Source: United Nations – in Spanish 4
Headline: Gaza: un año después del alto el fuego, la ONU teme la reanudación de la guerra
15 Octubre 2026 Paz y seguridad
Un año después del alto el fuego, unos 1500 palestinos han muerto en Gaza, la reconstrucción está paralizada y las principales disposiciones del acuerdo de 2025, el desarme de Hamás, la retirada israelí, la fuerza internacional y la nueva administración palestina, siguen sin aplicarse. “El riesgo de un retorno a la guerra nunca ha sido tan alto”, advierte Ramiz Alakbarov ante el Consejo de Seguridad.
Desde la tregua de octubre de 2025, unos 1500 palestinos han muerto en el enclave. Ante el Consejo de Seguridad, este jueves, el máximo responsable de la ONU en la región denunció el estancamiento del proceso de paz, mientras la colonización israelí y la violencia se intensifican en Cisjordania.
Un año después del alto el fuego que debía poner fin a la guerra en Gaza, la paz sigue fuera de alcance. Los bombardeos israelíes continúan, la reconstrucción está paralizada y las negociaciones políticas se estancan. Este jueves, ante el Consejo de Seguridad, Ramiz Alakbarov, que dirige los esfuerzos de la ONU para lograr una paz duradera en Oriente Medio, lanzó una advertencia muy clara.
“El riesgo de un retorno a la guerra nunca ha sido tan alto”, declaró por videoconferencia desde su oficina en Jerusalén.
El diagnóstico es tanto más severo cuanto que la tregua, entrada en vigor el 10 de octubre de 2025 bajo el patrocinio de Estados Unidos, debía abrir el camino a una solución duradera del conflicto. Desde entonces, las operaciones militares israelíes han causado unos 1500 muertos palestinos, entre ellos más de 320 niños y 140 mujeres, según el Ministerio de Salud de Gaza, citado por el responsable de la ONU.
De vuelta de una visita al enclave el domingo, Alakbarov describió una población para la que el cese de las hostilidades sigue siendo en gran medida teórico. “Para los palestinos que viven a lo largo de la línea amarilla, el alto el fuego solo existe de nombre”, declaró, en referencia a la frontera de facto impuesta por Israel dentro del enclave para delimitar sus posiciones militares del resto del territorio.
En el barrio de Shujaiya, al este de Gaza, Alakbarov se reunió con familias que viven bajo la amenaza permanente de los disparos. Las mujeres le afirmaron que no habían conocido cuarenta minutos consecutivos de tranquilidad en un año. Muchas, sin embargo, no tienen ningún otro lugar donde refugiarse.
Una reconstrucción paralizada
A la llegada del invierno, la precariedad de los refugios hace temer una nueva catástrofe. Cerca de 950.000 habitantes viven en zonas expuestas a un riesgo medio o alto de inundación. Más de 4000 edificios ocupados por familias desplazadas amenazan con derrumbarse.
Las restricciones impuestas a la entrada de material, piezas de repuesto y equipos esenciales siguen obstaculizando las operaciones humanitarias. Con el regreso de las lluvias y las fuertes tormentas previstas, los organismos de ayuda temen no poder proteger a las poblaciones más vulnerables.
Esta emergencia humanitaria revela sobre todo el fracaso de la transición política prometida por el acuerdo de 2025. A pesar de la liberación de los últimos rehenes y del cese de las grandes ofensivas militares, las principales disposiciones del plan siguen sin aplicarse: el desarme de Hamás, la retirada de las fuerzas israelíes, el despliegue de una fuerza internacional de estabilización y la instalación de una nueva administración palestina.
Para Alakbarov, la ayuda de emergencia no puede sustituir a una solución política. Reclama en particular una coordinación transparente de la asistencia, bajo dirección palestina, e insiste en la necesidad de reunificar Gaza y Cisjordania bajo un gobierno palestino único y legítimo. “Cada día sin progresos hacia la recuperación agrava los riesgos de seguridad, sanitarios y de saneamiento”, advirtió. A medida que se prolongan las destrucciones, la reconstrucción se vuelve más difícil y más costosa.
Cisjordania, al borde de la explosión
El otro motivo de alarma se encuentra en Cisjordania ocupada, donde la violencia de los colonos israelíes, las operaciones militares del país y la expansión de los asentamientos debilitan aún más la perspectiva de un Estado palestino.
Los ataques contra los habitantes y sus tierras se multiplican, especialmente desde el inicio de la cosecha de aceitunas. Según la ONU, se han registrado más de 1600 ataques de colonos con víctimas o daños materiales de enero a mediados de septiembre, cerca de siete por día.
La colonización avanza en paralelo. El 19 de octubre marca la fecha límite para la presentación de ofertas para la construcción de viviendas en el estratégico sector E1, al este de Jerusalén. Este proyecto, aplazado durante mucho tiempo bajo presión internacional, amenaza con cortar la continuidad territorial entre el norte y el sur de Cisjordania.
A esta fragmentación geográfica se añade una crisis de representación política. El presidente palestino, Mahmoud Abbas, ha anunciado el aplazamiento de las elecciones legislativas previstas para el 28 de noviembre. Ahora deberán celebrarse el 11 de septiembre de 2027, junto con las presidenciales, lo que suscita una nueva ola de frustración.
“Cisjordania también está al borde de la explosión”, advirtió Alakbarov, subrayando que los desplazamientos forzosos y la fragmentación de los territorios comprometen los fundamentos de un futuro Estado soberano.
Tres años después de los ataques del 7 de octubre de 2023, y un año después de la tregua, la ONU teme así que el actual estancamiento se vuelva permanente. Para el diplomático, las declaraciones internacionales a favor de dos Estados ya no bastan y deben traducirse ahora en medidas concretas, antes de que la perspectiva de una solución política se aleje aún más.
