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De Berlusconi a Donald Trump: los líderes que eligen mujeres destinadas a caer

De Berlusconi a Donald Trump: los líderes que eligen mujeres destinadas a caer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miren Gutiérrez, Investigadora, Universidad de Deusto

Katie Zacharia, durante su primera y última comparecencia como portavoz de la Casa Blanca, el pasado 13 de octubre. White House

Katie Zacharia subió al atril de la Casa Blanca el pasado 13 de octubre para dar su primera rueda de prensa como portavoz. Duró 14 minutos y solo tres medios hicieron preguntas.

Donald Trump la había presentado como abogada. Cuando le preguntaron dónde había aprobado el examen, respondió que “cuando estaba en China”. Dos días después admitía que no tenía licencia. El viernes día 16 ya estaba fuera, tras solo cinco días en el cargo.

Pronto aparecieron los comentarios sobre su aspecto. La periodista estadounidense Inae Oh escribió que “su cara Mar-a-Lago no la salvaría”. En su texto se recrea en los “largos tirabuzones rubios”, el maquillaje “severo”, los tacones “agresivamente” altos, las “agujas de bótox usadas” y las “pestañas postizas resecas”. Trata el aspecto de las mujeres como la única puerta de entrada al círculo íntimo de Trump y se pregunta qué le ocurre a una mujer cuando recurre a la cirugía estética para encajar políticamente.

Esa crítica, un ejemplo entre muchos, reproduce estereotipos ya manidos. Vuelve a poner la cara y el cuerpo de las mujeres en la noticia. La frase más importante del artículo de Oh es casi un inciso escondido hacia el final. Señala que los hombres de la administración Trump que han protagonizado titulares iguales o peores por corrupción, consumo de alcohol y conducta abominable “han salido prácticamente indemnes”.

La derecha populista parece que expone a sus mujeres para que se las vea, les encarga los puestos más tóxicos y luego exhibe sus fracasos como prueba de lo que para ellos son las mujeres.

Las cifras detrás de las caras

En 2025, Trump presumió de tener “más mujeres en su gabinete que ningún presidente republicano”.

Según el Center for American Women and Politics de la Universidad Rutgers, ocho mujeres fueron nombradas para cargos de rango ministerial en su segundo mandato, y su proporción alcanzó un máximo del 35 %.

Hoy ocupan 4 de los 23 puestos, un 17,4 %: la jefa de gabinete, Susie Wiles; la secretaria de Educación, Linda McMahon; la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, y la administradora de la Agencia de Pequeñas Empresas, Kelly Loeffler.

Las demás se fueron con pocas semanas de diferencia. En la primavera de 2026, cuatro de las ocho mujeres con rango ministerial dimitieron o fueron destituidas en unos tres meses: la fiscal general Pam Bondi, la secretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem, la secretaria de Trabajo Lori Chavez-DeRemer y la directora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard. Las cuatro fueron sustituidas por hombres.

Antes, la nominación de Elise Stefanik como embajadora ante la ONU había sido retirada. Su puesto acabó en manos de Mike Waltz, el asesor de seguridad nacional que había añadido a un periodista al chat de la aplicación de mensajería Signal donde se discutían los planes de guerra.

Karoline Leavitt dejó la portavocía de la Casa Blanca en agosto. Kimberly Guilfoyle fue obligada a dejar la embajada en Grecia hace unos días. Kathryn Dunn Tenpas, de la Brookings Institution, que estudia los nombramientos presidenciales desde el mandato de Ronald Reagan, comentó que “nunca había visto una situación en la que todas las primeras salidas del gabinete fueran del mismo género”.

Esta tabla resume algunos de estos movimientos.

Méritos, competencia y doble rasero

Bondi había sido fiscal general de Florida. Rollins y Loeffler tienen carreras sólidas en el derecho, las políticas públicas y el ámbito empresarial. Wiles dirigió la campaña con la que Trump ganó. Lo llamativo es el patrón: qué puestos se dieron a las mujeres y cómo se gestionaron sus salidas.

Por un lado, se puso a mujeres al frente de los cargos de mayor riesgo político. Noem se convirtió en la cara de las deportaciones masivas en Seguridad Nacional. A Bondi se la envió al Departamento de Justicia con el encargo de satisfacer las exigencias de venganza de Trump contra sus enemigos. A McMahon se le ordenó cerrar el departamento que dirige. Gabbard tuvo que gestionar agencias de inteligencia de las que Trump desconfiaba.

Algunas investigaciones llaman a esto el “precipicio de cristal” (glass cliff): es más probable que las mujeres sean nombradas para puestos de liderazgo con un alto riesgo de fracaso. El mismo patrón se observa en la política, donde las candidatas son enviadas con mayor frecuencia a disputar escaños difíciles de ganar.

