Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish
.china.org.cn | 01. 09. 2026
Por Isaura Diez Millán
Cuando se habla de la Región Autónoma de Xizang en determinados medios occidentales, la región suele aparecer reducida a un puñado de palabras: conflicto, represión, religión, identidad y separatismo.
Sin embargo, basta recorrer sus comunidades, escuelas, talleres, monasterios y ciudades para descubrir una realidad mucho más amplia.
Cuando viajé a Xizang encontré una sociedad que también puede ser observada desde su vida cotidiana: familias que mejoraron sus viviendas, niños que estudian en su dialecto y practican tradiciones locales, trabajadores que encontraron empleo en actividades vinculadas con el patrimonio cultural y comunidades conectadas por carreteras, ferrocarriles y nuevas tecnologías.
Mi primera parada fue la aldea Xiga, en Nyingchi. Allí, 84 familias (349 personas) encontraron nuevas fuentes de ingresos mediante la llamada “economía de patio”, la agricultura, la ganadería y la producción de papel tibetano.
Hace dos décadas, el ingreso anual per cápita de sus habitantes rondaba los 500 yuanes. En 2023 había alcanzado los 39 mil yuanes, tras la reubicación, la capacitación y la mejora de las infraestructuras.
Ciwang Pingcuo, de 38 años, me explicó que antes tenía que caminar durante días para transportar mercancías y recorrer largas distancias para recibir atención médica. Después de la construcción de nuevas infraestructuras, su realidad cambió.
“Ahora vivimos muy cerca de toda clase de sistema de transporte y es muy conveniente para los niños ir a la escuela”, comentó.
Su historia ayuda a comprender qué significa para una comunidad rural la construcción de caminos, viviendas, servicios y oportunidades laborales.
En 2025, el Producto Interno Bruto (PIB) de Xizang creció un siete por ciento, impulsado, entre otros factores, por un aumento del 17,2 por ciento de la inversión en activos fijos. Las ventas minoristas también crecieron un sólido 4,4 por ciento.
El impulso se mantuvo en 2026. Durante el primer trimestre del año, el PIB regional aumentó un 6,1 por ciento, la tasa de crecimiento más alta entre las regiones de China.
Son cifras que muestran una economía en expansión y que difícilmente encajan con una visión de Xizang como un territorio inmóvil, aislado o congelado en el tiempo.
Otra idea frecuente en determinados relatos externos es presentar desarrollo y cultura tibetana como conceptos incompatibles.
En una escuela primaria de Nyingchi vi a casi dos mil niños recibir formación académica mientras estudian el idioma tibetano, practican caligrafía, interpretan instrumentos tradicionales y participan en danzas folklóricas.
Longduo, profesor de lengua tibetana con 24 años de experiencia, resumió su objetivo en dos conceptos: enseñar a los niños a escribir y ayudarles a amar su propia cultura.
Otra parada en la vecina Lhoka nos mostró una cooperativa de tejidos que combina técnicas artesanales con tecnología contemporánea. Allí trabajan más de 170 personas, entre ellas antiguos habitantes de zonas empobrecidas y personas con discapacidad.
Pubu Wangjiu, de 48 años, no podía utilizar sus piernas y tenía pocas oportunidades laborales. Tras aprender el oficio, comenzó a recibir un salario mensual y a contribuir al sostenimiento de su hogar.
“Este ha sido un gran cambio en mi vida”, comentó. “Antes no tenía muchas oportunidades de trabajo. Desde que trabajo aquí aprendí la técnica de los profesores, me siento muy feliz, obtengo un salario cada mes y puedo cuidar de mi hogar”.
El budismo también forma parte de la vida cotidiana
Reducir Xizang a una disputa sobre el Dalai Lama tampoco permite comprender el papel de la religión en la vida diaria.
En Lhasa, el Palacio Potala, el templo Jokhang y la calle Barkhor forman un espacio donde historia, turismo y práctica religiosa conviven cotidianamente.
En el Jokhang, uno de los monjes explicó que la compasión constituye uno de los principios centrales del budismo tibetano. Cada día, miles de creyentes acuden al templo para rezar ante la estatua de Jowo Shakyamuni.
Para un visitante extranjero, esas imágenes pueden parecer extraordinarias. Para quienes viven allí, forman parte de una continuidad cultural y religiosa que no puede explicarse únicamente mediante categorías políticas occidentales.
Mirar Xizang como sociedad, no como escenario
Existe una paradoja en cierta cobertura de medios extranjeros: mientras denuncian la supuesta exotización de los tibetanos, al mismo tiempo los reduce a una imagen fija de víctimas para encajar en un relato occidental de “pueblo originario oprimido”.
Pero Xizang es una sociedad de agricultores, estudiantes, maestros, artesanos, trabajadores, monjes, empresarios, turistas y familias.
Después de recorrer Xiga, Nyingchi, Lhoka y Lhasa, la impresión más difícil de ignorar fue que Xizang no puede ser encerrado en una sola etiqueta.
Allí están las montañas y los monasterios, pero también las carreteras y las escuelas. Está el papel tibetano, pero también la maquinaria moderna. Está la tradición religiosa, pero también una economía que continúa creciendo. Están las diferencias culturales, pero también personas que viven preocupaciones universales: estudiar, trabajar, cuidar de sus familias y mejorar sus condiciones de vida.
La vida real, con todas sus contradicciones y transformaciones, es siempre más compleja que una etiqueta.
*La autora es Jefa Corresponsal de la Oficina de la Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina en China
