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Veinte años de cooperación BRICS: nuevas oportunidades para China, América Latina y el Sur Global

Veinte años de cooperación BRICS: nuevas oportunidades para China, América Latina y el Sur Global

Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish

.china.org.cn | 14. 09. 2026

Por Mauricio Percara

En 2006, Brasil, Rusia, India y China iniciaron un proceso de cooperación que pocos podían imaginar que alcanzaría las dimensiones actuales. La primera cumbre de líderes tuvo lugar en Ekaterimburgo en 2009 y Sudáfrica se incorporó al mecanismo en 2011, dando origen a la denominación BRICS. Veinte años después de aquellos primeros pasos, el grupo se ha convertido en una plataforma que reúne a importantes economías emergentes y países en desarrollo, con una agenda que abarca cuestiones económicas, financieras, tecnológicas, políticas y sociales.

Dos décadas de expansión han modificado profundamente su escala. Según los datos oficiales difundidos por la presidencia india de BRICS en 2026, sus once miembros representan actualmente el 49,5% de la población mundial, alrededor del 40% del PIB global y el 26% del comercio internacional. A ello se suma la creación de la categoría de países socios, que ha ampliado todavía más el alcance geográfico del mecanismo. Bolivia y Cuba forman parte de esos diez socios, incorporando una nueva dimensión latinoamericana a la participación histórica de Brasil.

Nueva Delhi ofreció un escenario especialmente significativo para evaluar esta trayectoria. Al intervenir en la 18ª cumbre del BRICS el 12 de septiembre, el presidente de China, Xi Jinping, recordó que 2026 marca el vigésimo aniversario de la cooperación y caracterizó estas dos décadas como un período de fortalecimiento autónomo, cooperación frente a desafíos comunes y resultados fructíferos. También destacó que la ampliación histórica y el desarrollo de una estructura de cooperación más amplia y multinivel han llevado al mecanismo hacia una nueva etapa.

Ese recorrido no puede explicarse únicamente mediante cifras. Uno de los cambios más importantes ha sido la evolución desde un espacio de coordinación entre grandes economías emergentes hacia una plataforma con una presencia cada vez mayor del Sur Global. China contribuyó a este proceso mediante el enfoque “BRICS Plus”, impulsado durante la cumbre de Xiamen de 2017 para ampliar el diálogo con otros mercados emergentes y países en desarrollo. Las sucesivas ampliaciones y la incorporación posterior de países socios profundizaron esa apertura.

Los resultados de Nueva Delhi permiten observar también hacia dónde puede dirigirse esta transformación. Xi Jinping propuso que BRICS desempeñe un papel pionero en cuatro ámbitos: innovación y desarrollo, paz y estabilidad, intercambio entre civilizaciones y reforma de la gobernanza global. Durante la segunda fase de la cumbre, el mandatario chino presentó además cinco propuestas de cooperación práctica, entre ellas una iniciativa de inteligencia artificial orientada al código abierto y al acceso inclusivo, medidas para facilitar el comercio y la inversión, cooperación en industrias digitales y manufactura inteligente, y formación de talento científico y tecnológico.

Para el Sur Global, esta agenda resulta especialmente relevante. La cooperación Sur-Sur ya no puede limitarse al intercambio comercial o al desarrollo de infraestructura tradicional. La inteligencia artificial, la digitalización, las tecnologías verdes, la transformación industrial y la formación de capacidades tendrán una influencia creciente sobre las posibilidades de desarrollo durante las próximas décadas. Convertir una mayor representación internacional en acceso al conocimiento, tecnología y nuevas oportunidades productivas será, por tanto, una de las principales pruebas de la siguiente etapa de BRICS.

