Post

Hambre en Afganistán: cuando hay comida, pero sigue fuera del alcance de millones de personas

Hambre en Afganistán: cuando hay comida, pero sigue fuera del alcance de millones de personas

Source: United Nations – in Spanish 4
Headline: Hambre en Afganistán: cuando hay comida, pero sigue fuera del alcance de millones de personas
20 Octubre 2026 Ayuda humanitaria

En Afganistán, la comida está en los mercados, pero caso 16 millones de personas, un tercio de la población del país, no pueden pagarla. Además, cuatro millones de niños necesitarán tratamiento contra la desnutrición aguda el año que viene, mientras otro tercio de los centros de atención nutricional ha cerrado por falta de fondos.

En Afganistán, 15,9 millones de personas siguen luchando por alimentarse, a pesar de la mejora de las precipitaciones y de la producción agrícola. La pobreza, el coste de los insumos agrícolas y el acceso limitado a los servicios esenciales impiden que muchas familias salgan de la crisis. Más de 19 millones de personas podrían enfrentarse a una inseguridad alimentaria aguda entre noviembre y abril.
Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), los centros de salud están registrando un aumento de los casos de desnutrición aguda grave en los niños.
La comida está, pero sigue fuera del alcance “para millones de personas”. La mejora de las lluvias y las cosechas en Afganistán no ha puesto fin al hambre: el problema ya no es solo encontrar alimentos, sino poder pagarlos. Tras varios años de sequía, una sola buena cosecha no basta para restablecer de forma duradera los medios de subsistencia. Sin recursos financieros, muchos agricultores corren el riesgo de no poder comprar las semillas, los fertilizantes y otros insumos necesarios para la próxima temporada de siembra.
Más de 19 millones de personas amenazadas por el hambre este invierno
“Incluso si las cosechas mejoran y los mercados están abastecidos, las familias pueden seguir pasando hambre”, advierte Olga Cherevko, portavoz de OCHA en Afganistán, desde Kabul.
Durante sus recientes visitas al sur y al noreste del país, observó una crisis que supera con creces los puestos de los mercados. Para alimentarse, hay que poder ganarse la vida, acceder a los servicios esenciales y disponer de recursos para afrontar un nuevo imprevisto. Pero, para muchas familias, ese margen de seguridad ya no existe.
La última instantánea del Marco Integrado de Clasificación de la Seguridad Alimentaria (IPC) refleja un día a día difícil. Entre septiembre y octubre, 15,9 millones de personas, casi uno de cada tres afganos, se enfrentan a una inseguridad alimentaria aguda que alcanza el nivel de “Crisis” o peor. 
Entre ellas, 3,4 millones se encuentran en situación de “Emergencia”. Además, las perspectivas se oscurecen. Durante la temporada de escasez invernal, de noviembre a abril, el número de personas que se enfrentan a una inseguridad alimentaria aguda debería ascender a 19,2 millones, de los cuales cinco millones deberían encontrarse en situación de “Emergencia” alimentaria.
Un tercio de los centros de atención nutricional, cerrados
Son sobre todo los niños quienes pagan el precio de esta precariedad. Más de cuatro millones de niños de entre seis meses y cinco años necesitarán tratamiento contra la desnutrición aguda el año que viene, según las previsiones del IPC. 
Cerca de 1,1 millones de personas deberían sufrir desnutrición aguda grave, pero alrededor de un tercio de los centros de atención nutricional han cerrado o suspendido sus servicios, en parte debido a los recortes presupuestarios. “Una vez que estos servicios se suprimen, las consecuencias pueden ser irreversibles, especialmente para los niños”, argumentó Cherevko.
Esta crisis tiene otra dimensión que marcará a Afganistán mucho más allá de la próxima temporada de escasez: la exclusión sistemática de mujeres y niñas. Las consecuencias ya se dejan sentir. UNICEF advirtió recientemente de que, si las restricciones actuales perduran, Afganistán podría perder hasta 20.000 maestras y 5400 profesionales sanitarias de aquí a 2030, es decir, en apenas cuatro años. La cifra es impactante.
Las carencias son así solo la parte más visible de una crisis más profunda. A medida que se acumulan las necesidades, las perspectivas de reconstrucción se reducen, tanto más cuanto que la exclusión de las mujeres priva al país de una parte esencial de su fuerza vital. El reto es ahora responder a la urgencia sin renunciar al largo plazo.
De la ayuda de emergencia a la autonomía duradera
Según OCHA, hay que actuar antes del invierno, y no después de que las familias hayan agotado todos sus recursos. Eso significa proporcionar ayuda a las familias antes de que hayan agotado sus últimas reservas: alimentos para los más vulnerables, protección del ganado, apoyo a los agricultores antes de que termine la siembra, acceso a la atención sanitaria, la nutrición y el agua potable.
Pero la urgencia no puede sustituir a una política a largo plazo. “Mis visitas de este mes al sur y al noreste me han reafirmado en la idea de que no hay que considerar esta situación como una simple intervención de emergencia. Las poblaciones deben disponer de medios concretos para subvenir a las necesidades de su familia más allá del próximo reparto, de la próxima cosecha o del próximo invierno”, insistió Cherevko.
Para los equipos humanitarios de la ONU, Afganistán necesita por tanto inversiones sostenibles. Se trata de relanzar la agricultura y las economías rurales, apoyar los mercados locales y el empleo, rehabilitar las redes de abastecimiento de agua, reforzar los servicios de salud y nutrición. Y, sobre todo, reabrir a las mujeres las puertas de la vida económica, de la que están metódicamente excluidas.

MIL OSI