Source: The Conversation – (in Spanish) – By Borja Santos Porras, Associate Dean and Professor – IE School of politics, economics and global affairs, IE University

Durante décadas, las instituciones educativas se beneficiaron de una idea que rara vez se cuestionaba: el mundo avanzaba hacia una mayor integración y cooperación. La movilidad estudiantil internacional crecía, la colaboración en investigación florecía a través de las fronteras y la academia operaba dentro de un mercado global de talento e ideas. Aunque los gobiernos competían por influencia económica y política, la educación superior era considerada un bien universal, impulsado por la apertura, el intercambio y la cooperación. Hoy, esa idea está siendo puesta a prueba.
La rivalidad entre grandes potencias, la fragmentación de la globalización, la creciente inflación y la inteligencia artificial están redefiniendo las condiciones bajo las que los centros educativos están acostumbrados a operar.
Lo que antes se consideraban factores externos como la geopolítica, la economía global o la tecnología se han convertido en piezas clave que transforman la educación desde dentro. Como resultado, las instituciones educativas están dejando de ser vistas únicamente como espacios de formación e investigación para convertirse en herramientas de competitividad e influencia geopolítica
Economía del talento y poder
La movilidad estudiantil, la atracción de talento y los avances científicos y tecnológicos se han convertido en elementos cada vez más asociados con el poder de un país. Por ello, naciones como Estados Unidos, China, Reino Unido o los Emiratos Árabes han dedicado enormes recursos para captar talento y liderar la carrera en innovación. A esto se le conoce como la economía del talento: un modelo basado en el capital humano, la innovación y el conocimiento como impulsores del desarrollo económico. Los países que atraigan, formen y retengan a las mentes más brillantes serán los que lideren la economía global.
Para las universidades, este cambio es relevante porque, si bien la misión central de la educación superior permanece inalterada, el entorno en el que la persiguen está cada vez más condicionado por la competencia geopolítica y la disrupción.
Políticas migratorias y estudiantes extranjeros
Los primeros indicios de ello ya son evidentes. Aunque el número de estudiantes internacionales en el mundo creció de 2,1 millones en 2000 a casi 6,9 millones en 2022, muchos de los principales países de destino han comenzado a endurecer sus políticas migratorias. En Estados Unidos, La tasa de rechazo del visado F-1 –para estudiantes– alcanzó el 35 % en 2025, lo que contribuyó a una caída del 17 % en el número de estudiantes internacionales entrantes.
Por su parte, países como Canadá y Australia también han introducido medidas orientadas a limitar la entrada de estudiantes extranjeros.
La contradicción en Estados Unidos y Canadá entre competir por el talento global y, al mismo tiempo, restringir la entrada de estudiantes internacionales responde a cuatro lógicas: selectividad, seguridad nacional (impedir fuga de conocimiento sensible), capacidad doméstica (el recorte canadiense responde a la presión sobre vivienda) y economía política interna. Aunque no buscan abandonar la carrera por el talento, su efecto conjunto puede lograrlo: mientras algunos países filtran, otros captan sin esas restricciones.
Colaboraciones en investigación bajo la lupa
En el ámbito de la investigación, las restricciones impuestas por Estados Unidos o la Unión Europea han convertido colaboraciones internacionales en investigación en cuestiones de seguridad nacional, lo que restringe las colaboraciones que se puedan llevar a cabo.
Estas medidas además están limitando el flujo de talento del que dependen los gobiernos para seguir siendo competitivos en áreas estratégicas como la IA, semiconductores y biotecnología.
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Cambios demográficos
Los cambios demográficos también están redibujando el mapa global del talento. África representará más de la mitad del crecimiento poblacional mundial para 2050, con su población en edad de trabajar representando el 85 % del incremento en la fuerza laboral global. Sin embargo, las universidades occidentales no están logrando captar este potencial.
Las barreras son estructurales: las elevadas tasas de matrícula, las becas limitadas, la inestabilidad y las restrictivas políticas de visados excluyen o disuaden a la mayoría de los estudiantes africanos. Las brechas en el reconocimiento de titulaciones filtran además a candidatos cualificados antes incluso de que presenten su solicitud. En Asia Oriental, la dinámica es diferente: las barreras son algo menos financieras que culturales y pedagógicas.
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Mientras tanto, las alternativas sur-sur crecen con rapidez: China, Turquía y diversos centros regionales compiten activamente por el talento africano mediante estrategias deliberadas de becas y poder blando.
Estas tendencias sugieren que las universidades occidentales corren el riesgo de perder la bolsa de talento más significativa de las próximas décadas.
Financiación universitaria
Varias fuerzas económicas están cambiando radicalmente la sostenibilidad y crecimiento del sector educativo, obligando a las instituciones a replantearse cómo financiarán su futuro.
