Source: United Nations – in Spanish 4
Headline: América Latina busca convertir su potencial agroalimentario en inversiones para el campo
20 Agosto 2026 Asuntos económicos
América Latina y el Caribe es una de las grandes regiones productoras de alimentos del mundo, pero cerca del 70% de quienes los producen enfrenta barreras para acceder al financiamiento formal. Una nueva agenda regional busca conectar el capital con las necesidades de los territorios rurales.
América Latina y el Caribe produce alimentos para el mundo, pero buena parte de quienes sostienen esa producción todavía encuentra dificultades para acceder a los recursos necesarios para invertir, crecer y hacer frente a los efectos del cambio climático. Ante esa brecha, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) impulsa una nueva agenda para movilizar inversiones hacia los sistemas agroalimentarios de la región.
Durante un encuentro celebrado los días 18 y 19 de agosto en Santiago de Chile, 70 representantes de gobiernos, bancos de desarrollo, instituciones financieras, organismos internacionales, empresas y organizaciones de agricultura familiar analizaron cómo pasar de iniciativas aisladas de inclusión financiera a inversiones de mayor escala capaces de generar impacto en los territorios rurales.
El desafío es considerable. Aunque la región desempeña un papel estratégico en la producción mundial de alimentos, 32 millones de personas todavía padecen hambre y cerca del 70% de quienes producen alimentos enfrenta obstáculos para acceder al financiamiento formal. A ello se suma la elevada exposición de la agricultura regional a los riesgos climáticos.
“América Latina y el Caribe es una potencia agroalimentaria mundial”, afirmó Rene Orellana Halkyer, Subdirector General y Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, quien advirtió que el financiamiento disponible continúa siendo insuficiente y fragmentado frente a las necesidades y oportunidades existentes.
“Tenemos una oportunidad y una responsabilidad compartida: convertir el potencial agroalimentario de la región en inversiones concretas que fortalezcan la seguridad alimentaria, la resiliencia climática y las oportunidades de desarrollo rural”, agregó.
Del crédito aislado a inversiones para todo un territorio
Uno de los principales consensos del encuentro fue que facilitar crédito por sí solo no es suficiente. Los participantes identificaron cinco prioridades para construir un sistema de financiamiento capaz de acompañar la transformación de los sistemas agroalimentarios y responder a las particularidades de cada territorio.
Entre ellas figura dejar atrás la lógica de proyectos aislados y desarrollar carteras territoriales de inversión que conecten la producción agrícola con las cadenas de valor, la infraestructura, la conectividad, los servicios técnicos y los mercados. La propuesta contempla también instrumentos financieros adaptados a las características y riesgos de cada zona.
El ministro de Agricultura de Chile, Jaime Campos Quiroga, destacó precisamente la necesidad de evitar soluciones uniformes. “Las soluciones financieras a nuestro entender deben tener distintas escalas productivas, las particulares características de los territorios y las condiciones especiales que día a día enfrentan los agricultores”, señaló durante el cierre del encuentro.
La agenda plantea además invertir en las capacidades de las comunidades rurales mediante educación financiera, asistencia técnica, gestión empresarial y asociatividad, así como fortalecer la colaboración entre gobiernos, bancos de desarrollo, cooperativas, empresas, inversionistas, universidades, organismos de cooperación y organizaciones locales.
Los pequeños y medianos agricultores familiares ocupan un lugar central en esta propuesta. Los participantes plantearon desarrollar soluciones que combinen financiamiento con asistencia técnica, información, gestión de riesgos y acceso a mercados, en lugar de tratar cada una de esas necesidades de forma independiente.
El clima también entra en las decisiones de inversión
Otro de los consensos fue situar la acción climática en el centro de las decisiones financieras. Esto supone transformar los compromisos ambientales en proyectos capaces de atraer recursos para prácticas productivas sostenibles, restauración de ecosistemas, infraestructura resiliente, mejor gestión del agua y seguros agropecuarios.
La FAO busca desempeñar un papel de articulación entre las necesidades de los territorios y los recursos financieros, el conocimiento y la innovación disponibles. Actualmente, según Orellana Halkyer, la organización gestiona más de 1000 millones de dólares a través de más de 400 proyectos en 32 países de América Latina y el Caribe.
Esa presencia territorial, explicó la organización, puede servir para conectar políticas públicas y capacidades técnicas con bancos, inversionistas y otros socios para el desarrollo, y convertir oportunidades productivas en proyectos financieramente viables.
En el encuentro participaron representantes de instituciones financieras públicas y privadas, bancos regionales de desarrollo, organismos internacionales y mecanismos de integración, junto con autoridades de varios países y organizaciones vinculadas a la agricultura familiar.
El objetivo de más largo plazo es construir ecosistemas financieros territoriales que acompañen las distintas necesidades de productores, cooperativas, organizaciones y empresas agroalimentarias y permitan movilizar inversiones que combinen productividad, inclusión, resiliencia climática y desarrollo rural.
La apuesta es que una región con una posición estratégica en la alimentación mundial pueda también dirigir más recursos hacia quienes producen sus alimentos y hacia los territorios donde se juega buena parte de su seguridad alimentaria y su capacidad para responder a un clima cada vez más cambiante.
