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Comer sin cocinar: el impacto ambiental de los platos preparados

Comer sin cocinar: el impacto ambiental de los platos preparados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Borja Garrido Arias, Profesor Dpto. Ingeniería Mecánica, Escuela ICAI, Universidad Pontificia Comillas

Dodotone/Shutterstock

Cada vez es más habitual encontrar en los supermercados una amplia variedad de platos preparados, ensaladas listas para consumir, alimentos cortados y productos que solo necesitan unos minutos para llegar a la mesa. La comodidad, el ahorro de tiempo y la apariencia cada vez más cercana a la comida casera han convertido estos productos en una alternativa habitual para muchos consumidores.

El fenómeno es tal que los supermercados han incorporado funciones que tradicionalmente asociábamos a la restauración. Esta transformación responde a un cambio evidente en nuestros hábitos de consumo y a una sociedad que dispone de menos tiempo para cocinar.

Pero antes de comprar estos platos preparados, deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿qué ha sido necesario hacer para que ese alimento llegue hasta nosotros listo para consumir?

Según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados (ASEFAPRE), el consumo de estos productos en los hogares mantiene una tendencia creciente. Detrás de ese aumento existe una industria que necesita materias primas, agua, energía, productos químicos, refrigeración, envases y sistemas de tratamiento de aguas residuales.

Por eso, cuando hablamos del impacto ambiental de un plato preparado, no deberíamos fijarnos únicamente en el alimento que tenemos delante. También hay que mirar todo lo que ha ocurrido antes de abrir el envase.

¿Cuánta agua hay detrás de una bolsa de ensalada?

Un ejemplo sencillo es el de una ensalada lavada y cortada.

El producto necesita ser lavado, acondicionado y, en muchos casos, sometido a procesos de desinfección antes de ser envasado. Además, las instalaciones y las líneas de producción deben limpiarse y desinfectarse periódicamente.

Todo ello requiere agua.

Como referencia del orden de magnitud, en determinados procesos de elaboración de productos frescos cortados se manejan consumos próximos a 10 litros de agua por kilogramo de producto procesado, aunque las cifras pueden variar considerablemente dependiendo del alimento y de la tecnología empleada.

Por tanto, una pequeña bolsa de ensalada puede llevar asociada una cantidad de agua mucho mayor de la que aparentemente imaginamos.

Y el agua utilizada no desaparece. Una parte contiene materia orgánica, restos de producto, detergentes y otros compuestos procedentes del propio proceso industrial. Ese agua debe ser tratada antes de su vertido o, cuando las condiciones lo permiten, sometida a procesos que permitan su reutilización.

La huella hídrica es, por tanto, una dimensión ambiental que merece mayor atención cuando hablamos de alimentos preparados.

Agua, energía y frío

Pero el agua no es el único recurso implicado.

La refrigeración es fundamental para mantener la seguridad y la calidad de muchos de estos productos. Desde la fabricación hasta su llegada al supermercado, la cadena de frío debe mantenerse durante todo el proceso.

Esto requiere un consumo energético, instalaciones frigoríficas, mantenimiento y utilización de refrigerantes.

Además, la industria alimentaria necesita energía para otras muchas operaciones: bombeo de agua, lavado, corte, cocción, pasteurización, envasado, almacenamiento y transporte.

Y cuando el producto llega finalmente al supermercado, la energía sigue siendo necesaria para conservarlo en condiciones adecuadas. Por eso, la huella ambiental de un alimento preparado no termina cuando abandona la fábrica.




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¿Y si lo comparamos con cocinar en casa?

¿Tiene necesariamente menor impacto ambiental una lechuga que compramos fresca y preparamos nosotros mismos que una bolsa de ensalada lista para consumir?

La respuesta no es tan sencilla.

En casa también utilizamos agua para lavar los alimentos, energía para conservarlos y materiales para almacenarlos. Además, existe un consumo energético asociado a la preparación y cocinado de determinados platos.

La diferencia está en que, cuando compramos un producto preparado, muchas de esas operaciones ya han sido realizadas por nosotros antes de que el alimento llegue al supermercado.

Por eso, comparar únicamente el producto final puede resultar engañoso. Hay que considerar todo el ciclo necesario para que llegue hasta nuestra mesa.




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El agua que sale de la fábrica también cuenta

Otro aspecto menos visible es el de las aguas residuales.

Los procesos de transformación de alimentos pueden generar aguas con una elevada carga de materia orgánica. Cuanto mayor sea esa carga, mayor puede ser la complejidad del tratamiento necesario antes del vertido.

En determinados casos pueden ser necesarios tratamientos adicionales para conseguir que el agua pueda ser gestionada adecuadamente. Y todo tratamiento implica también consumo de energía, productos y recursos.

Por eso, hablar de sostenibilidad alimentaria no consiste únicamente en preguntarnos cuánto alimento se produce o cuánto envase utilizamos. También debemos preguntarnos qué ocurre con el agua que entra y con el agua que sale de la industria.




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¿Tenemos que dejar de consumir platos preparados?

Los platos preparados son una alternativa que responde a una necesidad real: disponemos de menos tiempo y buscamos soluciones rápidas para nuestra alimentación.

El objetivo no debería ser demonizarlos, sino comprender mejor su impacto.

Quizá sea necesario avanzar hacia una información ambiental más completa, que permita conocer no solo las calorías, los ingredientes o los alérgenos de un producto, sino también otros indicadores relacionados con su producción. Por ejemplo, conocer la huella hídrica y la huella de carbono de los alimentos preparados podría ayudarnos a entender mejor qué hay detrás de ellos y tomar decisiones en consecuencia.

Borja Garrido Arias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Comer sin cocinar: el impacto ambiental de los platos preparados – https://theconversation.com/comer-sin-cocinar-el-impacto-ambiental-de-los-platos-preparados-292472

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