Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Madrid Manrique, Profesora Ayudante Doctora, Diseño y Dibujo, Universidad de La Laguna

El Museo Guggenheim de Bilbao ofrece estos días la posibilidad de experimentar en persona la videoinstalación Ever is over all, realizada en 1997 por la artista Pipilotti Rist, en una exposición comisariada por Mikel Onandia.
Quien haya visto por primera vez la obra de Rist quizás haya quedado confundido, contrariado y probablemente embrujado. ¿Qué dice esta imagen en movimiento ralentizada de una mujer rompiendo ventanillas de coches con una flor enorme mientras sonríe? ¿Cómo me puede hacer sentir sorpresa, relajación, extrañeza, rechazo y complicidad al mismo tiempo?
¿Quién es la autora y por qué se muestra esta obra aquí, ahora?
Una obra relevante más allá del arte
Ever is over all tiene un título tan ambiguo como el impacto que puede experimentar el público al ver y sentir esta obra. En castellano, puede traducirse como “siempre está por encima de todo” o “lo eterno está sobre todas las cosas”. Esa alusión a lo atemporal es parte de la intención artística de una propuesta que combina imagen en movimiento, color y sonido de manera hipnótica.
La obra es una gran instalación de vídeo de doble proyección. Se combinan dos secuencias de vídeo diferentes en sendas pantallas del tamaño de dos paredes con un ángulo de 90 grados entre cada una de ellas. Las dos proyecciones se desarrollan simultáneamente en forma de esquina.
A la izquierda, se ve el vídeo de una joven vestida de azul con zapatos rojos recorriendo una calle de Zúrich a cámara lenta. Sostiene una gran flor tropical y sonríe. A la derecha de este vídeo, se sucede una secuencia donde la cámara explora vegetación exuberante como flores de colores rojos. El impacto en el público es mayor cuando la mujer empieza a destrozar ventanillas de coches con la flor mientras suena una canción repetitiva y lenta (compuesta por Pipilotti Rist y Anders Guggisberg).
La videoinstalación ha sido valorada como una de las obras más relevantes del feminismo de tercera ola por su uso de la ironía, la ambigüedad y la reapropriación de los símbolos tradicionales de feminidad. Usar una flor –asociada a los estereotipados atributos femeninos de delicadeza y belleza– como arma destructiva nos deja un tanto confusos y sorprendidos. Y al mismo tiempo, hay algo placentero en la liberadora expresión de ira de forma vandálica y en el comportamiento por fuera de lo socialmente aceptable.
El vídeo tiene elementos estéticos de la cultura popular que recuerdan al personaje de Dorothy en El mago de Oz, con vestido azul y zapatos rojos. Pero la idea viene de una experiencia personal: la artista tuvo un desacuerdo con un hombre que trabajaba en un periódico, esto le hizo sentir mucha rabia y le dieron ganas de romperle la ventanilla del coche.
Ever is over all obtuvo el Premio 2000 para artistas jóvenes menores de 35 años en la 47 Bienal de Venecia. Rist encontró en esta obra y este premio la proyección internacional que necesitaba como artista contemporánea. Este hito artístico no puede comprenderse sin conocer su trayectoria.
Rebeldía, fuerza, imaginación
Elisabeth Charlotte Rist nació en 1962 en Suiza y estudió Diseño Gráfico, Ilustración y Fotografía en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena. Entre 1986 y 1988 estudió Comunicación Audiovisual con una especialización en vídeo en la Escuela de Basilea. Mientras tanto, también era parte de una banda de música. La música y la influencia de la cultura popular, especialmente los videoclips, fueron grandes inspiraciones en su trabajo.
En 1982 adoptó el seudónimo de Pipilotti Rist combinando su apodo familiar –Lotti– con el del personaje de Pippi Langstrump –o Pippi Calzaslargas–. El nombre aglutina el espíritu de rebeldía, la independencia, la libertad, la fuerza, la imaginación y el juego con el público.

Pipilotti Rist, CC BY-SA
En la obra I’m not the girl who misses much (1986) Pippiloti Rist usaba un verso de una canción de los Beatles como inspiración para el título de un vídeo performativo donde altera la velocidad y la nitidez de la imagen. Este trabajo frustraba las expectativas sobre la representación del cuerpo femenino. En You called me Jacky (1990) usa una canción de Kevin Coin para superponer su performance a modo de playback con una capa de vídeo semitransparente de unas vías ferroviarias y de una ventanilla de tren en movimiento.
En estas dos obras se establece el interés por la autorrepresentación, la performatividad y la música como estrategias creativas. Pickelporno (1992) es uno de los momentos clave de su trayectoria artística. Está formado por planos extremadamente cercanos del cuerpo humano y elementos orgánicos. La obra muestra texturas de la piel, frutas, plantas, ojos y pestañas, pelos y recursos naturales con colores saturados en un ritmo que va in crescendo y apela a una cualidad táctil de la imagen y el sonido. Pickelporno propone una representación de la sexualidad alejada de las convenciones de la pornografía.
Influencias de ida y vuelta
La obra donde Pipilotti Rist estableció un uso del color vibrante e hipersaturado como estrategia creativa quizás fue Blutraum (1993). Fragmentos del cuerpo humano, texturas orgánicas, fluidos de colores intensos crean imágenes y sonidos que apelan a una experiencia multisensorial, no sólo visual.
Para 1997, cuando creó Ever is over all, ya había implantado un lenguaje artístico basado en el uso del sonido musical sincronizado con la imagen, la performatividad, el color saturado, la sensualidad y un espíritu de rebeldía. El impacto de esa videoinstalación excede el ámbito del arte contemporáneo.
En el vídeo de la canción “Hold up”, de 2016, Beyoncé camina por la ciudad con un vestido amarillo. Cuando alguien le da un bate de béisbol, rompe un cristal de un coche y una boca de incendios. Igual que el género inspiraba a Pipilotti Rist, Pipilotti Rist inspira al videoclip contemporáneo y las nuevas generaciones de artistas.
Su obra ha seguido creciendo en dimensiones y en capacidad de inmersión. Las instalaciones más recientes juegan con la luz, las proyecciones en superficies curvas o planas, el volumen del espacio expositivo y el cuerpo del público.
Pipilotti Rist acaricia las paredes y los techos de las salas de instalación y nos toca la córnea para inspirar vitalidad y sensualidad. Nos invita, simultáneamente, a relajarnos y a revitalizarnos. La experiencia de su obra se ha convertido en algo cada vez más físico y sensorial. Los espectadores se tumban para mirar una proyección en el techo en 4th Floor to mildness (2016) y, en Your Palm is my Universe (2025), se dejan bañar en colores vívidos jugando con su cuerpo como parte de la instalación.
Según la artista, su trabajo no se puede reducir a etiquetas exclusivamente feministas. Pippilotti Rist es una artista que usa la proyección y la luz para tocarnos en nuestra capacidad de percibir, sentir, disfrutar, y dejarnos extrañar y maravillar.
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Marta Madrid Manrique no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. La luz de Pipilotti Rist deslumbra en el Guggenheim de Bilbao – https://theconversation.com/la-luz-de-pipilotti-rist-deslumbra-en-el-guggenheim-de-bilbao-294486
