Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Alvarado, Associate professor, Universidade de Vigo

El Mundial de fútbol 2026, que comenzó el 11 de junio en Estados Unidos, México y Canadá, es el mayor torneo de selecciones jamás organizado: 48 equipos, 104 partidos y 16 ciudades sede, con ingresos previstos de 13 000 millones de dólares para la FIFA. Y, sin embargo, los hoteles de las ciudades sede declaran reservas por debajo de las previsiones y 180 000 entradas quedaban sin vender dos días antes del inicio.
Mientras el mundo registraba en 2025 un incremento del turismo del 4 %, las llegadas a Estados Unidos caían un 5,4 %. Los Travel bans, requisitos ampliados de visado y controles en frontera que definen la política migratoria de Trump, disuaden a los visitantes que el torneo debiera atraer.
En contraposición a la coerción del hard power –poder duro o de mano dura–militar y económico, el concepto de soft power –poder blando– fue acuñado por el geopolitólogo estadounidense Joseph Nye para describir la capacidad de un Estado de influir en otros mediante valores, cultura e instituciones.
Los grandes eventos deportivos han sido uno de sus instrumentos más eficaces. Rusia en 2018 y Catar en 2022, a pesar de sus contradicciones en materia de derechos humanos, buscaban proyectar una imagen de países modernos y legitimarse internacionalmente. Días antes de fallecer, en mayo de 2025, Nye explicaba: “Si piensas en el poder como palos, zanahorias y miel, Trump deja de lado la miel”. El Mundial 2026 lo confirma: el país anfitrión no quiere resultar atractivo y prefiere exhibir su dominio. Es la política del espectáculo, una forma de poder que no convence, sino que impresiona.
La captura de la institución
El modelo tiene en Gianni Infantino uno de sus operadores más visibles. El presidente de la FIFA llegó al cargo en 2016 prometiendo transparencia tras el Fifagate, el mayor escándalo de corrupción de la institución, y ha construido desde entonces un sistema de poder personal sin contrapesos efectivos.
Lo que la ciencia política identifica como personalist rule –gobierno por acumulación de lealtades individuales, no por procedimientos institucionales– define con precisión el estilo Infantino: remunera a 211 federaciones nacionales mediante el programa Forward y las fideliza, vacía los órganos de control independientes y no rinde cuentas ante ningún mecanismo democrático real. La captura institucional –proceso por el que una organización pierde su mandato original para servir a intereses de quienes la controlan– es completa.
La secuencia de países anfitriones bajo su mandato traza una línea coherente. Putin en 2018, el emir Al-Thani en 2022, Trump en Estados Unidos 2026, Mohammed bin Salman en Arabia Saudí 2034. La edición de 2030, compartida entre España, Portugal y Marruecos, refina el patrón. Mohamed VI obtiene la legitimidad que anhela asociándose a dos democracias consolidadas, un mecanismo de lavado deportivo más sofisticado que el modelo de anfitrión único.
Infantino se apoya en su red clientelar de federaciones, que son también quienes lo reeligen y aseguran su permanencia en el cargo. Actúa como cortesano que no defiende los derechos de los aficionados, ni los de los equipos, ni los del propio fútbol. El lavado deportivo no es un efecto residual del sistema. Es su lógica central.
Infantino y Trump, dos grandes amigos
La convergencia entre Infantino y Trump desborda el cálculo táctico. Elegidos ambos en 2016, comparten el desprecio por los mecanismos de control independiente y la fascinación por el poder personalista. El primero asistió a la investidura del presidente estadounidense en enero de 2025, le acompañó a la cumbre de paz de Sharm el-Sheij (Egipto) en octubre, como único participante sin responsabilidad política entre 20 jefes de Estado, y creó el “Premio FIFA a la Paz” para entregárselo al presidente en diciembre, en una ceremonia sin criterios públicos ni jurado independiente.
El exfutbolista, exentrenador y dirigente deportivo francés que desde 2007 hasta 2015 fue presidente de la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA), Michel François Platini, que presentó denuncia penal contra Infantino por tráfico de influencias, trazó su perfil con una frase: “Ama a los ricos y poderosos, a los que tienen dinero”.
