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La neurociencia lo avala: los humanos tenemos dos tipos de risa

La neurociencia lo avala: los humanos tenemos dos tipos de risa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Romero-Castillo, Profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva, Universidad de Málaga

shutterstock PerfectWave/Shutterstock

“La risa es la distancia más corta entre dos personas”.

Esta es una expresión recurrente del cómico, actor, escritor y filósofo tinerfeño Ignatius Farray. Sin embargo, él no es el autor original. Hay quien se la atribuye a Víctor Borge, pianista y comediante danés-estadounidense. Y quien considera que la pronunció George Bernard Shaw, dramaturgo irlandés.

Pero, más allá de su origen, ¿tiene esta frase respaldo neurocientífico? ¿Y filosófico? Depende del tipo de risa. Resulta que la risa –ese “sol que ahuyenta el invierno del rostro humano”, como decía Víctor Hugo– tiene dos caras. Por ello, para desenvolvernos con mayor soltura en la vida moderna y sacar petróleo de las interacciones sociales, debemos aprender a identificarlas.

Una risa es espontánea y contagiosa

La primera risa en aparecer (en este artículo y, probablemente, también evolutivamente) es la espontánea. Su naturaleza es afiliativa y se ha conservado en forma de vocalización primaria para fomentar el vínculo social. Otros animales no humanos, como los grandes simios, producen vocalizaciones similares a esta risa humana para prevenir la agresión durante el juego.

La risa espontánea se identifica porque tiene un tono simple, en gran medida sin articular. Y posee una frecuencia fundamental más alta, una duración total más larga y porciones sordas más frecuentes.

Según muestran las imágenes de resonancia magnética, implica una lengua aplanada, en posición central y baja. Además, se modifica la configuración de la garganta: la laringe desciende y alarga el tracto vocal, mientras el velo del paladar presenta una elevación menor.

Pero su singularidad conductual es aún más reveladora: la risa espontánea no interrumpe el habla. Es curioso, dada su mayor carga emocional, la implicación de la alegría y los cambios producidos en el sistema nervioso autónomo.




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También es juzgada como más auténtica y contagiosa; sus sonidos activan estructuras encefálicas que se han relacionado con la empatía y con las redes de neuronas espejo.

Un buen ejemplo de risa involuntaria, que persiste incluso tras el fin de la comedia, es la que surge con las cosquillas.

La otra risa es voluntaria y estratégica

La risa también puede tener una segunda acepción más estratégica. Estas risas son especialmente sofisticadas, características del ser humano y podemos producirlas a voluntad.

Este tipo de risa surge, incluso, en ausencia de cualquier experiencia emocional agradable. Por su forma de materializarse ocupa un espacio articulatorio intermedio entre la risa espontánea y la producción de vocales. Conductualmente, sí conlleva una interferencia del habla.

Cuantos más componentes sonoros articulados contenga, más voluntaria sonará. Posiblemente porque esos patrones se superponen parcialmente con el habla (de ahí que interfiera en ella). Esta particularidad conlleva que la risa voluntaria, al operar bajo un mayor control vocal, esté más asociada con la identidad personal que la risa espontánea.




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Está muy presente durante las conversaciones. En estos contextos, las personas ríen de maneras altamente coordinadas, sincronizando su dinámica respiratoria y utilizando inhalaciones de aire audibles para marcar el final de la risa. Esta capacidad de imitar una vocalización espontánea, aunque imperfecta, puede ser adaptativa: producir deliberadamente una emoción agradable puede facilitar la formación de vínculos sociales interpersonales y promover la admisión a grupos sociales.

Esto no quiere decir que la risa voluntaria sea necesariamente una “risa fingida”, que pretenda engañar. De hecho, puede responder a diferentes significados. Por ejemplo, se puede utilizar para captar el interés y la atención de la otra persona. Y, a menudo, se utiliza al final de las oraciones, casi como un punto final.

