Source: The Conversation – (in Spanish) – By Kemel A. Ghotme, MD. PhD, Neurocirujano pediatra, profesor en neurociencia traslacional, Universidad de La Sabana

Hace apenas unos meses, Dong Hui volvió a escribir su nombre. Puede parecer un acto cotidiano. Para él significó recuperar una parte de su vida.
Seis años antes, este hombre de 39 años había sufrido un accidente que lo dejó completamente paralizado desde el cuello hacia abajo. La comunicación entre su cerebro y el resto de su cuerpo había quedado interrumpida. Perdió la capacidad de caminar, mover los dedos, sostener un bolígrafo o abotonarse una camisa.
Tras una cirugía para implantar un novedoso dispositivo cerebral y once meses de rehabilitación, volvió a tomar un bolígrafo. Escribió su nombre y luego añadió una palabra: “Gracias”. La historia fue relatada por la revista MIT Technology Review. Lo extraordinario no fue únicamente que volviera a escribir, sino la forma en que lo consiguió.
Un pequeño implante llamado NEO, desarrollado por la empresa china de tecnología médica Neuracle Technology en colaboración con investigadores de la Universidad de Tsinghua, en Pekín, registraba la actividad de su corteza motora mientras algoritmos de inteligencia artificial aprendían a interpretar esas señales cada vez que intentaba mover la mano.
Cuando el cerebro encuentra una nueva vía
Una lesión medular no impide que el cerebro produzca la orden de mover una mano.
El problema es que esa orden nunca llega a su destino. Es como si una persona enviara cartas todos los días, pero el puente que conecta con el otro lado hubiera colapsado. Los mensajes existen pero no pueden cruzar.
Las interfaces cerebro-computadora, o BCI por sus siglas en inglés (Brain-Computer Interface), intentan recuperar esa comunicación. En lugar de esperar a que la señal viaje por la médula lesionada, registran directamente la actividad eléctrica de la corteza cerebral, la traducen mediante algoritmos y la convierten en instrucciones para un computador o un dispositivo robótico.
En el caso de Dong Hui, esas instrucciones controlaban un guante robótico que le permitió volver a entrenar movimientos de la mano. Pero el objetivo no era únicamente mover un dispositivo externo. Los investigadores plantearon una hipótesis mucho más ambiciosa: sincronizar las señales descendentes del cerebro con las señales sensoriales que aún llegan desde la mano para estimular la capacidad natural del sistema nervioso de reorganizarse. Este mecanismo podría potenciar la rehabilitación, incluso sin recurrir a la estimulación eléctrica. El concepto, conocido como bridging neural repair, representa una de las aportaciones más novedosas del sistema.
El momento en que la innovación se convierte en medicina
En los últimos años, empresas como Neuralink han llevado las interfaces cerebro-computadora a los titulares. Por eso muchos interpretaron la aprobación de NEO como una carrera tecnológica entre China y Estados Unidos. Sin embargo, esa no es la noticia más importante.
Lo verdaderamente novedoso es que por primera vez una interfaz cerebro-computadora invasiva ha dejado de ser únicamente un experimento para convertirse en un dispositivo médico comercial.
Reuters informó que la autorización del organismo regulador chino permite su uso en personas con tetraplejia secundaria a lesión medular cervical que cumplen criterios clínicos específicos.
Puede parecer un detalle regulatorio, pero representa un cambio histórico. Una tecnología desarrollada durante décadas en laboratorios comienza a recorrer el mismo camino que siguieron los marcapasos, los implantes cocleares o los estimuladores cerebrales profundos: pasar de la investigación a la práctica clínica.
¿Por qué NEO llegó primero?
A diferencia de otros dispositivos, como Neuralink, cuyos microelectrodos penetran directamente el tejido cerebral, NEO registra la actividad cortical desde la superficie de la duramadre, la membrana que protege el cerebro. Aunque de todos modos requiere una operación (que dura alrededor de una hora y media), esta nueva estrategia es menos invasiva y reduce algunos riesgos quirúrgicos, como la hemorragia o la cicatrización del tejido cerebral, y puede facilitar el proceso regulatorio.
También influyó otro factor. China lleva varios años considerando las interfaces cerebro-computadora como una tecnología estratégica. NEO es fruto de esa política: una colaboración entre una empresa emergente y uno de los centros de investigación más prestigiosos del país, respaldada por inversión pública y un entorno regulatorio que ha acelerado su llegada a la atención de pacientes en escenarios reales.
El verdadero debate apenas ha comenzado
Cada avance tecnológico abre nuevas posibilidades, pero también nuevas responsabilidades y riesgos. Cuando un dispositivo empieza a registrar la actividad cerebral de una persona aparecen preguntas que hasta hace poco pertenecían a la ciencia ficción.
¿Quién será el propietario de esos datos? ¿Cómo deberán protegerse frente a ciberataques? ¿Quién responderá si un algoritmo interpreta incorrectamente una intención motora? Y quizá la pregunta más importante desde la salud pública: ¿quién podrá acceder a esta tecnología?
La innovación suele llegar primero a quienes enfrentan menos barreras para acceder a ella. Sin políticas que promuevan un acceso equitativo, las interfaces cerebro-computadora podrían ampliar las inequidades globales en salud en lugar de reducirlas.
Dong Hui recuperó una forma de actuar sobre el mundo. Su historia nos recuerda que detrás de cada avance tecnológico hay un paciente que intenta recuperar funciones tan sencillas como escribir, comer o abrazar a su familia. Ese sigue siendo el propósito fundamental de las interfaces cerebro-computadora.
Ahora que estas tecnologías empiezan a salir del laboratorio para entrar en los hospitales, el desafío es demostrar que funcionan, pero también garantizar que sean seguras, equitativas y respetuosas de los derechos de quienes confiarán en ellas.
Durante décadas la neurocirugía buscó reparar las lesiones del sistema nervioso; hoy empieza a establecer un diálogo directo con el cerebro.
Estamos ante uno de los giros conceptuales más profundos de la medicina contemporánea. El desafío ya no consiste únicamente en desarrollar esta tecnología, sino en asegurar que su enorme potencial se traduzca en una medicina más humana, sin comprometer aquello que precisamente busca proteger: nuestra autonomía, nuestra privacidad y nuestra dignidad.
![]()
Kemel A. Ghotme, MD. PhD no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. El implante cerebral chino, NEO, marca un cambio de era en la medicina y la sociedad – https://theconversation.com/el-implante-cerebral-chino-neo-marca-un-cambio-de-era-en-la-medicina-y-la-sociedad-285551
