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El virus de la desconfianza: cuando el rechazo a las vacunas se convierte en un arma política

El virus de la desconfianza: cuando el rechazo a las vacunas se convierte en un arma política

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Almudena Recio Román, Miembro del grupo de investigación SEJ324 “Nuevas Tendencias en Marketing”, Universidad de Almería

Manifestación de antivacunas en Mánchester (Inglaterra) en diciembre de 2020. John B Hewitt/Shutterstock

Imaginemos por un momento a un virus microscópico sellando una alianza con un movimiento político. Suena a distopía o a guión cinematográfico, pero es la metáfora perfecta de lo que está ocurriendo hoy en nuestras sociedades.

Actualmente disponemos de las herramientas médicas más eficaces de la historia para erradicar enfermedades terribles. Sin embargo, los datos son tozudos: Europa ha registrado recientemente repuntes alarmantes de sarampión, superando decenas de miles de contagios en los últimos años. ¿Por qué estas infecciones, que creíamos acorraladas, están volviendo a encontrar resquicios por los que colarse en pleno siglo XXI? Porque un nuevo patógeno ha entrado en el torrente sanguíneo de nuestra sociedad: la epidemia de la desconfianza.

Cuando intentamos explicar por qué alguien rechaza una vacuna, la reacción instintiva es culpar a la falta de cultura científica, al analfabetismo funcional o a los oscuros rincones de internet rebosantes de noticias falsas. Pero la ciencia ha demostrado que la raíz del problema es mucho más profunda. Si las vacunas son nuestro gran escudo colectivo, lo que está resquebrajando ese escudo desde dentro no es solo la ignorancia, sino el descontento político.

El populismo médico y las grietas en el muro

Para entender esta dinámica, es necesario cruzar las fronteras de la medicina y adentrarse en la sociología y la ciencia política. Los partidos y movimientos populistas se alimentan del desencanto social. Su narrativa básica, independientemente de si se sitúan a un lado o al otro del espectro ideológico, consiste en dividir el mundo entre un “pueblo puro” que sufre y una “élite corrupta” que conspira para mantener sus privilegios.

¿Quién es la élite cuando hablamos de salud pública? A los ojos de un ciudadano desencantado, son los científicos, las instituciones sanitarias, los organismos europeos y la industria farmacéutica.

Investigaciones recientes, basadas en el análisis del comportamiento hacia las vacunas de decenas de miles de ciudadanos en la Unión Europea, han desvelado un mecanismo humano tan fascinante como peligroso. Se ha comprobado que la desigualdad económica y los problemas para llegar a fin de mes actúan como una tierra fértil para la insatisfacción vital. El discurso populista funciona como el fertilizante, y el rechazo a la medicina oficial es la mala hierba que brota como resultado.

La evidencia muestra que el descontento político actúa como un puente perfecto entre la desconfianza generalizada en las instituciones y la negativa a vacunarse. Quien siente que el sistema político y económico le ha dejado atrás, termina por rechazar también la ciencia que emana de ese mismo sistema.

El peligro de las “pequeñas bolsas”

La pregunta obligada es por qué el rechazo a las vacunas encaja tan bien en las agendas de desestabilización política. La respuesta está en la propia naturaleza de la inmunización.

Para que una vacuna proteja a toda una sociedad no basta con el acto individual de recibir un pinchazo; se necesita alcanzar la “inmunidad de rebaño”. Este escudo colectivo requiere que, dependiendo de la capacidad de contagio del patógeno, entre el 80 % y el 95 % de la población esté inmunizada para frenar la transmisión. Y aquí radica la gran vulnerabilidad de nuestras democracias sanitarias: para generar el caos, no es necesario convencer a la mayoría de un país de que rechace la ciencia; basta con sembrar la duda en una pequeña minoría.

En epidemiología, esto se conoce como el problema de las “pequeñas bolsas”. Si un grupo reducido pero concentrado de ciudadanos decide no vacunar a sus hijos, se crea una grieta en el muro de contención. Una fisura minúscula es suficiente para que la inundación de un virus arrase con los más vulnerables.

El mapa del miedo no entiende de fronteras

Ante este panorama global, las autoridades sanitarias suelen reaccionar con un enfoque local. Los gobiernos diseñan campañas de concienciación de ámbito nacional, asumiendo implícitamente que un ciudadano español no tiene nada que ver con uno sueco o búlgaro. Sin embargo, la investigación transnacional ha demostrado que esta premisa es errónea.

Al mapear la reticencia vacunal en Europa, lo que emerge no es un mosaico de nacionalidades, sino un mapa de comportamientos y miedos compartidos. Los estudios más exhaustivos han identificado hasta siete “segmentos” o perfiles psicológicos muy distintos frente a la vacunación.

Estos perfiles van desde los “provacunas” (la gran mayoría, que confía en el sistema) hasta los “antivacunas desinformados” (personas con un nivel de inseguridad tan alto que no confían en ninguna fuente de información oficial ni mediática). Entre ambos extremos, existe una rica escala de grises en cuanto a comportamientos hacia las vacunas.

El hallazgo más revelador de esta segmentación es que las fronteras políticas no existen para el miedo. Un antivacunas francés comparte exactamente el mismo patrón de desconfianza, las mismas fuentes de información y los mismos temores que un antivacunas rumano, polaco o italiano.

Una vacuna social

¿Qué significa todo esto para el futuro de la medicina preventiva? Significa que, si queremos ganar la batalla, debemos cambiar de estrategia. Mientras que la industria de la desinformación utiliza el marketing global estandarizado para propagar la duda en redes sociales, las instituciones públicas responden de forma aislada.

Necesitamos aplicar estrategias de “marketing social” a escala global, pero adaptadas a los perfiles psicológicos. Debemos dejar de lanzar un único mensaje institucional y empezar a dialogar con cada grupo. Quien no se vacuna por un miedo genuino a los efectos secundarios necesita empatía e información clara, un trato radicalmente distinto al que requiere quien no se vacuna por pura rebeldía antisistema.

Si queremos evitar que las enfermedades del pasado dicten nuestro futuro, no podemos depender únicamente de las jeringuillas. Luchar contra la desigualdad social y restaurar la confianza en nuestras instituciones es, hoy en día, una intervención de salud pública de primer orden. Hemos demostrado ser capaces de crear vacunas en un tiempo récord; ahora, nuestro mayor reto científico y humano es desarrollar una vacuna social.

The Conversation

Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation

ref. El virus de la desconfianza: cuando el rechazo a las vacunas se convierte en un arma política – https://theconversation.com/el-virus-de-la-desconfianza-cuando-el-rechazo-a-las-vacunas-se-convierte-en-un-arma-politica-289057

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