Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish
.china.org.cn | 01. 07. 2026
Foto: Xinhua
Por Mauricio Castellanos
Cuando la nación china se fija una meta, cuando emprende un proyecto, cuando tiene un sueño, existe una alta probabilidad de que lo logre, y de que lo haga bien. La historia abunda en ejemplos: La fundación de una república socialista, la derrota de los invasores japoneses y occidentales, el ingreso del país a la Organización Mundial del Comercio, posarse sobre la superficie de la Luna, devolver a China al lugar que le corresponde en el escenario mundial…
Cuando, el 23 de julio de 1921, un pequeño grupo de hombres se reunió clandestinamente en Shanghai para celebrar el primer Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh), ellos tenían un proyecto, una meta, un sueño, y hoy, 105 años después, estos se siguen cumpliendo, consolidando el bienestar del pueblo chino y despertando admiración en el resto del mundo.
Explicar por qué un partido político al frente de un país con 1.400 millones de personas sigue existiendo y teniendo éxito después de un siglo de su conformación y de casi 80 años de haber fundado ese país pareciera difícil, pero la razón es, en realidad, sencilla: El Partido es el pueblo mismo.
No es tan fácil, en cambio, explicar el cómo, ya que el proceso, especialmente en sus inicios, fue complejo, toda vez que, para la época, el país se encontraba inmerso en guerras internas y externas, parcialmente invadido, era pobre y tenía la moral por el suelo.
Este coctel nocivo permitió al pueblo entender que las prioridades del Gobierno de entonces no estaban con él y le llevó a cerrar filas en torno al PCCh, dotándolo de la legitimidad y la fuerza que requería para hacerse con el control del país y enderezar su rumbo.
Tras la heroica gesta que supuso poner la casa en orden, el Partido pudo, por fin, poner manos a la obra. Con esfuerzo y dedicación fue construyéndose, fue nutriéndose de la fuerza y el talento del mismo pueblo para convertirse en una institución robusta, capaz de satisfacer las necesidades de su gente y también de hacerle entender al mundo que las cosas ya no eran como antes, que al hablar con la República Popular China había que hacerlo con respeto y mirándola a los ojos y no por encima del hombro.
Poco a poco, aplicando el método de ensayo y error, estudiando la milenaria historia del país, dando al socialismo características chinas, evaluando y adoptando a la realidad nacional los aspectos útiles de los sistemas occidentales, el PCCh empezó a guiar a China hacia la cumbre.
Con la implementación de una economía de mercado socialista como alternativa al neoliberalismo ciego de Occidente, China tomó velocidad y pronto se estableció como un jugador vital para la estabilidad económica del mundo.
La eficaz integración del aparato estatal con el sector privado de la economía le dio al país la posibilidad de alimentar su crecimiento, generar empleo, dar a la gente la oportunidad de vivir una vida cómoda, segura y feliz y negociar con el mundo.
De allí a la cúspide el viaje ha sido rápido. En 2010, China se convirtió en la segunda economía más grande del planeta; su programa espacial, joven, en comparación con los otros actores, ya ha logrado hitos como ejecutar caminatas espaciales, establecer una estación espacial y traer a la Tierra muestras de la cara lejana de la Luna, y su plan de llegar hasta Marte avanza a paso firme.
El año 2021, el del centenario del Partido, también dejó una huella imborrable en la historia del país y de la humanidad cuando el secretario general, Xi Jinping, declaró la victoria absoluta en la lucha contra la pobreza, que sacó a 800 millones de personas de la miseria en menos de 70 años, lo que a la vez aportó más del 70 por ciento de la reducción de la pobreza global durante dicho período.
En lo tecnológico, el país ya es potencia, una potencia responsable que impulsa buena parte de su aparato productivo con energía limpia, que lidera en la producción de vehículos eléctricos para consumo interno y externo, y que comparte su conocimiento y experiencia con quienes quieran cooperar con él en pie de igualdad, y, especialmente, con los demás integrantes del Sur Global.
Aparte de esto, de la mano del Partido, China se está constituyendo también en una potencia diplomática. En momentos en que quienes acostumbran mostrarse como abanderados de la libertad y la justicia patean la mesa y echan por la borda en minutos logros alcanzados con gran esfuerzo a lo largo de varias décadas, China se comporta como el adulto responsable y brinda al mundo un polo de estabilidad, de certidumbre, de predictibilidad, que le está ayudando a sobreaguar el duro momento actual.
Hoy, el PCCh llega a sus 105 años lleno de vitalidad, de la vitalidad que le imprimen el pueblo con su trabajo duro y la certeza de estar haciendo las cosas bien, esforzándose a plenitud para concretar la modernización china, una modernización centrada en el pueblo y de la que el pueblo es protagonista.
Un partido diferente, efectivo, honesto, no de aquellos que solo se acercan al pueblo en época de elecciones en busca de votos y luego le dan la espalda y se dedican a trabajar para sí mismos y para unos pocos, sino que existe y trabaja con el pueblo y por y para el pueblo; un partido hecho a la medida del país en el que nació y que evoluciona a la par con este y con el mundo para seguir cumpliendo su misión.
Una paradoja de la historia, un partido político cuya primera reunión se hizo a escondidas en una casa de la concesión francesa en Shanghai, prácticamente en “territorio francés”, si bien en suelo chino; 105 años después, el Partido Comunista de China y toda la nación china, plenos de orgullo, perfectamente a cargo de todos los asuntos de su país, dueños de cada centímetro de su territorio, trabajan con denuedo para alcanzar una nueva meta, concretar un nuevo proyecto, cumplir un nuevo sueño. Siempre lo han logrado, y lo han hecho bien; no hay razón para pensar que esta vez será diferente.
