Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Atela, Profesor Doctor Deusto Business School y Facultad de Ingeniería, Universidad de Deusto

El 18 de diciembre de 2022 Argentina venció a Francia en la final del Mundial de Catar y, por poner solo un ejemplo, la CNN tituló: “Lionel Messi acaba de ganar su primer Mundial de fútbol”. En singular, él solo.
El 19 de julio de 2026 España venció a Argentina 1-0 en la final del Mundial celebrado en EE. UU., Canadá y México.
La imagen es simbólica: Messi, la figura que mejor ha representado el liderazgo individual heroico de las últimas dos décadas se despedía del torneo derrotado por una selección que ganó sin depender solo de una estrella.
Si la sociedad occidental sobrevalora, mitifica y mistifica al individuo y desatiende el desarrollo del equipo, el Mundial de 2026 es, probablemente, la confirmación deportiva más nítida de esta tesis.
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El mito (y el timo) del liderazgo
El mito del capitán único
La investigadora Katrien Fransen bautizó esa idea en 2014 como “el mito del capitán como líder principal”: tras encuestar a más de 4.000 deportistas, comprobó que el 44 % no reconocía a su capitán como líder en ninguno de los cuatro roles que sostienen a un equipo deportivo:
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Rol de tarea: enfocado en los objetivos tácticos y técnicos, lo ejercen quienes dirigen el juego y organizan a los compañeros en el campo.
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Rol social: a cargo de los que trabajan la cohesión y el bienestar del grupo dentro y fuera del campo.
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Rol motivacional: desempeñado por los que mantienen alta la moral del equipo (también después de las derrotas).
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Rol externo: estos son los embajadores del grupo. Gestionan las relaciones con la directiva, los medios de comunicación, los patrocinadores o la afición.
Un estudio con futbolistas españoles llegó a una conclusión parecida: la estructura de liderazgo más eficaz no es la de una sola persona al mando, sino la que se reparte entre varios roles y personas. Los programas de desarrollo de liderazgo sistémico en el deporte han probado que cuando dicho liderazgo se reparte de verdad, el equipo se vuelve más resistente, incluso si pierde a alguna de sus piezas clave por lesión, marcha o retirada. Esa capacidad de sobrevivir a la ausencia de cualquier individuo es, en el fondo, la mejor definición posible de lo que es un proyecto sostenible en el tiempo.
El talento colectivo no es la suma de talentos individuales
La suma de talentos individuales no explica por sí sola el rendimiento de un equipo. El factor decisivo es lo que llamamos armonía social: la capacidad de generar cohesión y de permitir que cada persona aporte lo mejor de sí al servicio de un objetivo compartido.
Si la inteligencia colectiva no depende del promedio de los cocientes intelectuales individuales sino de la armonía social del grupo, la excelencia en cualquier actividad deportiva en equipo no depende de juntar a “los mejores” y esperar a que la magia ocurra por sí sola. Y esto es, casi al pie de la letra, lo que los grandes medios internacionales atribuyeron a España tras la final.
‘El líder es el equipo’ (Pedri, 2024)
ESPN tituló que, en un torneo dominado por superestrellas, fue el espíritu de equipo el que ganó el Mundial para España: “No existe el ‘yo’ en la selección española”.
Fox Sports contrapuso ambos modelos sin matices: para Argentina, Messi es la estrella; para España, la estrella es el equipo, y ningún jugador –“ni siquiera Lamine Yamal”– está por encima del sistema humano.
El propio capitán, Rodri, rebajó su protagonismo la víspera de la final y atribuyó el título a “una maduración lenta” construida junto al seleccionador.
The Washington Post cita al entrenador De la Fuente, ya con la copa en las manos, definiendo a su plantilla como “un grupo, un equipo, una familia”.
Este no es un relato construido a posteriori: dos años antes, Pedri ya afirmaba que el liderazgo era de todo el equipo, sin que nadie estuviera por encima del resto:
“Los capitanes nos ayudan mucho, pero creo que la gran diferencia con los demás países es que nosotros somos un equipo y no hay un líder por encima de los demás”.
El ‘equipazgo’ como ventaja competitiva
En 2015, el experto en gestión y diseño organizacional Henry Mintzberg señaló: “Basta de liderazgo. Es hora del equipazgo (communityship)”. Y lo define como el pegamento social que sustituye a la “idea heroica e individualista del liderazgo”.
Esto no implica en absoluto prescindir de líderes formales –los equipos de fútbol tienen capitán y seleccionador, igual que cualquier organización necesita de figuras formales de referencia–, sino evitar que el club, la empresa o el equipo dependan de solo uno de ellos. Cuando el liderazgo se reparte, el sistema entero sobrevive a la ausencia de cualquiera de sus piezas.
Como ejercicio sencillo –pero extremadamente retador– proponemos al lector la siguiente pregunta aplicada a su organización o equipo:
¿Quién es aquí el líder?
La mejor señal de que el grupo funciona realmente como un equipo sería no poder responder con un solo nombre. Sea en una selección campeona del mundo, en la sala de un consejo de administración o en una pyme, el patrón de comportamiento se repite:
Donde el liderazgo se concentra en una sola persona, el proyecto es más frágil. Donde se reparte, el equipo es mucho más difícil de derrotar.
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Pablo Atela, Ph.D. ha recibido fondos para investigación, consultoría y formación provenientes de varios organismos públicos y privados de España, Mexico, Chile, Colombia, Guatemala y Panamá, y es consultor en Shackleton Innovation.
– ref. ¿Quién es el líder de la selección española del Mundial 2026? – https://theconversation.com/quien-es-el-lider-de-la-seleccion-espanola-del-mundial-2026-287935
