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Tendiendo puentes a través del periodismo global

Tendiendo puentes a través del periodismo global

Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish

.china.org.cn | 07. 08. 2026

BRUNO Falci es mucho más que un corresponsal de teleSUR en China. Es un historiador inquieto, un militante socialista y un viajero incansable cuya vida parece haber sido diseñada para conectar mundos. Carioca de nacimiento, parisino de infancia y latinoamericano por convicción, Bruno llegó a Beijing hace poco más de diez meses con una maleta llena de curiosidad y una misión clara: contar China desde dentro, sin filtros ni estereotipos occidentales. Su historia es la de una persona que ha convertido la búsqueda del conocimiento y el compromiso político en una causa de vida.

Bruno Falci posa para una foto en la muralla de la ciudad antigua de Taiyuan, provincia de Shanxi. Magdalena Rojas 

Raíces, ideales y pasión por la historia 

Nacido en Río de Janeiro, Bruno Falci apenas tenía cinco años cuando sus padres, profesores de la Universidad Federal de Río de Janeiro y militantes socialistas que resistieron la dictadura militar brasileña, se mudaron a París para realizar sus respectivos programas de doctorado. Aquella experiencia temprana marcó su identidad de forma indeleble. 

“Creo que mi identidad es una mezcla de Río y París. Incluso hablo francés con acento portugués y portugués con un cierto acento francés”, confiesa. Esa dualidad cultural despertó en él una curiosidad profunda por las civilizaciones, por lo que cuando regresó a Río a los diez años, el deseo de viajar y comprender desde el otro lado de la vereda ya había sido plantado. 

Impulsado por viajes familiares a Grecia e Italia que lo confrontaron con las grandes cunas de la humanidad, así como su propia historia familiar y la de sus progenitores, estudió Historia en la Universidad de Río de Janeiro. De este modo, sus padres, que pagaron un alto precio por sus ideales, le transmitieron no solo el amor por el conocimiento, sino también un fuerte compromiso político. “Gracias al sacrificio de personas como ellos, mi generación puede vivir hoy en una democracia y tener un presidente como Lula, comprometido con un Brasil más justo y soberano”, profundiza. 

Su camino, siempre impulsado por el deseo de descubrir nuevas latitudes y comprender mejor su alrededor, fue uno de altos y bajos, pero donde el compromiso social fue en todo momento una piedra angular. Así, tras graduarse de la universidad en la ciudad que lo vio nacer, se mudó a Cuba por lo que pensó serían solo dos meses para estudiar español. Sin embargo, estos se convirtieron en dos años, inmerso en la historia, la cultura y la gente de la isla. Más adelante, el carioca —cuyos bisabuelos emigraron a Brasil desde la costa amalfitana en Italia— vivió en Lisboa, donde terminó su maestría, y más tarde en Buenos Aires, preparando un doctorado mientras ejercía el periodismo. De esta forma, con cada destino y las experiencias acumuladas, fue subiendo de a poco de escalón y preparándose para algo aún mayor. 

Por eso, cuando un día teleSUR lo contactó para ser corresponsal en China, no lo dudó dos veces. “Como amante de la historia y militante socialista, respondí inmediatamente que sí. Ni siquiera hice preguntas. Simplemente dije: sí”, relata. Antes de llegar a Beijing, pasó por Caracas para una formación intensiva en televisión, donde aprendió a producir, grabar, editar y transmitir de forma autónoma. Gracias a esa escuela, hoy se considera un “periodista completo” capaz de enfrentarse, incluso, a situaciones de extrema dificultad.

Bruno Falci realiza un reportaje sobre vigorización rural en el distrito autónomo de las etnias miao, yao y dai de Jinping, provincia de Yunnan. Foto cortesía del entrevistado

Aterrizaje en la cuna de una civilización milenaria 

Antes de pisar territorio chino, Bruno ya había tenido sus primeras aproximaciones con el país a través de los libros. Los viajes de Marco Polo lo habían fascinado en la adolescencia, y como historiador veía en China una de las grandes civilizaciones de la humanidad, nacida a orillas de una fuente fluvial, tal como había ocurrido con la antigua civilización egipcia o mesopotámica. Pero el marxismo añadió otra capa, la cual se manifestó en su admiración por la experiencia revolucionaria contemporánea y la lucha del pueblo chino por librarse del yugo extranjero, con el fin de emprender su propio camino de desarrollo. 

“Llegar a China fue, sin duda, uno de los momentos más importantes de mi vida profesional y personal”, asegura. Lo que encontró superó sus expectativas. “Como historiador, llegar a China significó entrar en contacto directo con una de las grandes civilizaciones de la humanidad. Una cosa es estudiar un país desde los libros y otra muy diferente es vivirlo, caminar por sus ciudades, conversar con su gente y comprender su realidad desde dentro”. 

