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Cuidar nuestros bienes comunes: hacia una nueva cultura medioambiental y científica de la playa

Cuidar nuestros bienes comunes: hacia una nueva cultura medioambiental y científica de la playa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ananda Pascual Ascaso, Doctora en Oceanografía Física e Investigadora Científica, Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA – CSIC – UIB)

forestpath/Shutterstock

Llegamos a la playa, extendemos la toalla y, casi sin darnos cuenta, apartamos un tapón, un envoltorio o un pequeño fragmento de plástico que encontramos en la arena. Es un gesto cotidiano que muchos repetimos cada verano. Tan cotidiano que quizá hemos terminado aceptando como normal algo que no debería serlo.
La contaminación por plásticos constituye uno de los principales desafíos ambientales para los océanos.

Se estima que, solo al mar Mediterráneo, llegan cada día alrededor de 730 toneladas de residuos plásticos, muchos de los cuales permanecen durante años desplazándose impulsados por las corrientes marinas, el viento y el oleaje antes de alcanzar la costa.

Reducir el consumo de plásticos, mejorar la gestión de los residuos y evitar que alcancen el mar siguen siendo las medidas más importantes. Pero incluso si avanzamos de forma decidida en esa dirección, durante años seguiremos conviviendo con una gran cantidad de desechos que ya circulan por nuestros mares.

Más allá de las medidas necesarias para reducir la contaminación en origen, quizá ha llegado el momento de plantearnos una pregunta distinta: ¿podemos transformar también nuestra manera de relacionarnos con las playas?




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Quizá ha llegado el momento de impulsar una nueva cultura de la playa

Durante las últimas décadas hemos incorporado a nuestra vida cotidiana hábitos que hace no tanto tiempo parecían excepcionales. Hoy reciclamos en casa, utilizamos bolsas reutilizables o procuramos reducir el consumo de plásticos de un solo uso. Estos cambios no surgieron de manera espontánea: han sido el resultado de políticas públicas, campañas de sensibilización y, sobre todo, de una transformación progresiva de nuestra conciencia colectiva.

¿Por qué no aspirar a una evolución similar en nuestra relación con las playas?
Disfrutar del litoral y contribuir a su conservación no deberían entenderse como acciones independientes. Del mismo modo que procuramos no dejar residuos tras un picnic en el campo, podría convertirse en un hábito natural dedicar unos minutos, al llegar, antes de marcharnos o durante un paseo por la orilla, a recoger algunos plásticos que encontremos en la arena y depositarlos en el contenedor correspondiente.

Muchas familias ya llevan pequeñas redes para que los niños exploren la orilla buscando peces, cangrejos o conchas. Ese mismo utensilio podría servir también para retirar pequeños fragmentos de plástico, residuos especialmente abundantes y que con frecuencia escapan a las labores habituales de limpieza. Más que una actividad de limpieza, podría convertirse en una forma sencilla de cuidar el entorno mientras disfrutamos de él.

El impacto de esta acción puede parecer insignificante cuando la realiza una sola persona. Sin embargo, deja de serlo cuando se multiplica por millones de visitantes. Las Islas Baleares reciben cada año millones de turistas, además de quienes vivimos aquí y disfrutamos del litoral durante todo el año. Si una parte significativa de todos ellos incorporara este gesto a su rutina, el efecto acumulado podría ser notable.

Esta forma de entender la relación con nuestras playas no pretende sustituir la responsabilidad de las administraciones públicas. La prevención de la contaminación, la mejora de la gestión de los residuos y la limpieza de las playas seguirán siendo responsabilidades esenciales de las instituciones. La implicación ciudadana debe entenderse como un complemento, no como una alternativa.




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Una oportunidad también para la ciencia

Comprender cómo se transportan los materiales flotantes en el océano constituye uno de los grandes retos de la oceanografía. Los mismos procesos que organizan la circulación superficial y redistribuyen calor, nutrientes, plancton o larvas marinas condicionan también el recorrido de los residuos plásticos y su acumulación en determinadas zonas de la costa.

En los últimos años hemos empezado a observar estos procesos con un nivel de detalle sin precedentes gracias a satélites, vehículos autónomos, boyas instrumentadas y modelos numéricos. Sin embargo, sigue siendo difícil disponer de observaciones continuas sobre lo que ocurre cuando esos materiales alcanzan la costa.

Aquí es donde una iniciativa ciudadana puede aportar un valor añadido. Si, de forma completamente voluntaria, algunas personas decidieran registrar dónde han recogido esos residuos, cuándo lo han hecho o qué tipo de plásticos predominaban, esa información podría complementar las observaciones científicas tradicionales. Experiencias recientes en el Mediterráneo han demostrado que la ciencia ciudadana puede aportar datos de gran utilidad para estudiar el transporte y la acumulación de residuos marinos cuando se combina con modelos numéricos y observaciones oceanográficas.

Combinada con datos de corrientes, viento, oleaje e imágenes de satélite, esta información ayudaría a comprender mejor las rutas de transporte, identificar zonas de acumulación de residuos marinos y analizar cómo estos patrones evolucionan en el tiempo. Es decir, el mismo gesto que contribuye a mantener una playa más limpia podría ayudar también a generar conocimiento científico útil para proteger mejor nuestras costas.

Una iniciativa de este tipo solo tendría sentido si fuera realmente colectiva. Administraciones públicas, universidades, centros de investigación, puertos deportivos, clubes náuticos, centros educativos, empresas, organizaciones ambientales y sector turístico podrían contribuir a convertir un pequeño gesto individual en un hábito social. No sería una campaña puntual de limpieza sino una nueva manera de disfrutar y cuidar el litoral.

The Conversation

Ananda Pascual Ascaso recibe fondos de los proyectos FaSt-SWOT (PID2021-122417NB-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España, la Agencia Estatal de Investigación y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FUE); del “Sea Level Thematic Assembly Center” (SL-TAC), financiado por el Servicio Marino de Copernicus; y del proyecto europeo “Ocean observations and indicators for climate and assessments” (ObsSea4Clim), financiado por el Programa de Horizonte Europa de la Unión Europea, bajo el acuerdo de subvención nº 101136548. Este trabajo se desarrolla en el marco de las actividades del Centro de Excelencia María de Maeztu otorgado al IMEDEA (CSIC-UIB) (CEX2021-001198).

ref. Cuidar nuestros bienes comunes: hacia una nueva cultura medioambiental y científica de la playa – https://theconversation.com/cuidar-nuestros-bienes-comunes-hacia-una-nueva-cultura-medioambiental-y-cientifica-de-la-playa-289671

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