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La huelga de los ribosomas: por qué el cuerpo enferma por piezas

La huelga de los ribosomas: por qué el cuerpo enferma por piezas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Núria Corbella Rius, Doctoranda en Genética, Universitat de Barcelona

Representación de un ribosoma, estructura de la célula que se encarga de fabricar las proteínas a partir de las intrucciones que le llegan del ADN a través del ARN mensajero (ARNm). Steven McDowell/Shutterstock

Imagine que un componente esencial deja de funcionar en cada célula de su cuerpo al mismo tiempo. Lo lógico sería que todo el organismo fallara, pero a veces ocurre algo más desconcertante: solo ciertos tejidos enferman, mientras el resto continúa funcionando con normalidad.

Esta es la paradoja de las ribosomopatías, un grupo de enfermedades raras que plantea una de las preguntas más intrigantes de la biología: ¿cómo puede un defecto presente en todo el cuerpo provocar efectos tan específicos?

Para entenderlo, debemos fijarnos en una pieza fundamental de la vida: los ribosomas.

Las fábricas de proteínas de la célula

Cada célula contiene miles de ribosomas. Son estructuras formadas por ARN ribosomal (ARNr) y proteínas que funcionan como auténticas fábricas: sintetizan proteínas a partir de la información contenida en el ARN mensajero (ARNm).

Una forma sencilla de entenderlo es imaginar el ADN como un libro de recetas. El ARNm sería la copia de una receta concreta, y el ribosoma, el cocinero que sigue esas instrucciones para preparar el plato final: la proteína.

Este proceso, llamado traducción, es extremadamente preciso y, sin él, la vida no sería posible. Su importancia es tal que los ribosomas apenas han cambiado a lo largo de la evolución: desde las bacterias hasta los humanos, son sorprendentemente similares.

Su fabricación supone un enorme esfuerzo para la célula. En células en crecimiento se generan miles de subunidades ribosómicas por minuto, implicando un proceso muy costoso desde el punto de vista energético. Y, aun así, a veces fallan.

Cuando los ribosomas fallan

Cuando esto ocurre, aparecen las ribosomopatías: enfermedades raras causadas por defectos en la formación o el funcionamiento de los ribosomas. Aunque afectan a un proceso común en todas las células, sus consecuencias son muy diversas. Algunas se manifiestan desde el nacimiento y afectan al desarrollo del rostro o a la audición, como ocurre en el síndrome de Treacher Collins.

También son frecuentes las alteraciones en la sangre y los huesos, los retrasos en el crecimiento o las dificultades en el desarrollo del cerebro. Además, algunos pacientes presentan un mayor riesgo de desarrollar cáncer.

Actualmente no existen tratamientos que corrijan el origen del problema. Las terapias disponibles se centran en aliviar los síntomas, lo que a menudo implica tratamientos prolongados, con efectos secundarios, y años de seguimiento médico desde la infancia.

Un mismo error, efectos distintos

Aquí aparece la gran pregunta: si todas las células necesitan ribosomas, ¿por qué no todas enferman? Podemos imaginar las células como una cocina con varios fogones: todas usan la misma receta (el ARNm) y los mismos utensilios defectuosos, pero algunas consiguen cocinar bien, otras queman el plato y otras ni siquiera logran prepararlo.

Una posible explicación es que no todos los tejidos tienen las mismas exigencias. Algunas células, como las de la médula ósea, se dividen rápidamente y necesitan producir proteínas de forma masiva, lo que las hace más vulnerables ante cualquier fallo en la maquinaria.

Otra posibilidad es que no todas las instrucciones genéticas se utilicen con la misma facilidad: algunas son más difíciles de “leer” y, cuando los ribosomas escasean o funcionan mal, son las primeras en fallar, afectando especialmente a los tejidos que dependen de ellas.

Además, cada vez hay más evidencias que sugieren que los ribosomas no son idénticos: pequeñas diferencias en su composición podrían hacer que algunos estén especializados en producir proteínas concretas. Así, un error específico afectaría solo a los ribosomas de ciertos tejidos.

Probablemente, la respuesta sea una combinación de todos estos factores.

Exceso de protección

Por otra parte, los problemas en los ribosomas no solo afectan a la producción de proteínas: también activan mecanismos de defensa celular, como la proteína p53, conocida como el “guardián del genoma”.

Esta proteína puede frenar la división celular o inducir la muerte de la célula para evitar daños mayores. Tal protección, sin embargo, tiene un coste: la pérdida de células en tejidos sensibles, lo que contribuye a muchos de los síntomas de las ribosomopatías.

Curiosamente, aunque las ribosomopatías se asocian a una menor multiplicación celular, muchas de ellas presentan con el tiempo un mayor riesgo de cáncer. Este fenómeno, conocido como la paradoja de Dameshek, sugiere que la activación prolongada de medidas de defensa como p53 favorece la aparición de células capaces de escapar a estos controles y crecer sin freno.

Así, lo que empieza como un mecanismo de protección puede convertirse, con el tiempo, en una vía de escape.

Lo que estas enfermedades nos enseñan

Las ribosomopatías nos obligan a replantearnos una idea que parecía evidente: que todas las células responden igual ante un mismo problema. Y no es así. Entender por qué algunas fallan mientras otras resisten no solo es clave para desarrollar mejores tratamientos, sino también para comprender procesos fundamentales como el desarrollo del cáncer.

Porque entender lo más básico puede ser, precisamente, lo que nos permita explicar, y algún día tratar, lo más complejo. Incluso cuando ese problema empieza en algo tan pequeño como un ribosoma.

The Conversation

Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation

ref. La huelga de los ribosomas: por qué el cuerpo enferma por piezas – https://theconversation.com/la-huelga-de-los-ribosomas-por-que-el-cuerpo-enferma-por-piezas-288833

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