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Colaboración académica bajo el marco del Sur Global

Colaboración académica bajo el marco del Sur Global

Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish

China Hoy | 15. 09. 2026

Durante mucho tiempo, el resto del mundo pareció necesitar aprender de Occidente, incluidas China y América Latina (AL), las cuales están separadas por miles de kilómetros. Sin embargo, a partir del siglo XXI, ambas partes se han ido acercando cada vez más, aprendiendo una de la otra. Este enfoque no solo se refleja en el crecimiento del volumen comercial y la cooperación en infraestructura, sino que, además, ha exigido intercambios y aprendizaje mutuo a nivel del conocimiento. El diálogo intelectual entre China y AL tiene sus raíces en la similitud de su experiencia histórica, sus aspiraciones de desarrollo y su dilema relacionado con la hegemonía intelectual que enfrentan.

13 de marzo de 2024. Empleados trabajan en la línea de producción de la fábrica de televisores TCL en Manaus, Amazonas, Brasil. Xinhua 

Antecedentes históricos y demandas de desarrollo comunes 

China y América Latina comparten la memoria histórica de haber sido dominadas por potencias externas. Desde finales del siglo XV, Latinoamérica sufrió más de tres siglos de dominio colonial por parte de España, Portugal y otros países europeos. Los colonizadores no solo saquearon oro, plata y tierras, sino que también implantaron un sistema de conocimiento eurocéntrico, lo que dificultó que la región escapara de su destino preestablecido incluso después de la independencia. Si bien China no experimentó una colonización territorial completa, sufrió de manera similar la agresión imperialista y las limitaciones de tratados desiguales desde mediados del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, experimentando la humillación de ser una nación “semicolonial”. Esta experiencia compartida de dominación ha creado una afinidad natural entre China y AL, gracias a la cual ambas entienden que si el destino de una nación está “escrito” por fuerzas externas, su sistema intelectual inevitablemente estará subordinado a las ideas de otros. 

Al mismo tiempo, tanto China como AL enfrentan necesidades urgentes de desarrollo. Desde su independencia, los países de la región han estado atrapados en la ilusión del “desarrollismo”, buscando continuamente un camino hacia un desarrollo verdaderamente independiente, desde la industrialización por sustitución de importaciones hasta las reformas neoliberales. China, por otro lado, tras la reforma y apertura, ha logrado la mayor reducción de la pobreza y el mayor crecimiento económico de la historia en tan solo unas décadas, forjando el camino único de modernización china. Esta aspiración compartida de desarrollo constituye un verdadero motor para el intercambio intelectual entre ambas.

18 de mayo de 2026. Visitantes en “Maíz-oro-jaguar: Gran exposición de las antiguas civilizaciones maya y andina”, celebrada en el Museo Capital de Beijing. Wei Yao

Dilema de la hegemonía intelectual 

Los intelectuales latinoamericanos se han enfrentado durante mucho tiempo a un profundo dilema: a pesar de poseer una rica herencia de pensamiento y civilizaciones indígenas, su discurso académico se ha visto sistemáticamente eclipsado por los sistemas de producción de conocimiento de los países occidentales desarrollados. Los científicos sociales latinoamericanos a menudo necesitan publicar artículos en inglés en revistas norteamericanas o europeas para obtener reconocimiento académico y sus teorías de desarrollo deben ser certificadas por centros de investigación en Washington o Londres para entrar en la agenda política. Esta “voz subordinada” ha dificultado una narrativa de sus experiencias bajo sus propios conceptos y teorías. Si bien el concepto indígena de “buen vivir” (sumak kawsay en quechua) está escrito en la Constitución, en el ámbito académico internacional se traduce como “Good Living” o “Good Life” y aún lucha por conseguir un espacio para un diálogo en igualdad de condiciones con las teorías del desarrollo occidentales. 

En los últimos años, China ha impulsado con firmeza la construcción de un sistema de conocimiento independiente para la filosofía y las ciencias sociales, con el objetivo de liberarse de las limitaciones del discurso occidental. En 2022, durante su visita a la Universidad Renmin de China, Xi Jinping, secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China, enfatizó la necesidad de acelerar la construcción de un sistema de filosofía y ciencias sociales con peculiaridades chinas, capaz de facilitar la consolidación de un sistema de conocimiento independiente en el ámbito académico mundial. 

La construcción del sistema intelectual independiente de China comparte un alto grado de coherencia con la exploración de la “descolonización” en AL en la medida en que ambas buscan romper con el monopolio epistemológico del centrismo occidental, ambas partes rechazan el modelo occidental de modernización como el único estándar y ambas abogan por extraer teorías de sus propias tradiciones civilizatorias y realidades prácticas. 

Concepto del “buen vivir” y experiencia china 

El núcleo de la teoría occidental sobre la modernización se basa en una visión lineal y unidimensional del desarrollo: todos los países deben avanzar secuencialmente por la vía establecida por Occidente. Este concepto no solo ignora la diversidad de civilizaciones, sino que también coloca al resto del mundo que no forma parte de Occidente en una humillante posición de atraso. Frente a esta visión, tanto AL como China han planteado sus propias alternativas, pero los caminos y los resultados son diferentes. 

