Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Rodríguez-Chueca, Profesor Titular de Universidad, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

España es uno de los países europeos más expuestos a la crisis climática. Las sequías son cada vez más frecuentes e intensas, lo que genera incertidumbre sobre la disponibilidad de recurso hídrico a futuro. A pesar de ser un país referencia mundial en su gestión, buena parte del agua se pierde antes de llegar a nuestras casas.
No se debe a la evaporación o al consumo. Simplemente desaparece de los números de las empresas gestoras. Este fenómeno se conoce como agua no registrada y representa uno de los grandes retos para la gestión sostenible del agua urbana.
¿Qué es exactamente el agua no registrada?
El agua no registrada engloba el volumen de aquella que entra en la red de abastecimiento, pero no se traduce en ingresos para el operador debido a fugas, errores de medición, consumos no facturados o usos fraudulentos.
Se puede diferenciar entre pérdidas reales, pérdidas aparentes y consumos autorizados no facturados. Las primeras obedecen a las fugas que se producen en tuberías y depósitos. Las pérdidas aparentes, en cambio, corresponden a las generadas cuando el agua llega a utilizarse, pero no queda registrada correctamente, por ejemplo, debido a errores de medición, contadores obsoletos o conexiones fraudulentas.
Por último, están los consumos autorizados no facturados: usos legítimos del agua que no generan ingresos para el operador, como determinados servicios municipales, el riego de parques o las actuaciones de emergencia.
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¿Cuáles son las causas que hacen que el agua desaparezca?
Una de las principales causas son las pérdidas físicas derivadas del envejecimiento de las infraestructuras. En España, solo se renueva el 0,49 % de la red de distribución de agua potable y el 0,33 % de la red de saneamiento, cifras muy alejadas del 2 % anual recomendado.
Este desfase sitúa el déficit anual del sector en 4 485 millones de euros, dificultando la capacidad de los municipios para cumplir con las nuevas exigencias europeas en materia de aguas. Actualmente, el 31 % de la red de abastecimiento de agua potable supera los 40 años de antigüedad. Una cifra que alcanza el 57 % en la red de saneamiento. Esto favorece la aparición de fugas que pueden mantenerse durante mucho tiempo sin que exista una avería visible en superficie.
En España, el agua no registrada representa de media el 19,4 % del agua suministrada, aunque existen grandes diferencias entre municipios. A pesar de la antigüedad de las infraestructuras, en los últimos años las cifras han mejorado sensiblemente. Los datos más recientes muestran una evolución positiva. Las pérdidas reales de agua en las redes urbanas han descendido hasta el 10,1 % del suministro total, frente al 14,5 % de 2022. .
Este descenso está relacionado, entre otros factores, con los esfuerzos destinados a conocer mejor dónde se pierde el agua. Aproximadamente el 83 % de la red de abastecimiento ya está modelizada matemáticamente y el 100 % está registrada en sistemas geográficos (GIS). Esto permite predecir los puntos críticos de rotura.
Contadores digitales para un mejor registro
En el caso de las pérdidas aparentes, el agua llega al usuario pero no se registra o factura correctamente. Una de las causas más habituales son los contadores defectuosos o envejecidos. Los contadores mecánicos pierden precisión con los años y pueden registrar menos agua de la que realmente se consume, especialmente con caudales pequeños.
Por ello, se está impulsando la sustitución a contadores inteligentes para sustituir a los clásicos a través de tres vías fundamentales: el PERTE de Digitalización, que ha movilizado más de 1 200 millones de euros, los planes de grandes operadoras como el caso del Canal de Isabel II que ha movilizado más de 200 millones de euros y la obligación legal de sustituirlos cuando cumplen 12 años de vida. Como resultado, la presencia de contadores digitales se ha duplicado en pocos años, hasta alcanzar alrededor del 38 % de la población. Sin embargo, la digitalización tampoco elimina por completo los errores, ya que pueden producirse fallos humanos o de software en la toma de lecturas, el procesamiento de la facturación o la estimación de consumos.
