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¿Quiénes son ‘elles’? Género, gramática e inclusión

¿Quiénes son ‘elles’? Género, gramática e inclusión

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Bravo, Profesor del Departamento de Lengua Española y Lingüística General, Universidad de Murcia

Andrey_Popov/Shutterstock

El lenguaje inclusivo –aquella forma de comunicar que busca incluir o visibilizar por razones de sexo– es motivo de debate frecuente entre quienes consideran necesario modificar las palabras que usamos para adaptarlas a una realidad cambiante y quienes defienden la corrección y el uso consensuado a lo largo de siglos de evolución.

Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra.

Así empezaba el microrrelato del escritor argentino Julio Cortázar Por escrito gallina una, en el que la sintaxis del español se contorsiona en boca de una gallina, tras ser alcanzada por un cohete. Y lo mismo podrían exclamar los defensores del uso del lenguaje inclusivo: ¡Hurra! Porque, a través de los sustantivos colectivos (alumnado, profesorado, el gobierno) y de los desdobles (juezas y jueces, azafatas y azafatos), este lenguaje inclusivo se promueve y defiende desde los poderes públicos.

Sin embargo, en ocasiones, el uso inclusivo del lenguaje se enfrenta a situaciones contradictorias. Por ejemplo, la aparición del morfema -e en sustantivos, adjetivos, artículos y pronombres. Este morfema, aunque se haya creado de la nada y sea muy reciente, es correcto gramaticalmente pero admite dos usos diferentes, con significados también diferentes y, aparentemente, excluyentes.

¿Neutro o no binario?

El primero de los usos lo vemos en las estructuras de desdoble, como en la afirmación de la exministra de Igualdad del Gobierno de España Irene Montero: “Todos los niños, niñas y niñes tienen derecho a ser quienes son”. O en el socarrón “azafatas, azafatos y azafates” del escritor y académico de la lengua Arturo Pérez Reverte. En estos casos, la -o hace referencia a las personas de sexo masculino, la -a a las personas de sexo femenino y la -e a las personas de género no binario. Y así debe interpretarse también en la frase “Eso lo opinan ellos, ellas y también elles”.

El segundo uso lo vemos en:

“Y recuerden amiguites: no estamos confundides, estamos muy segures” (…) “Así mismo queremos convocar a les colegues de toda la provincia de Buenos Aires”. (Ejemplos provenientes de las redes sociales).

La -e aquí ya no se refiere a personas de género no binario sino que se utiliza con intención inclusiva: comprende a colegas del sexo masculino y femenino. Lo que no podemos saber es si, además, comprende a personas de género no binario, aunque esto sea secundario.

¿Qué está pasando? Como vemos, el morfema -e ha desarrollado dos valores incompatibles entre sí: permite referirse a personas del género no binario, pero también a cualquier persona, sin diferenciar por el sexo, por lo que también suele entenderse como género neutro. El primero es un uso exclusivo. El segundo es un uso inclusivo. De aquí se derivan dos problemas, uno comunicativo y otro social.




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Un problema comunicativo y uno social

El problema comunicativo se manifiesta cuando no sabemos con cuál de los valores se está utilizando y, por lo tanto, no podemos estar seguros de lo que se dice. Es lo que sucede con el título La política de todes.

En plural es más frecuente el significado inclusivo, es decir, hace referencia a cualquier persona independientemente del sexo biológico; pero la línea de la editorial en la que este libro está publicado induce a pensar que estamos ante la segunda interpretación, la exclusiva (a las personas de género no binario).

En cuanto al problema social, se plantea porque el colectivo queer y, en general, todas aquellas personas que no se identifican con el género binario (hombre vs. mujer), quieren que este morfema -e se utilice exclusivamente con el significado que permite visibilizarlas. Para estos hablantes, todes en La política de todes dejaría fuera a las personas de género binario.




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Usos referenciales y atributivos

Si nos damos cuenta, con la terminación en -e se ha reproducido la misma situación que con la -o: para unos hablantes tiene valor inclusivo, y comprende a todos las personas independientemente de su sexo, mientras que para otros tiene valor exclusivo e identifica al referente por el sexo biológico, sea este masculino, para la -o, o no binario, para la -e.

En ambos casos, el mecanismo lingüístico que está operando es el mismo: estamos pasando de un uso atributivo o descriptivo a un uso referencial. Esta distinción se la debemos al filósofo y matemático Gottlob Frege y tiene que ver con la semántica, es decir, los significados que damos a las palabras.

Podemos hablar de un objeto o una persona de dos maneras: por sus propiedades o atributos generales (un hombre o una mujer cualquiera, en tanto que ser humano) o específicamente como referente (ese hombre específico en ese momento específico). En el primer caso hablamos de un uso atributivo; en el segundo, de un uso referencial.

La película Tienes un e-mail nos sirve para explicarlo. Mientras que Joe Fox es el mismo referente (uso referencial) siempre, cambia la manera en la que se presenta (uso atributivo) para Kathleen Kelly: como el competidor que amenaza su librería (Joe Fox) y como el amigo sensible de internet (NY152) y toda la película gira en torno a que, aunque sabe que Joe Fox es Joe Fox, ignora que es también NY152, hasta que ambos usos convergen.

Si pensamos en “les colegues de Buenos Aires” como cualquier colega, independientemente del sexo, que reside en Buenos Aires, estamos dando al morfema un uso atributivo e inclusivo. En cambio, si no tenemos en cuenta las propiedades sino la referencia, los sujetos específicos a los que nos queremos referir, el uso será referencial y nos estaremos refiriendo únicamente a aquellos colegas no binarios, exclusivamente los que son les y no los o las.

Un cambio en marcha

Desde la lingüística, tanto la -e en español como el pronombre they para el inglés son correctos gramaticalmente. Pero en este momento de la evolución de la lengua, coexisten los dos usos que hemos mencionado: el que distingue tres géneros gramaticales correspondientes a los géneros de las personas hombres, mujeres o no binarias; y un uso neutro y genérico referido a todos los sexos/géneros posibles.

Al mismo tiempo, la lengua mantiene el sistema más antiguo, que conserva -o como genérico. Esta coexistencia explica los problemas comunicativos que hemos visto.

Economía y abstracción

El sistema con tres géneros plantea algunas preguntas interesantes. Una de ellas es si desde el punto de vista de la economía del lenguaje es sostenible. En general, la palabra no es la cosa, es decir, la expresión la mesa no es una mesa, es un signo para referirnos a la realidad; no podemos referirnos a todas y cada una de las realidades. No tenemos una palabra para cada uno de los infinitos tipos de mesas que existen, y tenemos que recurrir a mecanismos lingüísticos para precisarlo (de tres patas, redondas, cuadradas…)

De la misma manera, cabría especular con que dentro del colectivo queer las personas trans no se identifiquen con la -e y quieran reivindincar un morfema propio. Podría añadirse otro morfema, que añadiría complejidad en el sistema. Las lenguas avanzan en fases o estadios; a veces soluciones distintas coexisten y solo el tiempo nos dirá cuál permanece. Aunque lo que sabemos es que los hablantes tienden a evitar este tipo de complejidad.

Ana Bravo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Quiénes son ‘elles’? Género, gramática e inclusión – https://theconversation.com/quienes-son-elles-genero-gramatica-e-inclusion-281395

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