AL tomó prestada la sabiduría de los pueblos autóctonos de los Andes y propuso el concepto del “buen vivir”. Este concepto enfatiza la coexistencia armoniosa entre el ser humano y la naturaleza, el bienestar colectivo de la comunidad y el equilibrio de la vida material y espiritual, y se opone a considerar el crecimiento económico en sí como el objetivo final del desarrollo. 

Sin embargo, la implementación de este concepto en AL ha estado llena de idas y venidas. Aunque el Gobierno de Morales en Bolivia incorporó el “buen vivir” en su Constitución, su economía todavía depende en gran medida de las exportaciones de petróleo y gas natural. 

La causa fundamental del dilema del concepto del “buen vivir” en AL está relacionado a la falta de un apoyo institucional sólido y de ejecución política, ya que el aparato estatal todavía está inmerso en una estructura política y económica extractivista. 

En contraste, China ha tomado un camino más contundente al deshacerse de la visión lineal de desarrollo. Hace tiempo que China se dio cuenta de que no bastaba con copiar el modelo de modernización occidental. En cambio, el Gobierno optó por combinar las necesidades de desarrollo con las prácticas específicas del país y su excelente cultura tradicional, proponiendo el marco teórico de la modernización china. 

Por supuesto, esto no significa que China pueda “guiar” a AL desde una posición condescendiente. La sabiduría de las civilizaciones prehispánicas contenida en el concepto del “buen vivir”, como la reverencia por la Madre Tierra (Pachamama) y el énfasis en las relaciones mutuamente beneficiosas en la comunidad, también puede servir como una fuente de inspiración para China en la construcción de un sistema de conocimiento para la coexistencia armoniosa entre el hombre y la naturaleza. En razón de ello, el intercambio intelectual entre China y AL debe basarse en un aprendizaje mutuo equitativo y bidireccional. 

Más allá de la brecha construida por los medios de comunicación 

Debido a la distancia geográfica y a las importantes barreras lingüísticas, el entendimiento mutuo entre China y Latinoamérica ha estado en gran medida mediado y moldeado por los medios de comunicación, especialmente aquellos del mundo angloparlante. La percepción del público chino sobre AL a menudo se basa en estereotipos como el fútbol, la samba, los narcotraficantes y los golpes de Estado; mientras que la percepción de los latinoamericanos hacia China suele estar teñida de narrativas negativas como la “amenaza china” y la “trampa de la deuda”. Estas imágenes distorsionadas no solo dificultan el entendimiento mutuo, sino que también crean una falsa sensación de “otredad” a nivel intelectual. 

El intercambio intelectual y el aprendizaje mutuo son formas eficaces de desmantelar aquellas imágenes distorsionadas. Cuando los académicos chinos profundizan en las teorías latinoamericanas del nuevo constitucionalismo y los movimientos sociales, y cuando los investigadores latinoamericanos realizan investigaciones sobre la gobernanza rural y la reducción de la pobreza a través de servicios de Internet en China, lo que ambas partes obtienen ya no son imágenes de segunda mano traducidas y filtradas por los medios occidentales, sino un entendimiento directo basado en el contacto y el diálogo académico. 

Hacia una ecología del conocimiento diversa y simbiótica 

El objetivo final del intercambio intelectual y el aprendizaje mutuo entre China y AL no es solo el entendimiento mutuo, sino también la creación conjunta de nuevos saberes, los cuales no son ni una simple producción del pensamiento tradicional chino ni una aceptación pasiva de las teorías locales latinoamericanas. Más bien, se trata del debate y la integración de dos tradiciones civilizacionales capaces de generar nuevos conceptos, teorías y métodos que puedan aportar respuestas a los desafíos globales. 

El intercambio intelectual entre China y Latinoamérica es un claro ejemplo de esta ecología intelectual: el concepto chino de “armonía entre la humanidad y la naturaleza” dialoga con el ideal latinoamericano del “buen vivir”; la práctica china de conseguir la “prosperidad común” se nutre de la exploración latinoamericana de la “economía social y solidaria”; y la construcción china de la “civilización ecológica” resuena con el movimiento latinoamericano por los “derechos de la naturaleza”. Así, a partir del conjunto de estos diálogos, emergen nuevas formas de conocimiento. 

El intercambio intelectual y el aprendizaje mutuo entre China y AL representan, a la vez, un diálogo civilizatorio tardío, pero además, una liberación necesaria del conocimiento. Esta se basa en la experiencia histórica y las aspiraciones de desarrollo comunes de ambas partes, y apunta a la trascendencia de la hegemonía intelectual occidental. Además de aprender de las naciones desarrolladas, los países del Sur Global también pueden aprender unos de otros basándose en sus propias prácticas. El concepto latinoamericano del “buen vivir” sirve como una fuente de inspiración de cara a un desarrollo alternativo, pero su institucionalización y dificultades prácticas también nos advierten que el idealismo divorciado de las condiciones nacionales reales es difícil de arraigar. La práctica de construcción y modernización del sistema de conocimiento independiente de China proporciona una referencia empírica sobre cómo transformar la sabiduría local en un impulso de desarrollo, pero este proceso también requiere mantener la apertura y la humildad hacia las tradiciones de conocimiento no occidentales.

 Autor: CUI ZHONGZHOU*

*Cui Zhongzhou es profesor asociado del Centro de Estudios de América Latina y el Caribe de la Universidad de Ciencia y Tecnología del Suroeste.

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