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Elecciones en Serbia: cuando los estudiantes derrotan al poder establecido

Elecciones en Serbia: cuando los estudiantes derrotan al poder establecido

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ruth Ferrero Turrión, Profesora de Ciencia Política e Investigadora Adscrita al Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI), Universidad Complutense de Madrid

Acto de apoyo a la Lista Estudiantil en Belgrado, la capital de Serbia, el pasado 22 de octubre. PrelevicMilos/Shuttesrstock

Las elecciones legislativas celebradas en Serbia el 25 de octubre han producido uno de los acontecimientos políticos más significativos de los últimos tiempos en Europa. Después de casi dos años de movilizaciones, el movimiento estudiantil ha conseguido lo que los partidos tradicionales de la oposición no habían logrado durante más de una década: derrotar electoralmente el sistema de poder construido alrededor de Aleksandar Vučić y del Partido Progresista Serbio (SNS).

Con aproximadamente el 53 % de los votos y una mayoría absoluta proyectada de unos 140 diputados en una Asamblea de 250 escaños, la Lista Estudiantil ha protagonizado una victoria histórica. La elevada participación, cercana al 69 % –solo equiparable a las elecciones de 2000 que apearon del poder a Slobodan Milošević– muestra además que ha conseguido movilizar a sectores sociales que habían perdido la confianza en las instituciones y en los mecanismos convencionales de representación política.

Sin embargo, reducir estos resultados a una victoria generacional sería un error. Lo que ha sucedido en Serbia es mucho más profundo ya que supone el cuestionamiento de un modelo de gobierno basado en la concentración del poder, el clientelismo y el control de las instituciones.

El agotamiento de la estabilocracia serbia

Durante más de una década, Serbia ha sido uno de los ejemplos más representativos de lo que en ciencias políticas se denomina estabilocracia. Se trata de un modelo político en el que gobiernos formalmente democráticos mantienen prácticas autoritarias y debilitan los mecanismos de control institucional, mientras ofrecen estabilidad interna y cooperación internacional a sus socios exteriores.

Vučić perfeccionó este modelo. Bajo su liderazgo, Serbia mantuvo elecciones periódicas y un discurso favorable a la integración europea, al tiempo que se deterioraban la independencia judicial, el pluralismo mediático y las condiciones de competencia electoral. Su habilidad consistió en presentarse simultáneamente como garante de la estabilidad regional, interlocutor indispensable de Bruselas y dirigente capaz de mantener relaciones privilegiadas con Rusia y China.

La Unión Europea aceptó durante demasiado tiempo esta contradicción. La prioridad concedida a la estabilidad de los Balcanes Occidentales, especialmente en relación con Kosovo, contribuyó a relegar a un segundo plano las exigencias de democratización y Estado de derecho. El resultado fue una paradoja: el proceso de integración europea, que teóricamente debía favorecer la consolidación democrática, terminó conviviendo con un sistema político cada vez más autoritario.

La derrota electoral de Vučić cuestiona, por tanto, no solamente un liderazgo, sino también los supuestos sobre los que se había construido buena parte de la política europea hacia Serbia.

De una tragedia local a un movimiento nacional

El origen de este cambio político se encuentra en el derrumbe de la marquesina de la estación ferroviaria de Novi Sad, el 1 de noviembre de 2024, que provocó la muerte de 16 personas. Lo que inicialmente fue una protesta contra la negligencia administrativa y la falta de responsabilidades políticas se convirtió progresivamente en una impugnación del conjunto del sistema.

Los estudiantes establecieron una relación directa entre la tragedia, la corrupción institucional y la ausencia de mecanismos efectivos de rendición de cuentas. El problema no era únicamente determinar quién había autorizado unas obras o supervisado su ejecución, sino comprender cómo un entramado de intereses políticos y económicos había permitido que las instituciones dejaran de cumplir sus funciones.

La respuesta del movimiento fue la de construir: frente a las estructuras jerárquicas tradicionales, los estudiantes desarrollaron formas de organización horizontales, asamblearias (plenums) y descentralizadas, capaces de sostener movilizaciones durante meses y extenderlas desde las universidades hacia amplios sectores de la sociedad.

De este modo, se tejieron alianzas intergeneracionales e intersectoriales donde participan profesores, trabajadores, profesionales liberales y ciudadanos. La demanda inicial de justicia se transformó así en una reivindicación de regeneración democrática y el movimiento dejó de representar exclusivamente a los estudiantes para convertirse en un espacio de articulación del descontento social.

Quizás su principal éxito, además de la victoria electoral, haya sido conseguir que la indignación no se agotara en la protesta, sino que se tradujera en una estructura de movilización capaz de disputar el poder político.

