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Cómo la muerte de Maricarmen se ha convertido en arma política

Cómo la muerte de Maricarmen se ha convertido en arma política

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Aurrekoetxea Casaus, Profesora Doctora en Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Deusto

Mensajes de homenaje y duelo por la muerte de Maricarmen en la Puerta del Sol de Madrid R. S.

¿Quién está utilizando a Maricarmen? La pregunta ha entrado en el debate sobre su caso y amenaza con ocuparlo entero, especialmente tras su muerte, ocurrida el pasado miércoles. Su nombre se repite, su historia se comparte, pero la conversación acaba girando alrededor de los partidos políticos.

Unos acusan; otros denuncian que el contrario se ha aprovechado de su sufrimiento. Mientras tanto, otra pregunta puede quedar sin respuesta: ¿quién podía actuar y qué hizo con el desahucio de MariCarmen?.

Hay distintas formas de convertir su historia en un arma política.

Señalar al contrario

La más evidente consiste en presentar lo sucedido como prueba de la crueldad o la incompetencia del adversario. La historia de Maricarmen acaba sirviendo para demostrar lo malos que son los otros, porque las respuestas que se dan no satisfacen a todos.

En torno a Maricarmen pueden construirse distintas explicaciones, según qué hechos se destaquen y cuáles se dejen fuera. Por eso importa comprobar qué sostiene cada acusación.

Señalar responsabilidades es necesario. Sin esa exigencia, cualquier daño podría despacharse como una desgracia inevitable. Las historias como la de Maricarmen enlazan lo ocurrido con las decisiones de las causas que le llevaron hasta ahí y qué podría haberse hecho de otra manera.

Acusar al partido contrario no basta. Hay que explicar qué podía hacer cada institución, qué hizo y qué dejó de hacer, aunque los hechos incomoden a quien acusa. En el caso de Maricarmen, exigir responsabilidades supone señalar decisiones concretas y explicar qué alternativas había.

Acusar a quien acusa

También se puede utilizar el caso para atacar a quien pide explicaciones. En vez de responder qué se hizo, se intenta demostrar que el contrario tiene malas intenciones.

La elusión de la culpa ayuda a entender cómo se intenta pasar la responsabilidad a otros para evitar el coste político de las propias decisiones. Denunciar que alguien se aprovecha de Maricarmen puede estar justificado. Pero esa denuncia no responde por sí sola a la pregunta sobre qué se hizo por ella.

Pedir respeto por Maricarmen y exigir respuestas son cosas compatibles. El respeto no debería convertirse en una excusa para impedir que se revise la actuación de las instituciones y actores políticos.

Tampoco hablar en su nombre da automáticamente la razón. Quien acusa debe demostrar lo que dice. Pedir hechos a todos no significa que todos tengan la misma responsabilidad.

Conseguir que las redes sociales se incendien

La historia de Maricarmen puede despertar dolor e indignación. Si un mensaje señala además a un culpable, ofrece alguien contra quien dirigir esa rabia. Compartirlo puede servir para apoyar a Maricarmen y atacar al adversario al mismo tiempo.

Hablar del contrario atrae atención en las redes sociales. Los mensajes sobre el grupo político contrario se comparten aproximadamente el doble que los referidos al propio.

Las palabras también cuentan. Cada palabra adicional con contenido moral y emocional supone cerca de un 20 % más de difusión. No es una receta que funcione siempre, pero muestra la fuerza que puede tener una mensaje que mezcla emoción y juicio moral.

Los datos ofrecen una pista. Una acusación puede encontrar público porque reúne emoción y alguien a quien señalar. Una explicación detallada exige detenerse en decisiones, fechas y alternativas. Y las redes sociales buscan reacciones al instante. Compartir la rabia, la indignación o el reproche mientras las preguntas siguen sin respuesta.

Qué cambia después de la indignación

Dar a conocer la historia de Maricarmen también puede ayudar a reclamar protección para otras personas. Su caso puede abrir preguntas sobre qué ayuda existe, a quién llega y quién queda fuera.

Pero si todo se cuenta como un caso aislado, sin explicar su contexto, se pierde de vista las decisiones públicas. La conversación puede quedarse en lo que le ocurrió a Maricarmen sin preguntar por qué otras personas podrían pasar por lo mismo.

Utilizar a Maricarmen para atacar al contrario es fácil. Más difícil es explicar qué se hizo, reconocer qué falló y tomar medidas para que otras personas no pasen por lo mismo. Ahí se distingue el compromiso del oportunismo político: en lo que cambia después de las palabras.

Cuando se deje de hablar de Maricarmen, seguirá habiendo personas que necesiten protección. Lo que se haga por ellas dirá más que todas las acusaciones pronunciadas en su nombre.

The Conversation

Maite Aurrekoetxea Casaus no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo la muerte de Maricarmen se ha convertido en arma política – https://theconversation.com/como-la-muerte-de-maricarmen-se-ha-convertido-en-arma-politica-294014

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