Source: The Conversation – (in Spanish) – By Estanislao Nistal Villán, Virólogo y profesor de Microbiología de la Facultad de Farmacia, Universidad CEU San Pablo
Entender la inflamación y, sobre todo, cómo modularla es uno de los grandes retos médicos de nuestra época. Su papel como primera línea de defensa es clave: la presencia de agentes infecciosos desencadena una respuesta inflamatoria que, además de entorpecer la entrada de virus y bacterias, funciona como llamada de socorro, atrayendo a otros componentes de nuestro sistema de alerta inmunitario.
Entonces, ¿cuál es el problema con la inflamación? Pues el problema se produce cuando nuestro organismo se pasa de frenada y produce una inflamación tan sobredimensionada que se convierte en perjudicial. De hecho, su regulación deficiente tiene un papel central en varios procesos patológicos.
Un ejemplo reciente de su relevancia la encontramos en la pandemia de covid-19, donde la enfermedad se agrava, no tanto por el virus como tal, sino por nuestra respuesta inflamatoria frente a él. Los tratamientos eficaces aplicados a estos enfermos más graves incluían inhibidores que controlan la sobreinflamación asociada a la infección.
El control adecuado de la inflamación resulta esencial no solamente en la lucha frente a las infecciones, sino también en inmunoterapia, en la batalla contra el cáncer o en los tratamientos frente a enfermedades autoinmunes. Además, un mal control de la inflamación puede relacionarse también con enfermedades coronarias, inmunosenescencia –envejecimiento celular– o la neurodegeneración asociada al alzhéimer y al párkinson.
STING, la proteína que puede acelerar o poner freno a la inflamación
Una de las piezas del control adecuado de la inflamación es la proteína STING. Se localiza en el retículo endoplasmático de nuestras células, y puede ser regulada de múltiples formas.
La activación de STING tiene un carácter dual. En oncología, su pronóstico varía según el tipo de cáncer. En procesos infecciosos, puede ofrecer protección o desencadenar una respuesta exacerbada, según el virus y el estado previo del paciente. Algunas mutaciones en STING son también las responsables de interferonopatías, un tipo de enfermedades inflamatorias crónicas raras especialmente relevantes en niños.
Entender qué factores activan (inductores) o reprimen (inhibidores) la activación de STING resulta esencial para poder prevenir la inflamación o controlarla en el contexto de una enfermedad.
¡Alarma! Material genético fuera de lugar
La función más estudiada de STING es su papel como activador de la inflamación al detectar ADN fuera de su sitio. El ADN contiene las instrucciones esenciales para que nuestras células funcionen correctamente, por lo que se guarda con celo en el núcleo de la célula. Es como si ese núcleo fuera una biblioteca histórica que custodia libros de gran valor. Cuando la célula necesita usar esa información, hace cuidadosamente una copia del original —en forma de ARN— y solo esa “fotocopia” tiene permiso para salir. Así se protege el valiosísimo texto original.
Por eso, si aparece un libro de ADN fuera de la biblioteca, indica que algo va muy mal. O bien las instalaciones han sufrido un daño grave, o bien un virus o una bacteria está intentando “colar” sus propios libros para provocarnos una enfermedad. Y ahí es donde STING da la voz de alarma para avisar del peligro.
Cuando el calcio en las células se desequilibra, puede indicar peligro
Sin embargo, en un reciente estudio comprobamos que hay otras formas de activar STING. Concretamente, un aumento en el calcio en el citoplasma celular, unido a la estimulación del estrés en el retículo endoplásmico, puede activar una respuesta antiviral e inflamatoria a través de STING sin que sea necesaria la detección de ADN.
Este mecanismo de activación no canónica de STING muestra que, aparte de ser un especialista como equipo de seguridad que detecta el ADN fuera de sitio, puede actuar también como una plataforma inflamatoria compleja y diversa. Es capaz de detectar más estados de estrés celular y actuar en consecuencia.
El desequilibrio del calcio intracelular y la producción del estrés en retículo endoplásmico ocurre en múltiples procesos biológicos y enfermedades, desde la activación del sistema inmune durante el cáncer hasta las infecciones. Si pensamos en la célula como un restaurante de alta cocina, el calcio jugaría el papel de una especia potentísima, como la pimienta de cayena. Una pizca minúscula añadida en el momento justo realza el plato, pero si nos pasamos de especia, podemos arruinarlo.
Cuando en la cocina hay un accidente o una crisis y la pimienta se vuelca por completo sobre la comida, sobrecondimentar de calcio hace que el plato sea tan sumamente tóxico que el chef se ve obligado a tirarlo a la basura. Del mismo modo, una sobrerreacción del estrés celular inducido por el calcio puede conducir a las células a la muerte.
Para hacer que la respuesta inmune funcione mejor se necesita esa “pizca de gracia” que aporta una activación controlada de la inflamación. La activación de STING mediada por calcio puede estar detrás de una mejor protección frente a infecciones o procesos inflamatorios autoinmunes.
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Estanislao Nistal Villán recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación a través del proyecto PID2023-150116OB-I00.
Sergio Rius Rocabert recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación a través del proyecto PID2023-150116OB-I00.
– ref. STING y el sutil arte de inflamar: por qué controlar la respuesta inmune es tan importante como activarla – https://theconversation.com/sting-y-el-sutil-arte-de-inflamar-por-que-controlar-la-respuesta-inmune-es-tan-importante-como-activarla-283497
