Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Gómez Peña, Profesor Titular de Prehistoria, Departamento de Prehistoria y Arqueología, Universidad de Sevilla

En 1958, la Real Sociedad de Tiro de Pichón de Sevilla estaba inmersa en unas obras, a tres kilómetros de la ciudad, para ampliar sus instalaciones. El 30 de septiembre, en plenas excavaciones, un obrero descubrió por casualidad un brazalete de oro. No lo sabía, pero pertenecía a lo que después se definiría como el tesoro tartésico de El Carambolo (en Camas, Sevilla).
Al completo, el tesoro se compone de veintiún piezas de oro entre las que se encontraron un collar, dos brazaletes, dieciséis placas rectangulares y dos pectorales, y que pesaban en total casi tres kilogramos de oro, algo excepcional en hallazgos de este tipo. No sabemos por qué, pero el tesoro había sido ocultado alrededor de 2 500 años antes en el patio de un santuario, hacia el siglo VI a. e. c., y ahí llevaba desde entonces.
Por su importancia y singularidad, el anuncio tuvo una gran repercusión en la prensa internacional. Desde entonces, estas piezas constituyen uno de los conjuntos más importantes de la arqueología española. Pero, además de ser objetos, ¿cuál era su historia, su significado en la cultura tartésica?
Hasta ahora, las principales interpretaciones han sugerido que las joyas fueron llevadas por reyes y sacerdotes. Sin embargo, nuestra nueva investigación, publicada recientemente en la revista Archivo Español de Arqueología, propone que fue realmente una mujer quien vistió la mayor parte de estas alhajas de oro.
Propuesta de colocación de las joyas
La nueva interpretación se basa en varios paralelos arqueológicos del Mediterráneo y en el mito mesopotámico del “Descenso de Inanna/Ishtar al Inframundo”. Ambos nombres corresponden a la misma diosa, que recibe culto en la misma región geográfica. Inanna era el nombre que recibía por parte del pueblo sumerio durante el III milenio a. e. c., mientras que los acadios la denominaron Ishtar durante el II y I milenio a. e. c.
El mito cuenta que Ishtar viajó al infierno para asistir al funeral del Toro Celeste, marido de la diosa del inframundo, Ereshkigal. Para atravesar las siete puertas de esta región, el guardián allí presente le ordenó que dejara una joya en cada una de ellas. Por este motivo Ishtar fue quitándose su corona, sus collares, su pectoral y sus aros de oro. Estas mismas piezas decoran algunas imágenes en terracota tanto de Inanna como de Ishtar, depositadas como ofrendas en los templos de Próximo Oriente.

A. Escultura de piedra de una posible sacerdotisa localizada en Arsos (Chipre), ca. siglo VI a. e. c. (Karageorghis, 1977, lám. 36, a). B. Terracotas procedentes de Kouklia (Chipre), ca. siglos VIII-VII a. e. c. (The British Museum, n.º inv. 1899,1129).

El uso de este relato en la nueva investigación está justificado porque ambas diosas son las antecesoras directas de la fenicia Astarté. Según nuestra propuesta, se establece un paralelismo entre las joyas de El Carambolo y aquellas con las que se adornó Ishtar antes de descender al inframundo.
En el caso del tesoro sevillano, las joyas fueron portadas por dos personajes. El primero sería una sacerdotisa que representaba a Astarté. El segundo, un monarca o un sacerdote. La sacerdotisa habría llevado las piezas decoradas con rosetas, un símbolo relacionado con la identificación de Astarté con Venus. Se trata de ocho placas dispuestas como una corona, un pectoral y los dos brazaletes. También habría estado adornada con el collar. El segundo personaje habría utilizado el resto de las piezas, las ocho placas restantes, formando otra corona y el segundo pectoral en el centro del pecho.


El ritual
Las joyas de El Carambolo formaron parte del atuendo empleado por estos personajes durante la celebración del matrimonio sagrado. Este rito consistía en la unión simbólica de una diosa y un rey, y su objetivo era representar la renovación anual de la fertilidad de la naturaleza y del ciclo de los astros en el firmamento. También se buscaba con él asegurar la prosperidad y el orden del territorio gobernado, así como la continuidad de la estirpe real.
Este tipo de ritual está documentado en varios templos del Mediterráneo donde se rendía culto a Astarté, así como en santuarios de Próximo Oriente dedicados a Inanna e Ishtar. Según esta interpretación, Dumuzi/Tammuz, pareja de la diosa, descendía al inframundo en junio, durante el solsticio de verano. Allí permanecía hasta el solsticio de diciembre, momento en el que se celebraba su regreso. El matrimonio sagrado tenía así una finalidad política y religiosa, escenificándose mediante el intercambio de joyas y otros símbolos de poder.
El santuario de El Carambolo como escenario del mito
Esta nueva propuesta también encuentra estrechos paralelos en otros elementos sagrados que se han encontrado asociados al santuario. Es el caso de algunas ofrendas, sus altares y la decoración de algunos de sus suelos.
El primero de estos objetos es la pequeña escultura de bronce con la imagen de Astarté encontrada en el cerro de El Carambolo. Por la inscripción que presenta en su base se sabe que estuvo dedicada a un culto de carácter funerario.

Museo Arqueológico de Sevilla, n.º inv. CE11136
El segundo es el altar con forma de piel de toro hallado en el interior de una de sus capillas, relacionado con la piel del Toro Celeste después de su sacrificio. Su muerte y el posterior banquete funerario explican en el mito mesopotámico el viaje de la diosa al inframundo.
El tercer elemento son los pavimentos de conchas encontrados en los espacios de acceso a varias estancias del templo. Estos suelos pueden relacionarse con las valvas mágicas que Ereshkigal ordenó colocar en el umbral del mundo de los muertos. Según el mito, estas conchas permitieron que su hermana Ishtar regresara libre de impurezas al mundo de los vivos.
En definitiva, esta interpretación muestra que en el santuario de El Carambolo se celebró periódicamente un matrimonio sagrado entre una sacerdotisa como manifestación de Astarté y un monarca. Durante esta festividad, ambos personajes lucieron las joyas que componen el tesoro. El hecho de que la mayor parte fueran destinadas a esta diosa fenicia hacen de ella la figura central en la ceremonia.
De este modo, casi 70 años después de que se calificaran a estas piezas como dignas del rey tartésico Argantonio, puede llegarse a la conclusión de que estamos ante un tesoro digno de Astarté.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. ¿Podría ser una mujer la principal portadora del tesoro de El Carambolo? – https://theconversation.com/podria-ser-una-mujer-la-principal-portadora-del-tesoro-de-el-carambolo-291433