Las pérdidas aparentes también incluyen los consumos no autorizados y el fraude, como las conexiones ilegales, la manipulación de contadores o el robo de agua para determinados usos. Esta causa representa alrededor del 8,5 % del agua no registrada en España. En términos de volumen supone entre 35 y 40 hm³, o lo que es lo mismo: el consumo anual de una ciudad de tamaño medio.
Por último, están los consumos autorizados no facturados. Se trata de agua utilizada legalmente para servicios públicos y operaciones necesarias para mantener las redes, pero que no siempre queda registrada. Es el caso, por ejemplo, de la extinción de incendios, la limpieza y el baldeo de calles, el riego de parques y jardines o determinadas operaciones de mantenimiento, como las purgas, desinfecciones y limpiezas de depósitos.
Un problema que va más allá de perder agua
El problema del agua no registrada va más allá del propio hecho de perder agua, también genera impactos ambientales, energéticos y económicos. Desde el punto de vista ambiental, la pérdida de agua supone una captación del recurso procedente de ríos y acuíferos superior a la necesaria para abastecer a una determinada población, lo que implica una mayor presión sobre los ecosistemas.
A nivel energético, si se capta más agua de la que realmente se necesita, se desperdicia energía no solo en la captación, si no también en tratamientos y bombeo por las redes de abastecimiento. Todo ello se traduce en una mayor huella de carbono en el ciclo del agua, pero también un mayor coste económico por una mayor factura energética. Además, en el plano económico, hay menos ingresos para las operadoras por el hecho de estar subestimando el agua consumida o por los fraudes cometidos.
En un contexto de creciente escasez de agua, la búsqueda de nuevos recursos lleva a plantear grandes infraestructuras (embalses, desaladoras, conducciones o instalaciones de reutilización). Todas ellas pueden desempeñar un papel importante en la gestión hídrica. Sin embargo, antes de buscar nuevas fuentes de suministro, deberíamos plantear seriamente mejorar el aprovechamiento del agua que ya circula por nuestras redes.
Reducir las pérdidas de agua puede actuar, en determinadas circunstancias, como una fuente adicional del recurso. Cada metro cúbico que deja de perderse y llega a su destino representa agua que no es necesario captar, tratar y transportar de nuevo. Esta mejora puede contribuir a reducir la presión sobre ríos y acuíferos, al tiempo que permite atender una parte de la demanda sin incrementar necesariamente la disponibilidad de recursos mediante nuevas infraestructuras.
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Soluciones para una mejor gestión de los recursos hídricos
Además, las actuaciones destinadas a mejorar la eficiencia de las redes pueden resultar más económicas que desarrollar nuevas fuentes de suministro, aunque su rentabilidad depende de las características de cada sistema. La densidad urbana, el estado de las conducciones, el volumen de pérdidas, los costes energéticos y la disponibilidad de recursos alternativos determinan qué medidas ofrecen mayores beneficios. Por ello, no se trata de asumir que reparar una red siempre es más barato que construir una nueva infraestructura, sino de evaluar qué combinación de actuaciones permite obtener agua adicional con el menor coste económico y ambiental.
Esta cuestión adquiere una importancia especial en un contexto de sequías más frecuentes o intensas. Una red con menores pérdidas y un sistema de gestión capaz de detectar rápidamente las fugas permiten aprovechar mejor los recursos disponibles y reducir la vulnerabilidad ante periodos de escasez. La eficiencia de las redes no elimina la necesidad de diversificar las fuentes de suministro, pero puede proporcionar un margen de seguridad adicional cuando las aportaciones de agua disminuyen.
En definitiva, la gestión del agua no debería centrarse únicamente en conseguir nuevos recursos, sino también en aprovechar mejor los que ya tenemos. Ante la pregunta de dónde obtener más agua, conviene conocer cuánta se esta dejando de aprovechar y cuánto costaría recuperarla.
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Jorge Rodríguez-Chueca recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación a través de proyectos de investigación financiados en la temática tratamientos de agua.
– ref. Hay agua que “desaparece” de la red, y afecta a la gestión de los recursos hídricos – https://theconversation.com/hay-agua-que-desaparece-de-la-red-y-afecta-a-la-gestion-de-los-recursos-hidricos-293373
