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“Divide y reinarás” es el pasado; la IDG es el presente, y también el futuro

“Divide y reinarás” es el pasado; la IDG es el presente, y también el futuro

Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish

.china.org.cn | 21. 09. 2026

Por Mauricio Castellanos

En un mundo tan interconectado como el de hoy es virtualmente imposible triunfar solo. Todos necesitamos de alguien más para lograrlo, y todos nos necesitan. Si cada uno decide ir por su lado no podrá llegar muy lejos. Hoy, o avanzamos todos o nos hundimos todos, y aun así hay quienes optan por hundirse, y arrastrarnos a todos al abismo junto con ellos.

Hay países que históricamente le han apostado al juego de suma cero y han salido beneficiados: Se han convertido en poderes hegemónicos, en “dueños del mundo”, en “autoridades” que dictan el destino de todos los demás, que avanzan en su desarrollo a medida que los demás se van quedando rezagados, o, peor aún, a costa de los demás. Esos países, poniendo talanqueras, sembrando cizaña, creando discordia, generando caos e incertidumbre, iniciando y alimentando guerras, habían logrado durante largo tiempo mantener a los demás, y en especial a los menos desarrollados, divididos, dispersos, atrasados, bien tratando de avanzar por sí solos o bien sacrificando sus intereses, su dignidad, y a veces hasta su soberanía, a cambio de las migajas de “ayuda” que esas potencias tuvieran a bien arrojarles.

Mientras esto ocurría, China trabajaba juiciosamente, primero para sanar las heridas de las guerras e invasiones, luego para escapar de las garras de la miseria, y después para desarrollarse. Desde el momento en que el pueblo decidió depositar su confianza en el Partido Comunista de China para guiar los destinos del país, este tuvo claro que para avanzar era necesario un esfuerzo colectivo; que todos, en la medida de sus capacidades, debían aportar; que, como dice el refrán, “la unión hace la fuerza”.

Por eso, fue construyendo pacientemente un grupo de amigos que tenían un objetivo simple, pero no sencillo: Dar a sus pueblos una vida mejor. Gracias a sus particulares condiciones nacionales y a la implementación de su sistema socialista, la apuesta por el multilateralismo le permitió a China llegar a un nivel de desarrollo que la puso en condiciones de dar la mano a los demás para que también se desarrollaran. Y, consciente de su papel como potencia responsable, China concibió la Iniciativa para el Desarrollo Global (IDG).

Al presentarla al mundo, el 21 de septiembre de 2021 en el marco de la 76ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente chino Xi Jinping lo expuso con absoluta claridad: “El desarrollo es la llave maestra para resolver todos los problemas”.

Y el primero de esos problemas es la pobreza, asunto en el que China, habiendo llevado a la prosperidad a 800 millones de personas que antes eran pobres, puede dar cátedra. No es casualidad que la Agenda 2030 de la ONU para el Desarrollo Sostenible también señale la derrota de la pobreza como el primordial de los 17 objetivos por los que en 2015 los 193 países de la organización acordaron trabajar.

Con el apoyo de más de 130 países y organizaciones internacionales que participan en la cooperación, y con cerca de 100 países, organizaciones internacionales y regionales que han firmado documentos de cooperación con China en el marco de la Iniciativa, los primeros cinco años de la IDG pueden considerarse exitosos. El mundo, y en particular el Sur Global, poco a poco se ha ido poniendo de acuerdo en que el unilateralismo y la hegemonía atentan contra el desarrollo global y que si realmente queremos lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a tiempo necesitamos de acción colectiva, necesitamos aportar todos para beneficiarnos todos.

Si bien la misma ONU ha advertido que para 2026 “solo el 36 por ciento de las metas de los ODS podrían cumplirse o están avanzando de alguna forma, cerca de la mitad progresan muy lentamente y el 15 por ciento están retrocediendo”, no se puede pasar por alto el hecho de que se han logrado importantes avances en materia de reducción de la pobreza, garantías de nutrición y salud, educación, uso de energías renovables, igualdad de género, reducción de la brecha digital y protección de los océanos, entre otros.

En este lustro, con el impulso de China, los mecanismos de cooperación global se han fortalecido y revitalizado. Aparte de esto, el país está trabajando por la expansión de mecanismos como el grupo BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghai y potenciando espacios como el Foro de Cooperación China-África y el Foro China-CELAC. Son estas estrategias, y no el aislamiento, las que a la postre permitirán que la humanidad logre un crecimiento equilibrado, coordinado e inclusivo y que el desarrollo deje de ser un privilegio de quienes difícilmente podrían vivir más cómodos y felices.

Con dos tercios de la población global y buena parte de todos los pobres del mundo, los países en desarrollo han encontrado en China, ella misma uno de ellos, un amigo y un socio dispuesto a compartir su sabiduría y experiencia. Al estar centrada en la gente, la IDG apuesta por el talento que abunda en el Sur Global y le brinda asistencia y herramientas para desarrollar su infraestructura y fortalecer su capacidad de producción sin dejar de lado el cuidado del medio ambiente.

Entidades de carácter decididamente multilateral, como el Fondo para el Desarrollo Global y la Cooperación Sur-Sur, el Nuevo Banco de Desarrollo y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, además de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, ofrecen una alternativa a otras, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que con sus innumerables condicionamientos y contraprestaciones fungen más como ralentizadores que como promotores del progreso.

Si la humanidad comparte las mismas necesidades, es justo que también comparta las posibilidades de desarrollo, y el desarrollo mismo. La naturaleza humana hace que nos acerquemos al magnánimo y nos alejemos del egoísta. En su condición de país en desarrollo, China entiende muy bien la situación que viven y las dificultades que enfrentan aquellos Estados que por los avatares de la historia y de la geopolítica están aún en las condiciones que ella misma estaba en sus primeras décadas.

Consciente de que un mundo desarrollado, lejos de representarle un riesgo, también le trae beneficios a ella, China, a través de la IDG, y en colaboración con los países del Sur Global, un actor de no poca importancia en el crecimiento global, está cambiando el paradigma de desarrollo del mundo, acelerando el cumplimiento de los ODS de la Agenda 2030 de la ONU y ayudando a que los más de 6.000 millones de personas que habitan en ellos puedan disfrutar de una existencia digna, igualitaria, saludable, justa, próspera, inclusiva, segura y en armonía con la naturaleza.

Muy a pesar de las potencias hegemónicas, la estrategia de “divide y reinarás” está quedando sepultada en la oscuridad del pasado. Hoy, la Iniciativa para el Desarrollo Global, con el respaldo de múltiples instituciones de cooperación, y con la participación activa de buena parte del mundo, ilumina el camino hacia el futuro. 

El autor es máster en Política Internacional de la Universidad de Fudan (Shanghai) y se ha desempeñado como periodista en diferentes medios oficiales chinos.

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