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Xi y Lula, al teléfono

Xi y Lula, al teléfono

Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish

.china.org.cn | 30. 07. 2026

Por Jorge Andrés Contreras Calderón

El lunes 27 de julio, el presidente chino Xi Jinping habló por teléfono con su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, según informó Xinhua. Xi expresó la disposición de Beijing a profundizar la coordinación estratégica con Brasil, instó a ambos países, como miembros del Sur Global, a colocarse del lado correcto de la historia, y reiteró el respaldo chino a la soberanía brasileña frente a “cualquier injerencia externa”. Sin que Beijing señalara destinatario alguno, la prensa regional interpretó esta fórmula tanto como un gesto hacia Washington como hacia Buenos Aires, tras los ataques del presidente argentino Javier Milei contra Lula. Este último destacó que el comercio bilateral alcanzó un récord histórico y expresó interés en ampliar la cooperación en inteligencia artificial, energía y minerales.

La llamada se inscribe en una relación de más de medio siglo. Las relaciones diplomáticas formales se establecieron el 15 de agosto de 1974, cuando Brasilia reconoció a la República Popular. Desde entonces, ambos países compartieron un lenguaje común basado en la soberanía nacional y la no injerencia (los mismos principios que Xi invocó el lunes). En 1993 se estableció una asociación estratégica, y en 2009 China desplazó a Estados Unidos como principal socio comercial de Brasil, posición que no ha vuelto a ceder. Adicionalmente, en abril de 2023, durante la visita de Lula a Beijing, ambos gobiernos proclamaron la construcción de una “comunidad de futuro compartido de la humanidad”. Así, la llamada del 27 de julio no inaugura un vínculo nuevo, sino que confirma la continuidad de una asociación cultivada durante más de cinco décadas.

Las cifras de 2025 confirman que ese vínculo opera a gran escala. Según el Consejo Empresarial Brasil-China (CEBC), el comercio bilateral alcanzó los 171.000 millones de dólares, un 8,2% más que en 2024 y el doble de lo negociado con Estados Unidos. Las exportaciones brasileñas a China sumaron 100.000 millones (soja, petróleo y carne bovina concentran la mayor parte) y dejaron a Brasil un superávit de 29.100 millones, el 43% de su excedente con el mundo. La canasta exportadora sigue anclada en materias primas, mientras Lula aspira a diversificar hacia inteligencia artificial y minería de valor agregado. A eso se suma lo político, ya que este rumbo depende de que Lula, o un sucesor afín, prevalezca en octubre de 2026, donde el bolsonarismo disputa el favor del electorado agroexportador.

El telefonazo llega meses después de que Brasil cerrara su cuarta presidencia de los BRICS (ejercida en 2025 bajo el lema de fortalecer la cooperación del Sur Global) y entregara la conducción a India. Que ambos mandatarios reafirmen ese rumbo fuera del calendario formal de cumbres sugiere que Beijing ve a Brasilia como un líder en Suramérica. Sin embargo, la capacidad que ese bloque tiene de hablar con una sola voz (en la reforma al Consejo de Seguridad de la ONU o la desdolarización, por ejemplo) depende de equilibrios internos que distan de estar resueltos. Además, sostener este rol es, para Brasil, una apuesta arriesgada, ya que cuanto más se identifique con la autosuficiencia que propuso Xi, más se expone a que Washington lea eso como alineamiento y no como autonomía.

Ese margen se estrecha bajo la política de Washington hacia la región, bautizada por la prensa estadounidense como “Doctrina Donroe” (fusión de Donald y Monroe), que llama a aplicar un “corolario Trump” a la doctrina de 1823. El enfoque combina premios y castigos: Washington rescató con 20.000 millones de dólares a la Argentina de Milei y redujo aranceles a varios aliados, pero a Brasil le aplicó el mecanismo inverso. En julio de 2025, Trump ligó un arancel del 50% al juicio contra Bolsonaro; tras abandonar esa medida, una nueva investigación derivó en un arancel del 25%, vigente desde el 22 de julio, que cita entre las “prácticas desleales” de Brasil al sistema de pagos Pix. La reciente crisis entre Milei y Lula, detonada esa misma semana, ilustra claramente la bifurcación: Argentina se alinea sin reservas con Washington, mientras Brasil estrecha lazos con Beijing.

Cincuenta y dos años después de que Brasil reconociera a Beijing, la llamada del 27 de julio confirma que Brasilia ha optado, por ahora, por profundizar esa asociación antes que subordinarse a Washington. Esa apuesta no garantiza nada, y depende de un resultado electoral incierto, de un bloque BRICS que aún negocia su propia cohesión y de una Casa Blanca dispuesta a usar el arancel como arma política. Más de dos siglos después de que James Monroe advirtiera a Europa que se abstuviera de intervenir en América, un continente entero (de Ciudad de México a Brasilia) decide, cada país a su manera, si acepta que Washington hable en su nombre o si se integra libremente con el resto del mundo.

El autor es doctor en derecho y experto en asuntos contemporáneos de China. Cuenta con amplia experiencia como editor, representante cultural y asesor jurídico.

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