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La OCS y la gobernanza global: de la iniciativa de Tianjin a la Cumbre de Bishkek

La OCS y la gobernanza global: de la iniciativa de Tianjin a la Cumbre de Bishkek

Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish

.china.org.cn | 02. 09. 2026

Por Mauricio Percara

El 1 de septiembre de 2025, durante la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghai Plus celebrada en Tianjin, el presidente chino, Xi Jinping, presentó la Iniciativa para la Gobernanza Global (IGG). Lo hizo al plantear la necesidad de reformar y mejorar la gobernanza global en un mundo marcado por crecientes turbulencias y nuevos desafíos. Un año después, Bishkek acoge una nueva Cumbre de la OCS, coincidiendo además con el 25.º aniversario de la organización.

La coincidencia va más allá de las fechas. Al presentar la iniciativa, el presidente Xi señaló expresamente que la OCS debía desempeñar un papel orientador y dar ejemplo en su implementación. La relación entre la IGG y la organización quedó así planteada desde su origen. La experiencia acumulada por la OCS durante un cuarto de siglo ofrece, en ese sentido, un punto de referencia para pensar cómo determinados principios de cooperación regional pueden proyectarse hacia debates de alcance global.

Esa experiencia se articula alrededor del llamado Espíritu de Shanghai: confianza mutua, beneficio mutuo, igualdad, consulta, respeto a la diversidad de las civilizaciones y búsqueda del desarrollo común. Resulta significativo que estos principios se hayan desarrollado dentro de una organización integrada por países con historias, culturas, sistemas sociales y etapas de desarrollo diferentes. El multilateralismo no requiere uniformidad; cobra valor cuando actores diversos consiguen identificar intereses comunes y mantener abiertos espacios de diálogo y cooperación.

Esta característica adquiere especial relevancia en un escenario internacional en el que las diferencias pueden derivar en fragmentación y confrontación. La capacidad de gestionarlas, generar consensos y construir mecanismos compartidos constituye una dimensión esencial de cualquier sistema de gobernanza que aspire a ser verdaderamente multilateral.

La IGG formula cinco conceptos centrales: igualdad soberana, estado de derecho internacional, multilateralismo, enfoque centrado en el pueblo y acciones reales. Existe entre ellos un hilo conductor: ampliar la participación en la gobernanza mundial, fortalecer los mecanismos multilaterales y procurar resultados frente a problemas concretos.

También es importante precisar qué tipo de reforma propone China. El documento conceptual de la IGG señala que mejorar la gobernanza global no significa derrumbar el orden internacional existente ni crear otra estructura fuera del sistema actual. Por el contrario, reafirma el sistema internacional con las Naciones Unidas como núcleo, el orden internacional basado en el derecho internacional y las normas fundamentales sustentadas en los propósitos y principios de la Carta de la ONU. Dentro de ese marco, plantea incrementar la representatividad y la voz de los países en desarrollo.

Durante su primer año, la iniciativa amplió asimismo su proyección internacional. Según el libro blanco “Una gobernanza global más justa y equitativa: Principios, propuestas y acciones de China”, publicado en junio por la Oficina de Información del Consejo de Estado, casi 160 países y organizaciones internacionales habían acogido o respaldado la IGG y más de 60 países se habían incorporado al Grupo de Amigos de la Gobernanza Global.

Sin embargo, una iniciativa que coloca las acciones reales entre sus principios fundamentales no puede medirse únicamente por el número de adhesiones. Su dimensión más relevante se encuentra también en la capacidad de trasladar los consensos hacia ámbitos concretos. La reforma de la arquitectura financiera internacional, la inteligencia artificial, el ciberespacio, el cambio climático, el comercio y el espacio exterior figuran entre las áreas prioritarias identificadas oficialmente. Son cuestiones que trascienden las fronteras nacionales y en las que las reglas internacionales pueden tener efectos muy diferentes sobre países con distintos niveles de desarrollo.