La FIFA ocupa hoy espacios que antes correspondían al sistema multilateral: presencia en ceremonias diplomáticas de primer nivel, imposición de normas a sus federaciones nacionales e incluso mediación implícita entre Estados en conflicto. Es un actor no estatal con funciones cuasi-soberanas que opera sin elecciones, sin separación de poderes y sin rendición de cuentas, llenando el vacío dejado por el declive del multilateralismo formal.
Simon Chadwick, de la Emlyon Business School, sostiene que esa posición monopolística le permite adjudicar el torneo a cualquier régimen sin que el sistema pueda impedirlo. Es el multilateralismo privatizado, donde las reglas las dicta quien controla el entretenimiento, no quien tiene un mandato democrático.
Del fascismo al trumpismo
El doble rasero geopolítico es la expresión coherente de ese sistema, no un fallo de gobernanza. Rusia fue suspendida cuatro días después de invadir Ucrania, en febrero de 2022, pero la FIFA guardó silencio ante los bombardeos israelíes en Gaza. Cuando la administración Trump declaró la presencia de Irán “no apropiada”, violando sus propios estatutos, la selección iraní fue desplazada de su campo base en Arizona a Tijuana, con permiso de entrada al país anfitrión de 24 horas por partido y 11 miembros de su cuerpo técnico sin visado.
Al ser eliminados, el seleccionador Amir Ghalenoei lo resumió en una frase: “El país anfitrión nos trató de forma muy injusta”. Infantino había visitado el vestuario iraní prometiendo soluciones que nunca llegaron.
Mussolini utilizó la Copa del Mundo de 1934 para proyectar el fascismo italiano ante la opinión internacional; Hitler, los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 con idéntico propósito; la junta argentina, el Mundial de 1978, mientras en la Escuela de Mecánica de la Armada, el principal centro de detención de la dictadura, a un kilómetro del estadio, se torturaba.
Trump llega al torneo con una aprobación del 37 %, un acuerdo con Irán que sus propios aliados interpretan como humillación y más de 700 resoluciones judiciales bloqueando sus decretos. El Mundial inaugura un verano diseñado como espectáculo continuo: combates de MMA en la Casa Blanca, un Grand Prix y los actos del 250 aniversario de la independencia, todos alrededor de la figura de Trump.
El fútbol y el desorden mundial
En un mundo donde el orden multilateral basado en normas e instituciones compartidas cede ante potencias que rechazan sus principios, la FIFA ocupa un lugar singular. No representa a ningún bloque geopolítico, pero los países a los que ha adjudicado su principal torneo revelan una afinidad estructural con regímenes que anteponen el espectáculo al escrutinio y el beneficio a la rendición de cuentas.
Varios expertos en relaciones internacionales identifican esta dinámica como la “nueva guerra fría del deporte”, una contienda no entre bloques ideológicos fijos, ni entre modelos de gobernanza, sino entre quienes exigen transparencia institucional y quienes la rechazan y convierten los estadios en teatros de expresión de poder.
El “Mundial más inclusivo de la historia”, eslogan oficial de la FIFA, es el más restrictivo en términos de acceso real. Haití se clasificó por primera vez en más de cincuenta años, pero el Travel ban de Trump impide que el grueso de sus aficionados accediera al país.
Por otra parte, la entrada más barata para la final alcanzó 4 185 dólares en la venta general de diciembre, más de siete veces el precio de Catar 2022. Football Supporters Europe y Euroconsumers presentaron en marzo una denuncia formal ante la Comisión Europea por abuso de posición dominante, precios abusivos, publicidad engañosa y opacidad.
En suma, la FIFA administra el espectáculo que media humanidad contempla sin rendir cuentas ante gobiernos, parlamentos o aficionados. El problema no es de gobernanza deportiva. Es de desorden mundial.
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David Alvarado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Mundial de 2026: cómo la FIFA ha convertido el evento deportivo en una herramienta del poder autoritario – https://theconversation.com/mundial-de-2026-como-la-fifa-ha-convertido-el-evento-deportivo-en-una-herramienta-del-poder-autoritario-285974