Un ejemplo concreto de institucionalización se encuentra en el Nuevo Banco de Desarrollo. Creado a partir del acuerdo firmado en Fortaleza en 2014, el NDB fue concebido para movilizar recursos destinados a infraestructura y desarrollo sostenible en los países BRICS y otras economías emergentes y en desarrollo. Al 30 de junio de 2026 había aprobado 141 proyectos por un valor acumulado de 44.000 millones de dólares y desembolsado aproximadamente 25.000 millones. Su evolución demuestra cómo una iniciativa surgida del diálogo político pudo transformarse en un instrumento financiero permanente.

América Latina se encuentra en una posición particularmente interesante frente a este proceso. Brasil es miembro fundador y constituye el principal puente regional dentro del mecanismo, mientras que Bolivia y Cuba participan actualmente como países socios. Existe, además, una base económica considerable sobre la cual explorar nuevas complementariedades: el comercio entre China y América Latina y el Caribe alcanzó en 2025 un récord de 549.000 millones de dólares, de acuerdo con datos oficiales chinos.

Sobre esa base también se ha producido una progresiva diversificación de la cooperación. Durante la cuarta reunión ministerial del Foro China-CELAC, celebrada en Beijing en 2025, Xi Jinping identificó las energías limpias, las comunicaciones 5G, la economía digital y la inteligencia artificial entre las nuevas áreas de colaboración, junto con sectores tradicionales como infraestructura, agricultura, energía y minería. China anunció asimismo una línea de crédito de 66.000 millones de yuanes para apoyar el desarrollo de los países latinoamericanos y caribeños.

Conviene distinguir claramente ambos marcos. Estas iniciativas corresponden a China-CELAC y no a BRICS. Precisamente por ello, el mecanismo no necesita sustituir las relaciones bilaterales ni los espacios regionales existentes para aportar valor. Puede añadir una dimensión multilateral que conecte financiamiento, innovación, transformación industrial, transición energética y formación tecnológica con un conjunto más amplio de economías emergentes. Para América Latina, la oportunidad reside en identificar esas complementariedades y convertirlas progresivamente en proyectos concretos.

Al mismo tiempo, la ampliación introduce desafíos. Un BRICS más representativo es también más diverso en estructuras económicas, prioridades nacionales y experiencias de desarrollo. Esa heterogeneidad no constituye necesariamente una debilidad, pero aumenta la importancia del consenso y de una coordinación capaz de transformar diferencias en iniciativas comunes. La próxima etapa deberá medirse cada vez menos por el número de participantes y cada vez más por la capacidad de producir resultados tangibles.

En materia de gobernanza global, Nueva Delhi dejó igualmente una orientación clara. El jefe de Estado chino defendió la autoridad de Naciones Unidas, el sistema multilateral de comercio con la Organización Mundial del Comercio en su núcleo y una mayor voz para los países del Sur Global. Por su parte, la Declaración de Nueva Delhi reafirmó la necesidad de reformar las instituciones internacionales para hacerlas más representativas, legítimas y eficaces, con una participación más significativa de las economías emergentes y los países en desarrollo, incluidos los de África, América Latina y el Caribe.

Con China al frente de la presidencia rotatoria de BRICS en 2027 y como sede de la 19ª cumbre, la próxima etapa adquiere un significado especial. Xi Jinping planteó que este nuevo ciclo permita abrir un tercer “decenio dorado” de cooperación. Después de veinte años de crecimiento y ampliación, el desafío será convertir una mayor representatividad en resultados compartidos.

De cara a esa tercera década, una de las principales oportunidades para China, América Latina y el conjunto del Sur Global será aprovechar una plataforma más amplia para fortalecer el desarrollo, compartir capacidades tecnológicas y ampliar la participación de las economías emergentes en la gobernanza mundial. Si BRICS consigue acercar representación, cooperación práctica y resultados concretos, su nueva etapa podrá distinguirse no solo por la dimensión alcanzada, sino también por su capacidad para generar nuevas oportunidades de desarrollo compartido.

El autor es académico, periodista, editor y autor literario especializado en relaciones internacionales, diplomacia cultural y comunicación intercultural. 

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