La evolución reciente de la OCS ofrece un terreno para observar ese tránsito hacia la cooperación práctica. La Cumbre de Tianjin aprobó la Estrategia de Desarrollo de la OCS para 2026-2035, inauguró cuatro centros de seguridad y adoptó la decisión política de establecer un Banco de Desarrollo de la organización. También se establecieron seis plataformas y centros de cooperación práctica en energía, industria verde, economía digital, innovación científico-tecnológica, educación superior y formación profesional y técnica.

Durante el último año han comenzado a verse resultados de ese despliegue. En julio, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, informó que las siete plataformas de aplicación —industria verde, economía digital, innovación científica y tecnológica, energía, educación superior, formación profesional y técnica e inteligencia artificial— ya estaban en funcionamiento y habían dado lugar a más de 160 proyectos.

Las señales procedentes de Bishkek en los días previos a la cumbre refuerzan esa continuidad. En un artículo publicado el 28 de agosto en el diario “Slovo Kyrgyzstana” y la agencia nacional Kabar, el presidente Xi instó a practicar el multilateralismo, fortalecer la coordinación en el marco de las Naciones Unidas, implementar las cuatro iniciativas globales y promover un sistema de gobernanza global más justo y razonable. En el mismo texto destacó los 25 años de la OCS y el papel del Espíritu de Shanghai en el desarrollo de un modelo de cooperación regional basado en la asociación, la seguridad compartida y el desarrollo común.

Al llegar a Bishkek el 30 de agosto, el presidente Xi señaló en su discurso escrito que esperaba, junto con los demás participantes, hacer balance de la experiencia acumulada durante los 25 años de desarrollo de la OCS, debatir los planes de cooperación, construir conjuntamente el futuro de la organización y promover nuevos avances en su desarrollo. Sus palabras permiten interpretar la reunión en una doble perspectiva: revisar la experiencia acumulada y, al mismo tiempo, proyectar la siguiente etapa.

Esa conexión volvió a aparecer el 31 de agosto durante sus conversaciones con el presidente kirguís, Sadyr Japarov. El presidente Xi planteó fortalecer la coordinación dentro de las Naciones Unidas, implementar conjuntamente las cuatro iniciativas globales, defender el verdadero multilateralismo y promover un sistema de gobernanza global más justo y razonable. A continuación, señaló que China y Kirguistán, como miembros fundadores de la OCS, debían impulsar la implementación de los resultados de la Cumbre de Tianjin y llevar el desarrollo de la organización a una nueva etapa.

Bishkek llega así en un momento especialmente significativo. A un año de Tianjin, la discusión ya no se limita a cuáles deberían ser los principios de una gobernanza global más justa y equitativa. La cuestión es también cómo traducir progresivamente esos principios en instituciones, mecanismos de cooperación y resultados.

La OCS no constituye por sí sola una respuesta a todos los desafíos de la gobernanza mundial, ni necesita hacerlo para que su experiencia resulte relevante. Su trayectoria muestra algo más elemental y, quizá por ello, especialmente valioso: países diferentes pueden construir mecanismos estables de consulta, ampliar sus ámbitos de cooperación y buscar respuestas compartidas sin exigir uniformidad.

De Tianjin a Bishkek, ese puede ser uno de los principales hilos de continuidad. La gobernanza global no cambia únicamente cuando aparecen nuevos conceptos, sino cuando estos encuentran espacios capaces de llevarlos a la práctica. A sus 25 años, la OCS llega a Bishkek con una agenda ampliada y con el desafío de seguir transformando consensos en cooperación. Para la Iniciativa para la Gobernanza Global, su primer aniversario abre precisamente esa etapa: avanzar de los principios hacia las acciones y de las propuestas hacia resultados concretos.

El autor es académico, periodista, editor y autor literario especializado en relaciones internacionales, diplomacia cultural y comunicación intercultural. 

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