Los motivos fueron políticos. Bondi había gestionado mal los archivos de Epstein y había sido demasiado lenta para procesar a los enemigos de Trump. Noem había declarado ante el Congreso que Trump había aprobado una campaña publicitaria en la que ella aparecía de forma destacada. Gabbard se negó a testificar que Irán era una amenaza inminente.

Entretanto, el director del FBI, Kash Patel, sigue en su puesto pese a las acusaciones de consumo excesivo de alcohol y de uso de un avión del FBI para viajes personales, algo que él niega.

El secretario de Comercio, Howard Lutnick, aparece en los archivos de Epstein, mientras que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, antiguo presentador de televisión de fin de semana, compartió planes de ataque en Signal. Ambos siguen en el cargo.

Algunos de los hombres que sustituyeron a estas mujeres no están mejor preparados. El sucesor interino de Gabbard, Bill Pulte, no tenía experiencia en inteligencia. La congresista Jasmine Crockett resumía el patrón: Trump “arroja a las mujeres incompetentes bajo el autobús mucho más rápido que a los hombres incompetentes”.

Italia llegó antes

En Italia hay un claro precedente. En 2008, Silvio Berlusconi, que entonces tenía 71 años, nombró a cuatro mujeres en un gobierno de 21 miembros. Semanas antes se había burlado del Gobierno español por ser “demasiado rosa” y había dicho que era difícil encontrar mujeres cualificadas en la política italiana.

Dos de las cuatro recibieron carteras sin ministerio propio. La prensa italiana escribió sobre lo atractivas y jóvenes que eran: tenían entre 31 y 41 años, en una clase política de hombres mucho mayores, a quienes un periodista del Senado llamaba “cariátides”. Mara Carfagna, exmodelo de topless y concursante de Miss Italia, con quien Berlusconi había dicho que se casaría si estuviera soltero, fue nombrada ministra de Igualdad de Oportunidades. Famiglia Cristiana, la principal revista católica de Italia, la describió a ella y a otra ministra como “soubrettes” (vedettes).

En 2009, Berlusconi eligió a unas dos docenas de mujeres jóvenes procedentes de la televisión, muchas sin experiencia política, como posibles candidatas al Parlamento Europeo. La politóloga Sofia Ventura, que escribía para Farefuturo, una fundación de la propia derecha italiana, le puso nombre a la práctica: “velinismo”, por las veline, las azafatas de los programas de las cadenas de Berlusconi, que se usan como decoración.

En 2010, Nicole Minetti, exhigienista dental y bailarina de televisión, obtuvo un escaño en el consejo regional de Lombardía. Más tarde fue acusada de proporcionar mujeres para las fiestas del primer ministro.

El final también resulta familiar. El relato del Corriere della Sera sobre las “amazonas” de Forza Italia es una historia de marchas, expulsiones y humillaciones. Mariarosaria Rossi, antigua asistente de Berlusconi, llegó a ser senadora. Faltó al 93,7 % de las votaciones del Senado y hoy regenta una pizzería.

Nunzia De Girolamo pasó de ministra a concursante en el concurso Ballando con le stelle (Bailando con las estrellas).

Las que se volvieron independientes lo pagaron. Carfagna sacó adelante una ley contra el acoso y, en 2022, dejó el partido tras 20 años. Mariastella Gelmini, exministra de Educación, se fue con ella.

Una lección, no un accidente

A ninguno de los dos gobiernos le faltaban mujeres capaces. Una de las integrantes del gobierno de Berlusconi de 2008, Giorgia Meloni, que entonces tenía 31 años, es hoy la primera ministra de Italia. No escasean en el partido republicano estadounidense las gobernadoras, fiscales y legisladoras con experiencia.

Las decisiones de Trump y Berlusconi no se les impusieron: fueron decisiones sistemáticas. En ambos casos se eligió a mujeres por su lealtad y por cómo lucían en pantalla. Después, se les dieron los puestos con más probabilidades de fracasar y, por último, se dejaron caer en público.

Por eso la crítica debería tener cuidado con aquello de lo que se burla. Hacer chistes sobre el relleno y las extensiones repite la misma lógica: una vez más, el cuerpo de una mujer se convierte en la medida de si merece estar en la vida pública.

Una crítica feminista debería apuntar a la selección, al doble rasero y al momento en que se decide a quién sacrificar.

The Conversation

Miren Gutiérrez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De Berlusconi a Donald Trump: los líderes que eligen mujeres destinadas a caer – https://theconversation.com/de-berlusconi-a-donald-trump-los-lideres-que-eligen-mujeres-destinadas-a-caer-294734

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