starmer dimite: ¿puede alguien mantenerse en el cargo de primer ministro en la Gran Bretaña actual? – https://theconversation.com/keir-starmer-dimite-puede-alguien-mantenerse-en-el-cargo-de-primer-ministro-en-la-gran-bretana-actual-285841

MIL OSI – Global Reports