Un trabajo dual en la cabeza

Los hallazgos en neuroimagen convergen en la idea de que ambos tipos de risa están impulsados por rutas neuronales distintas pero que interactúan entre sí. Una vía subyace a las risas espontáneas, producidas ante situaciones que pueden resultar divertidas. La otra se encarga de producir risas a voluntad durante las interacciones sociales para influir positivamente en la otra persona… o para manipularla.

Un marco neuronal de sistema dual para la risa. Las regiones límbicas y motoras forman dos circuitos distintos, que se superponen solo parcialmente, involucrados en la generación de la risa y las expresiones emocionales. La risa espontánea incluye regiones medio-sagitales mayormente implicadas en componentes emocionales (estructuras límbicas). Y la risa voluntaria incluye zonas laterales particularmente responsables del lenguaje (regiones motoras). Las dos vías permanecen esencialmente independientes, interactuando principalmente a través del área premotora suplementaria (pre-SMA).
Fausto Caruana & Sophie K. Scott (julio de 2026), CC BY

No debe entenderse que estas rutas distinguen entre reír y sonreír. La hipótesis de continuidad filogenética postula que la sonrisa se originó como una versión ritualizada y de baja intensidad de la risa. Es decir, ambas representan variantes dependientes de una arquitectura funcional compartida.

Tampoco deben confundirse estas dos rutas con las redes cerebrales implicadas en el humor, ya que este requiere algo más. Demanda capacidades cognitivas más complejas: precisa payasos y fuego mental.




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Entre el puente y el abismo

Entonces, ¿cuál de las dos risas podría ser la distancia más corta entre dos personas?

Seguro que has descubierto que, si es espontánea y contagiosa, favorecerá la vinculación. El bien. Esta risa cimentará el puente cuyo sendero conducirá de forma natural hasta un manantial, un lugar donde podría brotar algo más profundo: la sincronización neuronal.

Sin embargo, si es una risa voluntaria y estratégica que tiene carga burlona o dominante, conseguirá el efecto totalmente opuesto: la distancia. El mal. Y hay que distanciarse rápido. Como defiende Nietzsche, “quien lucha con monstruos debe tener cuidado para no convertirse en un monstruo; si miras mucho tiempo a un abismo, el abismo también te mirará a ti”.

¿Qué es lo contrario de la risa?

Más allá de este cameo filosófico, figuras como Platón, Aristóteles, Epicuro, Cicerón, Séneca, Hobbes, Descartes, Kant, Schopenhauer, Darwin, Freud y Bergson sí han reflexionado sobre la risa y su significado. También la filósofa Hélène Cixous, quien convirtió La risa de la Medusa en una herramienta de subversión femenina (y feminista). Luego, Luce Irigaray y Judith Butler continuaron explorando esa visión filosófica de la risa como emancipadora del miedo y del orden patriarcal.

En España, probablemente el mejor ejemplo de filósofo de la risa sea, precisamente, Ignatius (la casualidad). A base de meditaciones, al estilo de Marco Aurelio, su divina y transgresora “commedia” nos enseña a reírnos de todo. Sobre todo, de la propia esencia, como el bicho que se devora a sí mismo.

Continuando con su estilo, podemos reflexionar sobre si lo contrario de la risa es el llanto. Por un lado, hemos descubierto que la risa, salvo en algunos casos estratégicos, es un espacio de privilegio y libertad concebido para unir. Y, por otro, sabemos que el llanto es una señal social que también busca unir, en este caso a través de la ayuda por compasión. Entonces, lo contrario de la risa debe ser algo que someta y paralice. Como también reclaman Cixous, Irigaray y Butler, lo contrario de la risa no es el llanto. Es el miedo. Alright.

Ignatius Farray en el programa Buenismo Bien (presentado por Manuel Burque, Henar Álvarez y Quique Peinado): “lo contrario de la risa no es el llanto, es el miedo.”

The Conversation

Jorge Romero-Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La neurociencia lo avala: los humanos tenemos dos tipos de risa – https://theconversation.com/la-neurociencia-lo-avala-los-humanos-tenemos-dos-tipos-de-risa-288866

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