Post

Cómo educar con justicia: los derechos humanos desde el ámbito doméstico

Cómo educar con justicia: los derechos humanos desde el ámbito doméstico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María del Rocío Carranza Alcántar, Profesora e investigadora en Educación, Universidad de Guadalajara

“¡Eso no es justo!”, protesta Diana, de siete años. Su madre se sorprende de la intensidad de su indignación. “Nicolás ya eligió ayer qué serie vimos, hoy me toca a mí”. Desde muy pequeños, niños y niñas tienen un sentimiento innato e intuitivo de la justicia que se va reforzando en el día a día, con las situaciones y decisiones (y las argumentaciones para justificarlas) que tomamos los adultos.

Recibir una porción más pequeña de pastel, quedarse fuera de un juego o recibir un trato diferente en los juegos de grupo: todas estas situaciones despiertan en los más pequeños la noción de que algo no está bien, y la respuesta a una pregunta básica: ¿cómo debemos tratarnos unos a otros y qué significa que todas las personas tengan valor?

Explicar los derechos humanos a niñas y niños no requiere comenzar con artículos constitucionales, tratados internacionales o definiciones jurídicas: los niños comprenden mejor sus derechos cuando éstos se conectan con experiencias cercanas como son las relaciones familiares, los conflictos cotidianos, la convivencia escolar y las situaciones que suponen un reto o donde perciben injusticias.




Leer más:
Cinco claves para que la escuela sea un entorno seguro y protector


De grandes ideas a experiencias comprensibles

Los derechos humanos comienzan mucho antes de abrir un libro de leyes. En casa, alrededor de la mesa del desayuno, o en los conflictos y situaciones cotidianos de la escuela están nuestras primeras oportunidades. La dignidad, la igualdad, la libertad, las garantías o la protección son conceptos muy lejanos, pero comprensibles a través de experiencias cercanas que le dicen a los niños: “Tienes derecho a ser escuchado”, “Tienes derecho a aprender”, “Tienes derecho a jugar” o “Tienes derecho a recibir un trato respetuoso”.

Los derechos de la infancia deben comprenderse dentro del marco general de los derechos humanos. En lugar de plantear su contenido como un tema teórico o exclusivamente escolar, lo importante es que los niños desarrollen una conciencia de esos derechos desde el ámbito familiar y doméstico. Esto es lo que les da la capacidad de reconocer cuándo ellos u otras personas son tratados con dignidad o enfrentan una situación injusta.

Por ejemplo, cuando un niño pregunta por qué un compañero no puede participar en un juego, no sólo está aprendiendo una regla de convivencia, sino que hay una comprensión inicial de las ideas de igualdad e inclusión.

Aprovechar para conversar

Imaginemos una escena cotidiana: una niña dice “No es justo, mi hermano eligió primero el programa de televisión todos los días”. La respuesta adulta suele limitarse a resolver el conflicto: “Hoy le toca a él porque ayer elegiste tú”. Sin embargo, también se puede abrir una conversación más profunda: ¿qué significa que algo sea justo? ¿Cómo podemos tomar estas decisiones? Así aparece uno de los principios centrales de los derechos humanos: la participación.

Vivir experiencias coherentes con los derechos humanos es la vía para interiorizarlos. Un niño difícilmente comprenderá en qué consiste la dignidad si es constantemente ridiculizado; le resultará complicado explicar la participación si nunca puede expresar su opinión; o incluso, le será difícil hablar de igualdad si observa discriminación dentro de sus propios espacios convivencia.

¿Por qué alguien no puede jugar? ¿Por qué una persona recibe burlas? ¿Por qué algunas familias tienen más dificultades que otras? ¿Por qué debemos cuidar a quienes necesitan ayuda? Estas preguntas son exactamente una oportunidad educativa con la que ayudarles a desarrollar herramientas para reconocer situaciones injustas y pensar en su manera de responder.




Leer más:
Los menores aprenden y aportan cuando participan en las decisiones municipales


Derechos míos y de los demás

Incluso antes de plantear los deberes como la contrapartida de los derechos, es necesario que los niños comprendan algo esencial: que su valor como personas no depende de su comportamiento perfecto, de sus calificaciones o de sus capacidades. Después, podrán comprender que vivir en una sociedad también implica responsabilidad hacia otras personas.

Es decir, tener derecho a ser escuchado también implica aprender a escuchar; tener derecho a jugar implica respetar que otros también puedan hacerlo. Los cuentos, las películas, los juegos cooperativos, actividades artísticas y, sobre todo, las conversaciones familiares, son herramientas poderosas para desarrollar empatía y comprensión sobre los derechos de otras personas.

Desde la intrascendente situación doméstica en la que Diana y Nicolás eligen la serie que verán cada noche hasta situaciones políticas y sociales en las que nuestra postura definirá un comportamiento o una decisión política, los derechos humanos son una guía fundamental para relacionarnos con los demás.

Con siete años, Diana empieza a comprender que su propia dignidad importa, pero que la de su hermano también; a través de las conversaciones familiares sobre cómo repartir, escuchar, respetar y cuidar, entiende estos principios mucho antes de que se conviertan en un concepto legal.

The Conversation

María del Rocío Carranza Alcántar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo educar con justicia: los derechos humanos desde el ámbito doméstico – https://theconversation.com/como-educar-con-justicia-los-derechos-humanos-desde-el-ambito-domestico-293294

MIL OSI – Global Reports –