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Más control, menos acogida: así ha cambiado la política migratoria de la UE

Más control, menos acogida: así ha cambiado la política migratoria de la UE

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Velasco, Profesor de Investigación. Grupo “Filosofía Social y Política” (FISOPOL). Jefe del Departamento de Filosofía Teórica y Práctica, Instituto de Filosofía (IFS-CSIC)

Tricani Alessio/Shutterstock

En espacios geopolíticos, como la Unión Europea, donde la flexibilización, la relativización e incluso el desmantelamiento de las fronteras estatales ha sido más rotundo, las fronteras interiores se han ido liberalizando en la misma proporción que se reforzaban y endurecían los bordes exteriores.

Las fronteras europeas ya no están solo en tierra

La llamada “fortaleza Europa” –una suerte de “balneario acorazado” en medio de un mundo inestable– es mucho más que un socorrido recurso retórico: se trata de una realidad tangible, diseñada para asegurar un área de prosperidad e intentar contener la propagación de la indigencia planetaria en su interior.

Apenas transcurridas tres décadas desde que se desmanteló el telón de acero, se vuelven a levantar nuevas barreras, no menos reales, en los mismos márgenes de la Unión: un telón de alambre de espino.

Este cambio de política tiene un protagonista central: la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, más conocida como Frontex. Creada en 2004 para coordinar las fronteras exteriores del espacio Schengen, su papel se ha ampliado de forma notable hasta convertirse en el actor más relevantes de la política migratoria europea.

Hoy no solo coordina operaciones de vigilancia y control, sino que también desempeña un papel clave en la proyección de las políticas migratorias de la Unión Europea hacia terceros países.

10 000 efectivos para 2027

Tras la ambiciosa reforma aprobada en 2019 –dirigida a superar su función meramente coordinadora y dotarla de capacidad operativa con un cuerpo propio de agentes uniformados y armados–, y con la previsión de alcanzar unos 10 000 efectivos en 2027, se están sentando los cimientos de un auténtico cuerpo policial para las fronteras exteriores de la Unión.

Su misión consiste, fundamentalmente, en vigilar e interceptar flujos migratorios irregulares en alta mar, lo que implica desplazar las fronteras aguas adentro, así como gestionar los procedimientos de retorno de las personas migrantes interceptadas.

Este proceso de transformación ha ido acompañado de un crecimiento muy significativo en presupuesto, funciones y capacidad operativa. Si en 2005 su presupuesto fue de algo más de seis millones de euros, en 2025 supera ya los 1 000 millones, lo que refleja la creciente centralidad del control fronterizo en la agenda europea.

Este desarrollo no puede entenderse sin tener en cuenta el contexto global. En los últimos años, los desplazamientos forzados han aumentado de forma significativa. Según ACNUR, a finales de 2024 había más de 120 millones de personas desplazadas en el mundo.

Ante este escenario, la gestión de las migraciones se ha situado en el centro del debate político europeo. No obstante, la respuesta de la Unión Europea no ha priorizado el refuerzo de los mecanismos de acogida o protección, sino el endurecimiento del control de sus fronteras.

De un reto humanitario a un problema de seguridad

En esta misma dirección, los recientes desarrollos normativos vinculados al nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo –aprobado en 2024 y cuya plena aplicación está prevista para 2026– refuerzan los procedimientos acelerados en frontera, amplían los supuestos de detención y consolidan las políticas de retorno y externalización del control migratorio. Lejos de atenuar o matizar la tendencia descrita, estas medidas la profundizan.

De este modo, se ha ido imponiendo una lógica claramente securitaria. Frontex opera desde este enfoque, que concibe las migraciones como un factor de riesgo, más que como una realidad con un componente humanitario. Como consecuencia, las personas migrantes pasan a ser presentadas como potenciales amenazas, lo que legitima el uso intensivo de herramientas policiales, militares y tecnológicas para gestionar su movilidad.

Es lo que puede denominarse un proceder securitario: una forma de actuación basada en la vigilancia, la anticipación y el control. En paralelo, han disminuido significativamente las operaciones de salvamento marítimo, especialmente en el Mediterráneo.

Frontex ocupa, pues, una posición central en este modelo. Su crecimiento ha ido acompañado de una mayor implicación en operaciones de vigilancia marítima, control fronterizo y cooperación con países externos a la Unión Europea. Sin embargo, este protagonismo también ha venido acompañado de polémicas.

En los últimos años, diversas investigaciones han señalado posibles vulneraciones de derechos humanos y delitos de denegación del deber de auxilio, lo que ha generado críticas tanto a la agencia como al enfoque general de la política migratoria europea.

Cómo define Europa quién merece protección

No está escrito que Unión Europea tenga que proceder siempre de este modo. De hecho, la respuesta europea a la guerra de Ucrania ha demostrado que es posible gestionar desplazamientos masivos de refugiados respetando los derechos humanos y guiándose por el principio de solidaridad, lo que pone en cuestión el funcionamiento habitual de Frontex y sugiere posibles sesgos en la aplicación de las políticas de acogida.

Por ello, cabe preguntarse si estos problemas son casos aislados o si responden a cuestiones más profundas. En particular, es relevante analizar hasta qué punto están relacionados con la propia lógica securitaria que guía la acción de Frontex en detrimento del enfoque humanitario, así como con desigualdades interestatales, relaciones de poder entre el norte y el sur globales y posibles sesgos institucionales en la gestión de la movilidad.




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Esto plantea, además, interrogantes sobre la idoneidad de tratar los movimientos migratorios con herramientas propias de la lucha contra el crimen transfronterizo o el terrorismo internacional, especialmente cuando se trata de personas en situación de vulnerabilidad, así como sobre los riesgos de su creciente colaboración con actores como la OTAN.

En este sentido, más que un actor neutral, Frontex aparece como una pieza clave de un modelo de gestión de fronteras que plantea importantes interrogantes sobre el equilibrio entre seguridad, soberanía y derechos humanos en la Europa actual.

The Conversation

Juan Carlos Velasco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá de sus funciones como Investigador Principal del Proyecto “Desigualdades, privilegios y justicia global – PRIVILEGIA” (PID2022-136448OB-I00), financiado por el Plan Estatal de I+D del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

ref. Más control, menos acogida: así ha cambiado la política migratoria de la UE – https://theconversation.com/mas-control-menos-acogida-asi-ha-cambiado-la-politica-migratoria-de-la-ue-287143

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