La retirada de los partidos tradicionales

Una de las principales enseñanzas del caso serbio reside en el papel desempeñado por los partidos de oposición. Durante años, las diferentes fuerzas opositoras habían intentado derrotar a Vučić mediante coaliciones electorales, acuerdos programáticos y candidaturas conjuntas. Sin embargo, ninguna de estas fórmulas había conseguido alterar de manera significativa el equilibrio político.

Solo ha sido gracias a la aparición de un nuevo sujeto político, la Lista de Estudiantes, cuando se han conseguido modificar las reglas del juego. Su legitimidad no procedía de la experiencia institucional ni de una identidad ideológica definida, sino de su capacidad para representar una demanda social ampliamente compartida que es la de la regeneración democrática y la recuperación de unas instituciones capturadas por intereses partidistas.

Ante esta nueva realidad, distintas organizaciones opositoras optaron por dar un paso atrás y respaldar una candidatura que no controlaban. Esta decisión constituye una de las claves de la victoria. En lugar de intentar absorber electoralmente el movimiento, los partidos aceptaron que el liderazgo de la contestación democrática se encontraba fuera de sus propias estructuras. En esta ocasión no se trataba de construir una coalición convencional, sino de permitir que una plataforma ciudadana transversal se convirtiera en el instrumento de una mayoría social.

La experiencia serbia sugiere que, en determinados contextos de deterioro democrático, la recuperación de la representación política puede exigir precisamente que los partidos tradicionales renuncien temporalmente a protagonizarla.

Regeneración democrática no significa necesariamente progresismo

Pero más allá de la ilusión que, sin duda, despierta la salida de Vučić, conviene, sin embargo, evitar una interpretación excesivamente optimista o ideológicamente simplificadora de estos resultados. La Lista de Estudiantes reúne sensibilidades políticas diversas, desde posiciones progresistas hasta sectores conservadores y nacionalistas donde no existe, por el momento, un proyecto compartido de transformación económica y social, sino la voluntad de acabar con un sistema de poder considerado corrupto y autoritario. Si bien esta transversalidad ha sido una de sus principales fortalezas electorales, puede convertirse también en una fuente de tensiones cuando llegue el momento de gobernar.

La lucha contra la corrupción, la recuperación de la independencia judicial y la democratización institucional constituyen objetivos comunes, pero será mucho más complejo alcanzar acuerdos sobre políticas económicas, redistribución, derechos sociales o cuestiones identitarias. La experiencia de otros movimientos surgidos contra sistemas autoritarios demuestra que la unidad construida frente a un adversario común no garantiza la existencia de un proyecto político coherente una vez alcanzado el poder. En este punto, la prueba de fuego será no sólo su capacidad para sustituir al SNS, sino para desmontar las redes clientelares y reconstruir las instituciones sin reproducir las prácticas que pretende combatir.

Una victoria democrática con consecuencias geopolíticas inciertas

Finalmente, es indispensable abordar la dimensión internacional y geopolítica de estas elecciones. Sería precipitado interpretar la derrota de Vučić como una victoria automática del europeísmo frente a Rusia, ya que la sociedad serbia mantiene posiciones complejas y frecuentemente contradictorias respecto a la Unión Europea, Moscú y la cuestión de Kosovo.

El movimiento estudiantil tampoco constituye un bloque homogéneo en política exterior. Su agenda se ha concentrado fundamentalmente en la regeneración interna, dejando abiertas algunas de las cuestiones geopolíticas más sensibles.

De este modo, para Bruselas, el cambio político representa tanto una oportunidad como un desafío. Aunque una Serbia más democrática podría contribuir a recuperar la credibilidad del proceso de ampliación y reforzar la influencia europea en los Balcanes Occidentales, el país tendría que abandonar la lógica de la estabilocracia y situar la calidad democrática en el centro de las relaciones con los países candidatos. En este sentido, la Unión Europea tendrá que demostrar que su compromiso con la democracia no depende exclusivamente de la disposición de los gobiernos a garantizar estabilidad o aceptar determinados acuerdos geopolíticos.

La victoria estudiantil también contiene una enseñanza que trasciende las fronteras serbias. En un contexto europeo marcado por el crecimiento de las fuerzas iliberales, la desafección política y la crisis de representación, Serbia demuestra que la movilización ciudadana puede superar los límites de la protesta y construir mayorías electorales, aunque también recuerda que derrotar electoralmente a un dirigente autoritario no equivale necesariamente a desmantelar el sistema que lo sostuvo.

Los estudiantes serbios han conseguido abrir una puerta que parecía cerrada. Ahora comienza la parte más difícil: convertir una victoria contra el poder en una transformación democrática del poder.

The Conversation

Ruth Ferrero Turrión no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Elecciones en Serbia: cuando los estudiantes derrotan al poder establecido – https://theconversation.com/elecciones-en-serbia-cuando-los-estudiantes-derrotan-al-poder-establecido-295208

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