La primera de ellas es la inflación. Las instituciones educativas se enfrentan a una creciente presión financiera: luchan por cubrir los costos adicionales con ingresos cada vez menores. La inflación global superó el 8 % en 2022, el nivel más elevado en décadas, encareciendo tanto la operación de los campus como la capacidad de las familias para financiar una educación internacional.
En Estados Unidos, el coste de la educación universitaria se ha triplicado desde 1980. Solo en 2022, los gastos institucionales aumentaron un 14.9 %, mientras que los ingresos disminuyeron un 5.4 %. En Reino Unido, casi la mitad de las universidades enfrentan déficits fiscales, derivados principalmente por la disminución de estudiantes internacionales y el aumento de costes.
Deuda pública y presupuestos
A esto se suma una creciente tendencia a la reducción de los presupuestos estatales en materia de educación pública. Muchos gobiernos, especialmente en el sur global, cuentan con recursos cada vez más limitados para salud, pensiones y educación. En 2023, más del 40 % de la población mundial vivía en países que destinaban más de sus presupuestos al pago de la deuda externa que a educación o salud.
El Banco Mundial ha demostrado que un aumento del 1 % en la deuda externa se asocia con una disminución del 2,9 % en la inversión por niño en edad escolar. Esto ha creado una paradoja en la financiación para la educación: cuanto mayor es la deuda, menor es la capacidad de invertir en las futuras generaciones.
El impacto del tipo de cambio
La volatilidad del tipo de cambio también está alterando quiénes pueden acceder a una educación internacional. Para miles de estudiantes procedentes de economías con monedas inestables, el contexto macroeconómico se ha vuelto parte de sus decisiones.
Un 51 % de los estudiantes internacionales reconsideraron sus estudios debido a fluctuaciones en los tipos de cambio, mientras que 4 de cada 10 manifestaron no tener suficientes recursos para afrontar el aumento del coste de vida en sus países de destino.
Crisis de modelo
Pero incluso si las instituciones logran adaptarse a las nuevas realidades geopolíticas y económicas, ahora nos enfrentamos a una cuestión más profunda: ¿el modelo educativo sigue siendo el adecuado para responder a las nuevas realidades?
La inteligencia artificial ahora está redefiniendo la relación entre educación y empleabilidad. Según el Foro Económico Mundial, el 39 % de las habilidades laborales se transformarán o quedarán obsoletas y el 59 % de la fuerza laboral necesitará recualificación de sus habilidades para 2030. Al mismo tiempo, la automatización está comenzando a afectar especialmente los empleos para recién graduados, los cuales se han reducido en un 29 % desde 2024.
Esta transformación también está cambiando la manera en que las empresas captan talento. En 2024, alrededor del 45 % de las compañías eliminaron requisitos de un título universitario para muchas de sus vacantes, poniendo en duda si un título universitario es ahora garantía suficiente para las nuevas realidades del mercado laboral. La cuestión, por lo tanto, ya no es qué enseñan las instituciones, sino qué valor añadido ofrecen en un mundo donde la tecnología está reemplazando cada vez más nuestras labores.
El papel de las universidades hoy
Las instituciones educativas han sobrevivido guerras, crisis económicas y revoluciones tecnológicas. Lo singular de este momento es que estas tres presiones han convergido y se están reforzando mutuamente. La geopolítica restringe la movilidad y fragmenta la colaboración científica. La economía erosiona la sostenibilidad financiera de las instituciones y el acceso de los estudiantes. La tecnología cuestiona la empleabilidad misma del título universitario. El desafío no es solo gestionar cada una de estas fuerzas por separado, sino entender que actúan de forma simultánea y sistémica.
Esta convergencia también plantea una pregunta más fundamental sobre el papel de las universidades en un mundo en el que el talento, el conocimiento y la innovación se han convertido en activos estratégicos nacionales. A medida que los gobiernos tratan cada vez más la educación superior como un instrumento de competencia geopolítica, las universidades se enfrentan a una elección: convertirse en instrumentos pasivos de la estrategia nacional o definir activamente los términos de su propia relevancia.
Las instituciones que más importarán en las próximas décadas no son necesariamente las que cuentan con los mayores fondos patrimoniales o las reputaciones más antiguas, sino aquellas que se posicionen como verdaderos intermediarios globales de talento y conocimiento, construyendo puentes donde la geopolítica levanta muros, ampliando el acceso donde la economía lo contrae y desarrollando capacidades humanas que la tecnología no puede reemplazar.
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Borja Santos Porras no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Por qué la geopolítica decide hoy el futuro de las universidades – https://theconversation.com/por-que-la-geopolitica-decide-hoy-el-futuro-de-las-universidades-286465
