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“Ni una Maricarmen más” o “Solo el pueblo salva al pueblo”: cuando la batalla política se libra en unas pocas palabras

“Ni una Maricarmen más” o “Solo el pueblo salva al pueblo”: cuando la batalla política se libra en unas pocas palabras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M. Dolores Porto Requejo, Lingüista. Profesora Titular de Filología Inglesa, Universidad de Alcalá

Protesta contra el desahucio de Maricarmen el pasado 24 de septiembre. OSCAR GONZALEZ FUENTES/Shutterstock

Hay frases que parecen demasiado pequeñas para explicar un problema grande. Cinco palabras en una pancarta. Cuatro en una publicación de redes sociales. Un nombre propio convertido en consigna. Y, sin embargo, esas pocas palabras pueden hacer algo mucho más importante que describir una realidad: pueden decirnos cómo debemos mirarla.

En las recientes concentraciones y manifestaciones sobre el problema de la vivienda en España hemos oído frases como: “Los españoles primero”, “Primero los de casa”, “Ni una Maricarmen más” o
“Derecho a techo”

Los eslóganes son una herramienta comunicativa de enorme impacto y con un enorme poder de persuasión. Los vemos durante unos segundos en televisión. Aparecen en una fotografía en redes sociales. Se convierten en un titular. Alguien los transforma en un meme. Y así, una frase de pocas palabras empieza a circular.

Son fáciles de recordar, condensan mucha información en poco espacio y, sobre todo, van directos al corazón. Con muy pocas palabras, y ayudados, a menudo, por una rima fuerte y sonora (“Muchas razones para okupar mansiones”), una composición rítmica (“Pedro, rey, haz un decreto ley”), o juegos de palabras humorísticos (“El ático no hace al monje”), los mejores eslóganes tienen fuertes resonancias lingüísticas, además de emocionales y parecen grabarse en nuestra memoria para siempre, despertando tanto sentimientos positivos de solidaridad y resiliencia, como negativos de rabia o frustración ante las injusticias.

Historias condensadas

Los grandes discursos políticos pueden necesitar veinte minutos para explicar una idea y, sin embargo, los eslóganes en pocas palabras construyen verdaderas historias que nos cuentan quiénes somos, quiénes son los otros, cuál es el peligro y cuál es la solución, o qué merece nuestra atención.

Por ejemplo, “Primero los de casa” plantea una pregunta implícita: ¿quién debe tener prioridad en el acceso a la vivienda? “Ni una Maricarmen más” propone una pregunta completamente diferente: ¿qué tenemos que hacer para que nadie vuelva a encontrarse en una situación semejante?

No son solo eslóganes distintos. Son dos maneras diferentes de definir el problema y, por tanto, de orientar la conversación pública. En el primer caso, la cuestión se organiza alrededor de la pertenencia: nosotros y los otros. El acceso a determinados recursos se presenta como una cuestión de prioridad entre grupos: quién merece estar primero, quién debe ser atendido antes, quién pertenece al “nosotros” y quién queda fuera de él.

En el segundo, el foco cambia. La cuestión ya no es quién tiene más derecho a estar primero, sino qué condiciones sociales están haciendo posible que personas concretas no puedan acceder a una vivienda o corran el riesgo de perderla. El problema deja de construirse en términos de pertenencia y pasa a plantearse en términos de experiencia social, derechos y condiciones de vida.

Y este desplazamiento es importante porque la manera en que definimos un problema condiciona las soluciones que somos capaces de imaginar. Si el problema se formula como una competición entre grupos, las respuestas tenderán a plantearse en términos de exclusión y prioridad de “los nuestros” frente a “los otros”.

Si se formula como un problema de acceso a la vivienda, precariedad y vulnerabilidad, aparecen otras cuestiones: qué políticas de vivienda son necesarias, qué mecanismos de protección funcionan, qué responsabilidades corresponden a las administraciones, qué implicaciones morales conllevan los desahucios y cómo evitar que una persona termine perdiendo su hogar.

Eslóganes reciclables

Tendemos a pensar que cada protesta tiene su eslogan, pero los mejores son, en realidad, reciclables. Los significados de algunos de ellos pueden adaptarse a distintos contextos, reutilizarse en distintas protestas e incluso modificar su orientación ideológica dependiendo de quién se apropie de ellos y en qué entornos se difundan, todo ello sin perder ni un átomo de su fuerza movilizadora.

A veces sufren ligeras variaciones: “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende” es un eco de “Lo público no se vende, lo público se defiende”, una consigna que reaparece en cada manifestación por la sanidad o la educación públicas.

“Ayuso culpable, gobierno responsable” tiene diversas variaciones, como “Rentistas culpables/Urbagestión culpable, gobierno responsable”. Y el citado “Ni una Maricarmen más”, el grito que más se está escuchando en las últimas reivindicaciones contra los desahucios, nos remite a “Ni una menos (Vivas nos queremos)” que clama contra la violencia de género.

Pero también es posible reutilizar un eslogan sin modificarlo, es decir, apropiarse de él y darle un significado radicalmente diferente, como es el caso de “Solo el pueblo salva al pueblo”, un ejemplo paradigmático y bien conocido de cambio ideológico en un eslogan.

Así, “el pueblo” lo constituían, durante la dana de Valencia, los vecinos o los voluntarios frente a las instituciones políticas que reaccionaron tarde; en los incendios del pasado verano, fueron los habitantes de los pueblos amenazados por el fuego, frente a la escasez de recursos en las administraciones públicas para apagarlos; en las protestas contra el genocidio en Gaza, son los ciudadanos que lo denuncian, frente a los gobiernos que callan; pero también, cuando se utiliza en contextos antiinmigración, “el pueblo” son los españoles que exigen una “prioridad nacional” frente a los inmigrantes.

¿De izquierdas o de derechas?

El desplazamiento ideológico que se puede observar en el uso de este eslogan, en particular, ha condicionado su uso en las últimas protestas contra el desahucio, con grupos que defienden su “recuperación” para los movimientos de izquierda y otros que rechazan su utilización por considerarlo “de extrema derecha” y prefieren volver al clásico “el pueblo unido jamás será vencido”.

Buena parte del poder de los eslóganes es hacer que algunas preguntas parezcan más importantes que otras. Porque, al final, la política no solo consiste en intentar convencernos de una respuesta sino, sobre todo, en conseguir que miremos la realidad desde un determinado lugar. Por eso, la batalla por los eslóganes es en realidad la lucha por definir el marco con el que interpretar los acontecimientos desde un determinado punto de vista.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. “Ni una Maricarmen más” o “Solo el pueblo salva al pueblo”: cuando la batalla política se libra en unas pocas palabras – https://theconversation.com/ni-una-maricarmen-mas-o-solo-el-pueblo-salva-al-pueblo-cuando-la-batalla-politica-se-libra-en-unas-pocas-palabras-292752

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