En apenas once meses —que para él parecen años— ha recorrido el país intensamente, desde aldeas rurales de Rongjiang, pueblos cercanos a la frontera con Vietnam, la lejana Kashgar, los jardines clásicos de Suzhou, y por supuesto Beijing y Shanghai, además de otra plétora de ciudades y pueblos repletos de tradición y cultura. Pero lo que más valora, por lejos, ha sido la posibilidad de compartir en terreno con la gente común y corriente, la cual, gracias a su esfuerzo y perseverancia, se ha abierto un camino hacia la modernidad, el desarrollo y otros logros sociales. 

“El proceso de vigorización rural y la erradicación de la pobreza son, desde mi perspectiva, uno de los grandes acontecimientos sociales de la historia contemporánea. La reducción de la pobreza de cientos de millones de personas es un hecho histórico extraordinario”, destaca con admiración a propósito de una de las principales empresas lideradas por el Partido Comunista de China (PCCh). En ese contexto, ve en China una fuente de inspiración para la superación de problemas estructurales que acechan a muchos países de América Latina, y que además comparten una historia similar de lucha y resistencia. 

Su labor diaria como corresponsal es exigente y enriquecedora. “Ser corresponsal de teleSUR en China es una experiencia que combina periodismo, investigación, aprendizaje constante y mucha responsabilidad”, explica. Comienza el día revisando noticias y agendas, pero también debe salir a la calle y viajar a otras provincias, con el fin de dar a conocer la realidad in situ. Todo el proceso —desde la investigación y la grabación, hasta la edición, el montaje y las transmisiones en vivo— recae en él. Su criterio para la selección de temas es claro: informar sobre hechos que ayuden a entender la realidad china y conecten con el público latinoamericano para superar muchos de los estereotipos existentes. 

“Mi objetivo no es hablar por China, sino permitir que China pueda hablar por sí misma: escuchar a su gente, conocer sus historias, recorrer sus territorios y mostrar su realidad desde la experiencia directa”, afirma sobre la necesidad de ir más allá de las apariencias, como enseñaba Marx, y recordando las críticas de Edward Said al orientalismo.

El periodista brasileño posa junto a dos niños locales en el marco de la Semana Internacional para la Protección del Patrimonio Cultural, celebrada en la antigua ciudad de Yuci, provincia de Shanxi. Magdalena Rojas

Un compromiso con el Sur Global 

Vivir en China ha transformado a Bruno Falci desde lo más básico. Como historiador, valora la visión de largo plazo del país profundamente. “China demuestra que las grandes transformaciones históricas no ocurren de un día para otro; requieren planificación, organización, perseverancia y el esfuerzo colectivo de varias generaciones”. Admira la resiliencia del pueblo chino tras invasiones, humillaciones y pobreza, su capacidad de aprender de la historia y poner al ser humano en el centro de las políticas públicas. 

Otro aprendizaje que le ha dado el país tiene que ver con la justicia social, la lucha colectiva y el orgullo por la propia identidad. “Si tuviera que resumir en pocas palabras la gran lección que he aprendido de China durante estos meses, hablaría de cuatro conceptos: resiliencia, justicia social, lucha y orgullo por la propia historia e identidad”, sintetiza. 

En un mundo donde hay una creciente corriente hacia la multipolaridad, su trabajo tiene especial relevancia. China, según el carioca, no se ha posicionado en el concierto internacional a través de la dominación, sino que justamente desde una historia compartida de resistencia al colonialismo y los beneficios mutuos. “Como militante socialista y como periodista latinoamericano, estar aquí representa la posibilidad de acompañar de cerca uno de los procesos históricos más importantes de nuestro tiempo”, dice con convicción. 

En este contexto, también espera actuar como un puente capaz de facilitar el entendimiento a un lado y otro del océano. “América Latina necesita de China y China necesita de América Latina. Somos pueblos con grandes historias, con culturas milenarias y con una enorme riqueza humana”. 

Pero pese a su admiración por China y su pueblo, Brasil sigue latiendo fuerte en su corazón. “Extraño la energía de las playas de Río, el atardecer en Ipanema, la alegría y la capacidad de sociabilidad de mi pueblo, esa forma tan brasileña de encontrarse con los demás, conversar, cantar y celebrar la vida”. 

Mirando al futuro desde Beijing 

Por lo pronto, Bruno Falci no tiene planes de irse. “Después de estos meses viviendo aquí, siento que apenas he comenzado a conocer esta civilización milenaria”, admite. En ese contexto, quiere seguir viajando, descubriendo historias y acercándolas a América Latina. “Voy donde soy necesario, y por ahora ese lugar es China”, afirma con determinación respecto a un compromiso social que trasciende un mero proyecto personal. 

Como lo revela su historia de vida, Bruno Falci es un historiador que no se ha quedado en los libros, sino que se ha sumergido, a través del periodismo, en distintos rincones, con el fin de derribar narrativas prefabricadas y apoyar la integración del Sur Global. De esta manera, su voz, cercana y honesta, representa un intento por invitar a los latinoamericanos a descubrir China no como un enigma lejano, sino como un compañero de camino en la construcción de un mundo más justo.

Fuente: China Hoy

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